
Maldita fortuna, de Myriam M. Lejardi, ha sido una de esas lecturas que te enganchan casi sin darte cuenta. Publicado por Crossbooks, sello editorial de Planeta, es el tercer libro que leo de la autora. Aunque con los anteriores me costó un poco entrar, con Maldita fortuna no me ha pasado en absoluto. Aquí la historia arranca con fuerza desde el principio y ya no te suelta.
Gran parte de esa sensación viene del escenario, todo sucede dentro de un casino en el día de su inauguración, y eso le da un ambiente muy concreto. Ese espacio cerrado, lleno de secretos y tensión constante, funciona genial para la historia. No es solo un sitio donde pasan cosas, es que el propio casino se siente casi como un personaje más. Todo lo que ocurre dentro tiene ese aire de juego, riesgo y misterio que hace que estés todo el rato con la mosca detrás de la oreja.
Además, en Maldita fortuna los personajes están muy bien trabajados. Tanto los personajes principales como los secundarios tienen su importancia y están construidos con bastante cuidado. No hay nadie que esté ahí porque sí. Cada uno tiene su papel dentro de la historia y, poco a poco, vas entendiendo mejor cómo encajan todos dentro de ese mundo que se mueve dentro del casino. Y eso hace que te impliques más, porque ves que todo tiene sentido.
Otra cosa que me ha gustado mucho de la novela, es la forma en la que está contada. Hay saltos temporales, pero están muy bien llevados. No confunden, sino que ayudan a ir completando la historia poco a poco. Es como si fueras juntando piezas de un puzzle, y cada salto en el tiempo te diera una pista más para entender lo que está pasando realmente dentro de ese casino.
Y luego están los capítulos de las cámaras de seguridad, que me han parecido un puntazo dentro de la novela. Al principio te pueden chocar, pero enseguida ves que son clave. Gracias a ellos ves escenas desde fuera, como si estuvieras vigilando lo que pasa en el casino. Le dan un toque muy original y, además, aportan información importante para la trama. No es solo un recurso curioso, es que está muy bien integrado.
Mientras leía Maldita fortuna, no podía evitar acordarme de La casa de papel. No porque la historia sea igual, sino por esa sensación de que todo está medido, de que cada pieza tiene su sitio y de que poco a poco todo va encajando. También por la tensión constante y por ese rollo de estar viendo cómo se desarrolla un plan en el que nada es casual.
El ritmo también es muy bueno. No hay momentos en los que se haga pesado ni partes que sobren. Siempre está pasando algo o descubres algún detalle que te hace querer seguir. Es el típico libro que dices “un capítulo más” y acabas leyendo mucho más de lo que pensabas. Y eso, al final, es señal de que funciona.
En cuanto a la forma de escribir, Maldita fortuna es muy fácil de leer. La autora va al grano, sin complicarse demasiado, y eso hace que todo fluya muy bien. No te pierdes en ningún momento, ni siquiera con los cambios de tiempo. Aunque la historia está contada por la protagonista Savannah, podemos entender perfectamente los puntos de vista de los demás personajes de la historia.
En general, la novela me ha parecido una historia muy bien montada, con todo bastante bien hilado y con un escenario, el casino, que le da muchísima personalidad. Para mí ha sido el libro de la autora con el que más he conectado hasta ahora.
Sin entrar en spoilers, Maldita fortuna es una lectura muy recomendable si te gustan las historias con tensión, con personajes bien construidos y con ese punto de misterio que te mantiene enganchado. A mí me ha tenido metida de lleno en ese casino desde el principio hasta el final, y lo he disfrutado muchísimo.
























