
DevilZone es una romcom juvenil que entra pisando fuerte: divertida, caótica en el mejor sentido y con un ritmo que no da tregua. La novela de Noelia Frutos es de esas libros que se leen con una sonrisa permanente y más de una carcajada inesperada. Desde las primeras páginas queda claro que la autora no viene a tomarse demasiado en serio…, y ahí está gran parte de su encanto.
La historia publicada por Mil Amores gira en torno a Tamara, capitana de animadoras, segura de sí misma, carismática y con una energía arrolladora; y Levy, mestizo (medio humano, medio demonio), hijo nada menos que de Lucifer y capitán del club de debate. Dos mundos aparentemente opuestos que, lejos de chocar, encajan a la perfección gracias a una amistad sólida, natural y llena de química. Su relación es uno de los grandes aciertos de la novela: se nota que se conocen, se provocan, se apoyan y se entienden sin necesidad de decirlo todo en voz alta.
Ese equilibrio empieza a tambalearse con la llegada de Lilian. La misma chica que, desde su nacimiento, ha sido señalada como la futura pareja “oficial” de Levy. Y aquí es donde DevilZone despliega todo su potencial cómico y emocional. La autora juega con el tópico del “destino impuesto” para retorcerlo, exagerarlo y convertirlo en una fuente constante de situaciones absurdas, malentendidos y diálogos afiladísimos. El triángulo no se siente pesado ni dramático, sino hilarante y, a ratos, deliciosamente incómodo.
El humor es, sin duda, el gran motor de la novela. Hay escenas que rozan lo surrealista, réplicas rápidas, pensamientos internos que parecen gritados y una ironía constante que hace que incluso los conflictos se vivan con ligereza. Pero ojo: bajo esa capa de comedia, DevilZone también habla de identidad, de expectativas ajenas, de lo que significa elegir por uno mismo y de cómo el cariño puede transformarse sin que nadie se dé cuenta.
Tamara brilla especialmente como protagonista: no es el típico cliché de animadora superficial, sino un personaje con voz propia, presencia y mucha inteligencia emocional. Levy, por su parte, es un contraste perfecto: brillante, sarcástico, algo caótico y atrapado entre lo que se espera de él y lo que realmente desea. Juntos funcionan de maravilla, y su dinámica es uno de esos placeres que hacen avanzar la lectura sin esfuerzo.
En definitiva, DevilZone es una romcom fresca, divertida y muy consciente de lo que quiere ser. Ideal para desconectar, reírse sin culpa y disfrutar de una historia que no pretende cambiar el mundo, pero sí alegrarte el día. Risas aseguradas, personajes carismáticos y una energía gamberra que se agradece. Un libro que se devora…, y que deja con ganas de más.

























