Ahora que hemos podido saber que Ubisoft ha cancelado el remake de The Sands of Time, hemos querido hacer un repaso por la trilogía que revitalizó esta añeja saga de videojuegos que tiene a sus espaldas casi una veintena de títulos para diferentes plataformas.
Las Arenas del Tiempo funciona como una trilogía aparte dentro del lore de la saga que se iniciara en el añejo 1989 de la mano del mítico Jordan Mechner. Se trataba de un juego de plataformas de scroll lateral que innovó en su momento por usar la rotoscopia para las animaciones del príncipe.
A principios de los 2000 (bendita era videojueguil) los estudios buscaban juegos que fueran revolucionarios. PS2 estaba en pleno apogeo y todos buscaban nuevas IPs con las que encandilar a un mercado que comenzaba a estar saturado. Ubisoft lo consiguió revitalizando esta vieja franquicia con un juego que aportaba nuevas mecánicas y una dificultad endiablada para un plataformas en tres dimensiones. A partir de aquí, la saga se encumbró al Olimpo de los juegos de acción y aventuras.

Prince of Persia: The Sands of Time
Corría el año 2003 cuando Ubisoft Montreal sacó al mercado un juego que lo rompería en aquellas navidades. La nueva aventura de esta olvidada saga nos ofrecía una historia muy interesante. Un príncipe sin nombre desata una maldición sobre su reino tras descubrir un artefacto tremendamente poderoso: la daga del tiempo. A partir de aquí, todos sus súbditos se transforman en monstruos de arena, que deberá derrotar para conseguir salvar el reino. La historia, sin embargo, se complica y se encontrará con Farah, una princesa junto a la que descubrirá la verdad sobre el destino de su mundo.
“Casi todos creen que el tiempo es como un río que fluye seguro y veloz en una sola dirección. Pero yo le he visto la cara al tiempo, y os puedo asegurar, que están equivocados. El tiempo es un océano en la tormenta. Os preguntaréis quién soy y por qué afirmo esto. Sentaos, y os narraré una historia como nunca antes habréis escuchado”
Así comenzaba esta maravillosa historia que, además es autoconclusiva, como en las mejores sagas de fantasía.

Pero esta trama llena de sorpresas, paradojas y traiciones venía envuelta en un acabado gráfico estupendo, con unos entornos orientales muy bien diseñados, personajes llenos de carisma y enemigos variados. El juego era un plataformas lleno de novedades para la época y el combate estaba muy bien pensado. Todo ello dentro de un sistema de juego muy equilibrado entre los momentos de plataformeo y batalla, con unos enemigos finales muy bien cuidados en cuanto a mecánicas.
Pero la auténtica revolución se implementó en la mecánica del uso de la daga del tiempo. El artefacto permitía a nuestro príncipe “rebobinar” la acción, para evitar un golpe de un enemigo, un salto mal dado, o una trampa traicionera. Esto te permitía retroceder unos segundos para esquivar el daño y seguir jugando con normalidad, pero usar este elemento gastaba “arena” que solo podía conseguirse en algunos elementos del mapa o derrotando enemigos. Una auténtica delicia jugable que te bebías hasta ver el final del juego. Y qué final, un desenlace cíclico en el que todo cuadraba a la perfección.
Prince of Persia: Tha Sands of Time fue un éxito rotundo de crítica y público. Y Ubisoft tenía ahora una papeleta difícil: continuar la saga sin perder la esencia.

Prince of Persia: The Warrior Within
La segunda entrega de la saga llegó un año después. El Alma del Guerrero dejó a muchos con el gesto torcido cuando se vieron sus primeras imágenes. Nuestro querido príncipe aparecía ahora con una imagen más adulta y oscura y el juego parecía haber dado un giro hacia la acción. Sin embargo, nuestros temores se disiparon cuando pudimos probar el juego.
No solo la esencia del primer juego seguía ahí intacta, sino que además, la evolución que proponía Ubisoft para la historia era un golpe en el estómago a todas las compañías continuistas. The Warrior Within suponía una vuelta de tuerca a la historia de nuestro príncipe, pero también a la jugabilidad.

La trama nos cuenta cómo nuestro príncipe, tras jugar con el poder del tiempo y liberar las arenas en la primera entrega, es perseguido por el Dahaka, el guardián del tiempo, de manera implacable. Harto de huir, nuestro héroe viaja a la Isla del Tiempo para impedir que él mismo libere las arenas y, con ellas, su oscuro destino. A partir de aquí, la historia vuelve a derivar en una lucha contrarreloj de nuestro príncipe por evitar todo lo que le atormenta. Nuestro príncipe se vuelve un personaje mucho más gris o oscuro y la antagonista, la Emperatriz del Tiempo, dota del misterio necesario a la trama para querer seguir avanzando.
Si la trama evoluciona, el sistema de juego hace lo propio con un enfoque más hacia la acción, nuevas habilidades de lucha, la posibilidad de usar el entorno y el uso de dos armas. A pesar de ello, el juego sigue siendo equilibrado en cuanto a plataformeo e incluye una mecánica de jugar con los escenarios cambiados por el paso del tiempo para seguir avanzando. Las persecuciones del Dahaka le aportan también nueva chicha a una fórmula que ya era buena y que ahora es mucho más completa.
El juego fue, de nuevo, un éxito rotundo y se lanzó en muchas más plataformas que el primero. Pero quedaba poner fin a la historia del príncipe. Y Ubisoft Montreal lo tenía todo pensado.

Prince of Persia: The Two Thrones
Las Dos Coronas, como se llamó en español, cerraba a la perfección la trilogía. Un juego más continuista con lo visto en El Alma del Guerrero, y que permitió dotar a la historia de un giro más para sorprender al jugador.
El juego continúa la historia del príncipe, que ve cómo el destino se vuelve a reír de él tras el final de la segunda entrega, en la que vuelve junto a la emperatriz del tiempo a su tierra natal, solo para ver que su patria arde en llamas. De nuevo tendrá que coger las armas y luchar contra el destino, pero esta vez el enemigo es el peor d todos: su “yo” oscuro. Esta dualidad permitirá a los desarrolladores dotar de nuevos giros a la narrativa que serán aprovechados para la jugabilidad del título.
Seguirá habiendo peleas por doquier, plataformas, rutas imposibles, nuevos caminos que se abren con el uso de las arenas. Además, en esta ocasión, dispondremos de nuevas habilidades de nuestro príncipe en su versión oscura. Aquí Babilonia es el escenario principal, por lo que se dota de variedad a la aventura que se corona como un final estupendo para una trilogía no menos estupenda.
Si hay algo que achacar a la saga es la poca evolución gráfica, pero teniendo en cuenta que los tres juegos se lanzaron en un lapso de tiempo de tres años, no es de extrañar.

Las dos coronas, además, puede presumir de cerrar la historia de manera soberbia, algo que me hubiera gustado ver en el cine, pero que no fue posible por una paupérrima recaudación de la primera y única película. Un broche de oro para una trilogía que, ahora lo sabemos, será irrepetible.
Futuro incierto
La saga intentó reinventarse varias veces tras el éxito arrollador de la trilogía, pero nunca lo consiguió, a pesar de que los juegos de la marca Prince of Persia siempre han sido sello de calidad. De hecho, le debemos mucho a esta trilogía, pues toda la saga Assassins Creed surgió de una lluvia de ideas para un nuevo Prince of Persia. El resto ya es historia, que parece que no se repetirá.
Muy mal por Ubisoft y su decisión de cancelar el remake de estas joyas para las nuevas generaciones. Nos quedarán sus remasterizaciones y, sobre todo, el recuerdo para los que pudimos coger por primera vez el DVD de Las arenas del tiempo, nuestro mando de PS2 y vivir las aventuras del príncipe más famoso de los videojuegos.
Quién sabe si, en un giro de los acontecimientos, Ubisoft usa la daga del tiempo y cambia esa decisión de no realizar el remake. Sería un final perfecto para esta historia.
























