Stanislaw Lem

En ‘Provocación. Biblioteca del Siglo XXI’ (Impedimenta, 2020) Stanislaw Lem (Ucrania, 1921 – Polonia, 2006) nos presenta cuatro textos independientes entre sí, pero unidos por el uso de un mismo recurso narrativo: la reseña o la referencia, como motor de las historias, a libros ficticios de autores o sobre hechos inexistentes. Con la virtud añadida, en este caso, de una fuerte conexión entre lo real y lo ficticio gracias al evidente y fantástico sentido visionario de Lem quien, ya en 1984 -cuando se publicó originalmente ‘Provocación’-, fue capaz de prever con asombrosa precisión muchas de las realidades hoy en día existentes.

Esa capacidad de visión le permitió avanzarnos también muchos de los debates que hoy llenan libros y periódicos, además de horas y horas de televisión y radio. Él fue capaz de desgranarlos antes que muchos (a partir, en su caso, de la proliferación de la tecnología militar nuclear), la importancia que la tecnología tendría en nuestra civilización, y cómo esa tecnología acabaría afectando a nuestro sentido de la vida y la muerte. Además, claro, de la forma en la que el nuevo conocimiento científico iba a reconfigurar por completo nuestra perspectiva alrededor del sentido de la vida y su objetivo último (telos), trastocando por completo nuestra forma de estar en el mundo (cosmos) a partir de la incorporación del azar -hoy, concepto central en la explicación de la formación de nuestro universo y de la aparición de la vida.

Y, por supuesto, también en ‘Provocación’, e íntimamente conectada con todos estos temas, Lem desarrolló una de las reflexiones morales más agudas y afiladas respecto a la destrucción, a la violencia sobre las masas y al holocausto del nazismo, de cuantas jamás se hayan escrito. Y lo hizo desde una perspectiva entonces poco tratada, quizás solo a su nivel por Elias Canetti en “Masa y poder”, como es la de la empatía, central en el segundo relato (“One Human Minute”) donde la idea central es que nos resulta mucho más sencillo conectar emocionalmente con lo próximo y lo particular, y muy difícil -por no decir imposible- hacerlo con lo lejano y/o lo general; como podría ser el relato estadístico de lo sucedido a toda la humanidad durante un mismo minuto.

Tangencialmente, esta obra conecta con los demás libros constituyentes de la Biblioteca Siglo XXI. En concreto, la conexión más clara la establece Lem con ‘Golem XIV’ (original de 1981; Impedimenta, 2012) cuando, en su reflexión sobre el origen y el sentido de la vida, considera a la inteligencia y nos recuerda que, coincidiendo con Einstein, las características últimas de lo orgánico y lo vivo quizás sea un conocimiento muy difícil de obtener para una mente que no sea como la de aquel Golem protagonista de otra de las extraordinarias obras de Stanislaw Lem -y que también hemos reseñado en Fantasymundo, por si te interesa-.

Portada de Provocación, de Stanislaw LemOtro aspecto común a los cuatro relatos independientes aquí contenidos es su contundente tono pesimista. Lem no tiene una concepción buena de la humanidad. Al observar tan de cerca tanto nuestros límites morales y éticos, como los distintos abismos a los que estos límites nos aproximan como civilización (la deshumanización o la cosificación de la vida, la barbarie o la violencia gratuita hacia el otro, el acercamiento al dolor desde un sadismo capaz de legitimarlo y degustarlo “en el otro”, etc.), Lem acaba dibujando en sus textos una posición narrativa poco alentadora sobre nuestra naturaleza y su porvenir.

Quizás, por esto, la muerte y la destrucción son tan importantes en estos cuatro textos. De hecho, Lem quiebra por completo el tradicional ciclo creación-destrucción a partir de la introducción tanto del azar como de la naturaleza humana. Si el azar ha sido imprescindible para la aparición de nuestro universo, así como de las condiciones que han hecho posible la formación de nuestro sistema solar y la aparición de la vida (tema central del tercer texto); pero también ha estado presente en los grandes cataclismos cósmicos y las grandes extinciones de la vida en la Tierra; no podemos considerar la creación-destrucción como un “ciclo” sucesivo sino como un mismo proceso, dinámico y permanentemente presente.

De esta forma, la vida y la muerte tampoco son una oposición dialéctica y sucesiva sino el reverso de una misma realidad dinámica y permanentemente presente. Lo que hace de la muerte una realidad omnipresente, constitutiva y esencial de la vida y de nuestra cotidianidad; relativizando así, en gran manera, el vitalismo o el optimismo característico del mayoritario discurso existencialista.

Al fusionar Lem destrucción y creación, vida y muerte, orden y caos, se desacraliza el sentido de la vida (telos). Lo que desde la filosofía aristotélica se viene persiguiendo como la necesidad de un sentido, de un fin último, el azar de Lem lo simplifica y lo iguala a otros fenómenos “naturales” presentes en Lo Real. La humanidad de Lem rechaza su carácter aristotélico de “necesaria” para limitarse a ser “existente”, contingente en el espacio y en el tiempo. En última instancia, al hacer así, Lem representa a la vida en toda su fragilidad pues, “presente” hoy, puede no serlo mañana o pasado mañana o dentro de 1015 años, cuando las leyes físicas del universo comiencen a hacer de toda vida orgánica -como es la nuestra- una realidad inviable.

‘Provocación’ (Impedimenta, 2020) pone en nuestras manos toda la responsabilidad sobre el porvenir de la humanidad. Al estar nuestra existencia completamente desacralizada, y ser nosotros plenamente responsables de nuestro limitado -y cada vez más escaso- tiempo en este universo: la violencia y la guerra, la carrera armamentística y la crueldad aplicada al fin de la vida de los demás, la sumisión a la tecnología y el uso de la técnica para el control de “los otros”, es también algo plenamente achacable a nuestra civilización; y un síntoma, para Lem, de que el destino de la humanidad es “un eterno salir de la sartén para caer en las brasas.” (pág. 181). Nadie, hasta entonces, había hecho un análisis tan certero y profundo de este punto de vista como Stanislaw Lem en este maravilloso libro de imprescindible lectura.

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