Página interior de Puta Guerra, de Tardi y Verney

Hay obras que transcienden su formato, sea cual sea, y se convierten en referentes de la cultura, en imprescindibles para entender algo en concreto, y tienen ese espíritu que las hace grandes. Es el caso de “¡Puta guerra! 1914-1919 (Edición coleccionista)”, de Jacques Tardi, volumen publicado por Norma Editorial, que se acompaña de un DVD y un fantástico dossier a cargo del historiador Jean-Pierre Verney, que también se hace cargo del guión del cómic junto a Tardi.

Tardi (1946, Valence, Francia) estudió Bellas Artes en Lyon y París, y en 1970 comenzó su carrera como dibujante de cómics en historias cortas para la revista Pilote. Desde entonces, ha publicado varias obras, algunas dentro del género negro, con las peripecias de Nestor Burma y las aventuras de Adèle Blanc-Sec, pero si hay una constante en la carrera de Tardi, es la I Guerra Mundial (1914-1918).

Hay obras, como es el caso de “¡Puta guerra! 1914-1919 (Edición coleccionista)”, que deberían ser de lectura obligada en las escuelas

Toda guerra, dicen algunos de sus combatientes, se define por dos cosas fundamentales: brutalidad e irracionalidad. A lo largo de seis capítulos de cómic, un dossier y un glosario del vocabulario de las trincheras, Tardi y Verney nos sumergen en la enorme picadora de carne que significó la primera gran guerra que se libró a escala planetaria, siempre desde el punto de vista del combatiente de a pie, cuyos pensamientos y sufrimientos estaban tan lejanos de la grandilocuencia de sus mandos superiores como la Tierra lo está del Sol.

Esta es una obra descriptiva y didáctica, pero no sólo sobre los acontecimientos que se desarrollaron durante los años de la I Guerra Mundial a nivel internacional, en las altas esferas políticas y militares, sino también sobre las historias personales de quienes lucharon en ella, sus verdaderos protagonistas. A través de 144 páginas en color, entre cómic y dossier ilustrado, nos sumergimos de lleno en el horror de las bayonetas y la artillería, pero también dentro de las cabezas de los combatientes, de su desesperación, de su humor negro, de su pequeñez. A través de estas marionetas del absurdo nos damos cuenta de la futilidad de la guerra, de su absurdo, del teatro que se interpreta entre bambalinas, cuyos protagonistas son individuos con ínfulas, ciegos de poder y avaricia, que sacrifican a sus compatriotas con gusto y sin remordimientos. Porque no nos engañemos, de esto trata “¡Puta guerra! 1914-1919 (Edición coleccionista)”.

Portada de ¡PUTA GUERRA! 1914-1919 (Edición de Coleccionista + DVD), de Tardi y Verney“Sólo las madres eran conscientes [al despedir a sus hijos en los vagones del tren] de estrechar en sus brazos a los futuros huérfanos de guerra, y los vagones de ganado (8 caballos, 40 hombres) eran para ellas ataúdes sobre ruedas, enganchados los unos a los otros, camino de los cementerios militares”.

Cada capítulo viene precedido de declaraciones de los mandos militares o de los líderes políticos de algunas de las naciones implicadas en el conflicto, manifestaciones altivas, destinadas a inflamar el orgullo patrio o el odio por el enemigo. Palabras orgullosas y soberbias, crueles en su mentira, rebatidas a continuación por cada capítulo del cómic. El contraste resulta demoledor… Tardi y Verney no se limitan en lo argumental, dan de lleno en nuestra mente como si de una dragée (“peladilla” –referida a bala-) de los boches se tratase. “¡Puta guerra! 1914-1919 (Edición coleccionista)” es un monumento al antibelicismo, una pieza indispensable para cualquier aficionado a la historia reciente, para cualquiera empeñado en entender cómo los gobiernos nos engañan para obligarnos a luchar por sus sueños expansionistas.

El archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio Austro-Húngaro, acaba de ser asesinado en Sarajevo, junto a su mujer. Pocos pensaron que estábamos ante la espoleta que terminaría desencadenando una guerra total, sin embargo, el estamento militar de cada país europeo que tenía algo que decir en el concierto internacional llevaba años preparándose para algo así, algo parecido a una prevención suicida.

En ese entonces, Europa lideraba al mundo, su poder y prosperidad no tenía equivalentes en el planeta, de la misma forma que el antagonismo histórico entre las naciones que la formaban seguía fresco al pasar de los siglos. En Francia, la izquierda acababa de ganar las elecciones legislativas, y esa nueva cámara de representantes aprueba un préstamo de 800 millones de francos para armamento. Gran Bretaña es dueña de los mares, con su flamante tropa. Rusia seguía bajo el reinado de Nicolás II. Enfrente de estos tres aliados, que forman la Triple Entente, tenemos a la Triple Alianza, formada por Alemania, Austria-Hungría e Italia. La máquina de guerra alemana es cada vez más potente, eficaz y moderna, algo que irrita a la Triple Entente, que desconfía de sus intenciones. Se desata una tremenda escalada de acopio de armamento, en previsión de cualquier conflicto, que amaga continuamente con producirse, merced a los frecuentes roces que la diplomacia consigue poco a poco diluir.

Los países balcánicos, que ya han tenido suficiente guerra en sus territorios, ven como el ocupante turco se retira, Bulgaria pierde territorios a favor de Grecia. Esta paz, en la que intervienen las diplomacias de los grandes países europeos, resulta ser un bálsamo para sus frecuentes roces e intercambios de palabras duras. Nadie presagia entonces lo que ha de venir, salvo aquellos que conspiran para que se produzca.

Pese al asesinato de Francisco Fernando, nada parece prever que las relaciones entre el Imperio Austro-Húngaro -con el Káiser jurando fidelidad al anciano emperador Francisco José- y Serbia hayan empeorado, pero cuando todo parecía en calma, Austria hace llegar un ultimátum a Serbia. El zar Nicolás II se alinea al lado de este último país, e inmediatamente, el 28 de julio de 1914, Austria declara la guerra a Serbia.

Jean Pierre Verney (izquierda) y Jacques Tardi (centro)
Jean Pierre Verney (izquierda) y Jacques Tardi (centro).

Diez millones de hombres serán llamados a filas, en una guerra que enfrentará a todos contra todos, a la Triple Entente contra la Triple Alianza. Con el pretexto de un magnicidio, se inició la primera gran carnicería de la historia humana: si se exceptúan las víctimas de la gripe española entre 1918 y 1919 (que se llamó así porque la prensa española se hizo eco de ella, y nuestro país era uno de los pocos en los que no había censura sobre este hecho, al no estar involucrado en la guerra), que mató a unas 30 personas en Europa y unas 80 en todo el mundo, la I Guerra Mundial arroja cifras espeluznantes. 10 millones de muertos, 19 millones de heridos, 10 millones de mutilados, 9 millones de huérfanos, 5 millones de viudas y 10 millones de refugiados.

Pensad en estas cifras, en cada ser humano que las forman, en sus padecimientos, en sus motivos, en su rabia contra quienes les enviaron a luchar a las trincheras, a soportar los obuses de sus enemigos, el dolor de la metralla o la voraz hambre que los consumía.

Tardi y Verney no esconden nada. El abuelo del primero fue herido y gaseado en la I Guerra Mundial, y su padre luchó en la segunda. A través de sus testimonios y de una exhaustiva documentación posterior, Tardi nos ofrece este monumento a la estupidez humana, en un intento por hacer entrar en razón a nuestras conciencias. Y lo hace de forma dura, clara, rotunda, con un humor en ocasiones tan negro que apenas puede calificarse como tal, pero siempre con la misma intención: conmover.

Una obra maestra del noveno arte

Hay obras, como es el caso de “¡Puta guerra! 1914-1919 (Edición coleccionista)”, que deberían ser de lectura obligada en las escuelas. Los manuales de historia son equívocos, cuando no malintencionados, los acopios y memorizaciones de fechas inútiles, las lecciones asépticas y poco prácticas. La historia se aprende a través de emociones, y la única forma de no volver a cometer errores consiste en advertir con claridad. ¿Quién sabe a qué más nos arrastrarán alegando pretextos morales y económicos?

La obra básica en cómic viene acompañada, como decíamos, de un dossier histórico cuya mayor virtud, aparte de su rigurosidad, estriba en su tono y en su fondo. Trasluce emociones más que datos, resulta un complemento perfecto para el cómic, y convierte a esta obra en algo imprescindible para entender conflictos anteriores y posteriores. El tomo viene acompañado de un DVD documental de 52 minutos de duración, en el que Tardi y Verney nos cuentan el proceso que les llevó a la escritura de esta obra publicada por Norma Cómics en buena hora, y en el que podemos admirar su exhaustiva documentación, tanto sobre los hechos acontecidos en la I Guerra Mundial como sobre los diferentes arsenales y argot propio de cada ejército.

En fin, poco más hace falta añadir, una obra maestra del noveno arte, ya tardáis en haceros con ella.

“¡Lo que hubiera dado yo por verlos allí, en el corazón del brasero, a todos ellos: Joffre, el Presidente, el Káiser, los Ministros, los curas, los generales, y hasta a mi madre por haberme traído al mundo!”

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Cofundador de Fantasymundo, director de las secciones de Libros, Ciencia y Cine/TV. Lector incansable de ficción y ensayo, escribo con afán divulgador sobre temáticas relacionadas con el entretenimiento y la cultura cercanas a mis intereses.

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