Garth Ennis regresa con una nueva entrega del Castigador en Panini Cómics, manteniendo las señas definitorias de su etapa: humanidad, brutalidad, sordidez y cierto humor bestia. A los lápices le acompaña en el presente arco Lan Medina, que como otros dibujantes de la serie presenta un trazo realista, descarnado y oscuro, acorde a la historia. Y una vez más las portadas al estilo foto montaje de Tim Bradstreet suman al conjunto.

Como si se tratara de una serie protagonizada por féminas, al estilo de Sexo en Nueva York, Ennis nos presenta a las cinco estrellas de este relato. Ellas son Anabella, la líder indiscutible, una mujerona entrada en años; Barbi, una experta en felaciones, medio analfabeta y racista; Bonnie, gangosa y especialista en no ver lo que no quiere, no vaya a ser que duela; Shauna, negra y con muy mala hostia; y Lorraine, la más anodina de todas, la típica rubia florero. Ellas son las Viudas. Las viudas de Dominic Gorrini, Larry Barrucci, Artie De Angelo, John James Toomey y Paul Zucca, todos ellos con conexiones con la familia Cesare, vieja conocida de Frank. Las cinco tienen un pasado común de tragedia y un presente compartido de venganza y  obsesión.

Hay además una sexta mujer, J. J tiene cuentas pendientes con todas ellas. J tiene cicatrices en el cuerpo, de tal profundidad que le han alcanzado el alma. Una hondura capaz de robarle su feminidad y su humanidad.

Y mientras estos personajes avanzan posiciones en la trama, el detective de policía Paul Budiansky hace lo mismo, al detener a un francotirador de instituto, matando al adolescente antes de que siga sembrando muerte en las aulas. La idea de Ennis es compararlo con el Castigador, estableciendo un contraste entre ambos, ¿o quizás acercándolos? Porque digamos que la cosa se va complicando. Al mismo tiempo Frank detiene un pequeño negocio familiar de pederastia incestuosa distribuida como pornografía infantil, ¿hasta dónde puede llegar la maldad del ser humano? Con elementos como éstos, por duros que sean los métodos del Castigador, resulta difícil no empatizar con él.

Poco a poco toda irá confluyendo. Y las Viudas, usando la antigua táctica del Caballo de Troya, le tenderán una trampa al Castigador, recurriendo al viejo truco de la damisela en apuros. No contaban estas lagartas con la aparición de J en escena. Pero cuando el humo de la batalla empieza a disiparse es que ha llegado el momento de prepararse para el combate final. Las mujeres de los mafiosos, ¿víctimas o cómplices? Quizás no haya que hacer una disyuntiva, quizás convenga no eliminar ninguna posibilidad y haya que contemplar ciertos elementos que pueden inclinar la balanza, porque ¿cuál es la relación de J con las Viudas?

A partir de aquí la trama entra en su recta final. Paul Budiansky quizás pueda acabar pareciéndose más al Castigador, por ciertos hechos que ocurren. J se parece ya a Frank, por ciertos hechos ocurridos hace tiempo. Y cuando Frank deba quedarse en cama lamiéndose las heridas y sea J quien pueda llevar a cabo su venganza, cuando las Viudas, ya desquiciadas, intentando salvar su culo a cualquier precio, reciban su merecido, cuando eso ocurra… ¿nos seguirán pareciendo lícitos los métodos de venganza empleados o quizás, pese a que se los merezcan, nos estremezcamos? Resulta curioso, cuanto menos, que Ennis decida poner la Negan-escena no en manos del propio Frank, sino de J, y es que aunque justificada, impresiona. Parece que haya querido salvar a su personaje, darle más humanidad, aunque sea por contraste.

A destacar también la labor de Budiansky durante el interrogatorio a las cinco viudas, mostrando en todo momento un control y un conocimiento deductivo enormes, sabiendo cómo ponerlas nerviosas. Y es que en el fondo las afligidas viudas son igual de impulsivas y poco cuidadosas que sus difuntos.

El final de la historia viene a cerrar el círculo de identificaciones. Paul Budiansky no es Frank Castle, aunque hay situaciones que todo hombre puede vivir que podrían acercarlo. J tampoco lo es, no es lo mismo estar atrapada en una espiral autodestructiva que tener una misión, la de eliminar a los culpables. La despedida entre ambos personajes juega en dos registros diferentes. Por un lado mezcla sexo y violencia, aunque no exactamente juntos: primero es la descarga de agresividad, y cuando ésta deja vacía a J, solo puede llenarse acercándose a alguien. Y en segundo lugar establece que el Castigador es un personaje único, pues solo Frank Castle puede soportar la carga de sus actos y además puede hacerlo sin vaciarse.

Una historia del Castigador que no trata sobre conflictos reales (la trata de blancas, la guerra de Afganistán o el terrorismo en Irlanda), ni tiene el punto grotesco de los dos arcos de Barracuda, sino que viene a ocupar un papel intermedio entra ambas opciones, planteando una posibilidad y urdiendo su desarrollo.

Para mí se trata, sin duda alguna, de uno de los mejores arcos de la serie.

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