Una obra que recopila doce casos del detective británico ciego de la época eduardiana Max Carrados. Un personaje relevante en la historia del género policiaco cuyas andanzas merecen ser redescubiertas. Aunque es conveniente afrontar su lectura con la indulgencia que merecen sus años y su carácter pionero en sendas luego muy transitadas. 

Los relatos breves de tipo detectivesco gozan del favor de muchos aficionados al género policiaco. Sobran razones para ello, y una de ellas es el hecho de que muchos lectores se han iniciado en él leyendo historias cortas de maestros como Edgar Allan Poe y su pionero detective C. Auguste Dupin, Arthur Conan Doyle y su inmortal detective consultor Sherlock Holmes o G. K. Chesterton y su entrañable Padre Brown.
Sumando a esa calidad narrativa la nostalgia del lector, éste suele estar favorablemente predispuesto hacia ese tipo de historias, a las que Borges llamaba “cuentos de razonamiento”.

Recientemente, Ediciones Siruela ha incorporado a su Biblioteca de Clásicos Policiacos un libro que recoge una selección de relatos protagonizados por un detective de orígenes tan ilustres como los del mismísimo Sherlock Holmes, pues ambos llegaron a compartir páginas en la ya legendaria revista The Strand Magazine. Se trata de Los mejores casos de Max Carrados, escrito por Ernest Bramah.

Una selección de relatos breves protagonizados por un personaje cuyos orígenes  están ligados a la señera revista The Strand Magazine: el adinerado detective ciego Max Carrados

Max Carrados, quien tenía por apellido original Wynn (adoptó el de Carrados como condición para heredar el legado de un primo americano que, con su generosidad, le permitió así llevar la vida de un adinerado burgués en la Inglaterra de las primeras décadas del siglo XX), es un cosmopolita, culto y educado caballero que reside en la mansión The Turrets en Richmond, Londres.

Carrados es ciego a consecuecia de una amaurosis provocada por un accidente ocurrido mientras cabalgaba junto a un amigo: éste apartó una rama que, al volver con fuerza hacia atrás, golpeó los ojos de Carrados. Pero, transformando su invidencia en ventaja, ha desarrollado extraordinariamente el resto de sus sentidos, pudiendo indentificar sonidos y olores y leer con un toque de dedo. Tal es el uso que hace de sus restantes sentidos que su ceguera a menudo no es evidente para los demás. Es él quien suele comentar a otros personajes cómo su ceguera le trae ventajas, al no confiar únicamente en el limitado sentido de la vista.

Experto coleccionista, es también un sagaz detective aficionado.

Carrados cuenta con la colaboración del Sr. Carlyle, un antiguo amigo de los tiempos escolares a quien la vida ha convertido en detective profesional (aunque en los casos suele desempeñar un papel secundario a lado de Carrados. Es, por así decirlo, su Dr. Watson). También con la de Parkinson, su mayordomo, dotado de unas notabilísimas dotes de observación que complementan los extraordinariamente desarrollados restantes sentidos de Carrados.

Las historias muestran originalidad e ingenio pero, aunque mantienen el encanto de las cosas simples, resulta difícil tomárselas demasiado en serio. No hay que perder de vista que originalmente fueron creadas para ser publicadas en revistas, una forma de literatura popular que llegaba a un público extraordinariamente amplio y muy variado.

Max Carrados parece aspirar a aunar la capacidad deductiva de Sherlock Holmes y la bonhomía del Padre Brown, pero no llega a igualar a esos personajes únicos

Carrados es, podría decirse, más Padre Brown que Sherlock Holmes, sin emanar el encanto del primero ni alcanzar el carisma inigualable del segundo.
También cabe ver en él un antecedente de otros adinerados detectives aficionados que vendrían después, como Lord Peter Wimsey, de Dorothy Leigh Sayers, o Philo Vance, de S. S. Van Dine.
O incluso, rizando el rizo y hablando de personajes ciegos que luchan contra el crimen apoyándose en sus restantes hiperdesarrollados sentidos, de Matt Murdock / Daredevil.

La presente selección de Ediciones Siruela incluye una docena de casos de Carrados:

‘La moneda de Dionisos’,  ‘El caso de la señal ferroviaria en Knight’s Cross’, ‘Tragedia en Brookbend Cottage’, ‘La última hazaña de Harry el Actor’ y ‘Juegos en la oscuridad’, reunidos originalmente en el volumen «Max Carrados» (Methuen & Co, Londres 1914)

‘La desaparición de Marie Severe’, ‘El caso de los champiñones envenenados’, ‘El fantasma de Massingham Mansions’ y ‘El caso del espía de Kingsmouth’, reunidos originalmente en el volumen «The Eyes of Max Carrados» (Grant Richards, Londres 1923)

‘El misterio de la desaparición de la Petition Crown’, ‘La tragedia del piso de Holloway’ y ‘El asombroso caso del testigo desaparecido’, reunidos originalmente en el volumen «Max Carrados Mysteries» (Hodder and Stoughton, Londres 1927)

También cabe ver en Max Carrados un antecedente de otros adinerados detectives aficionados que vendrían después, como Lord Peter Wimsey, de Dorothy Leigh Sayers, o Philo Vance, de S. S. Van Dine

 

La, como es habitual en Siruela, intachable traducción de estos relatos ha corrido a cargo de José C. Vales. Todo un lujo teniendo en cuenta que es el autor de una de las novelas que más disfrutamos hace dos años, la inteligente y divertidísima «Cabaret Biarritz», galardonada con el Premio Nadal  en 2015.

El diseño gráfico es obra -como en los restantes libros que integran la Biblioteca de Clásicos Policiacos– de Gloria Gauger, quien de nuevo ha encontrado una muy bella y apropiada ilustración para la cubierta, que en esta ocasión juega por primera vez con una cierta abstracción. Una figura elegante carente de rostro cuyos ojos inexistentes evocan, por ausentes, la ceguera del personaje.

 

Ernest Bramah (1868 -1942)  fue un escritor inglés de gran éxito en su época, autor de una veintena de libros y numerosos cuentos y relatos.  Bramah alcanzó el éxito comercial y de crítica con su creación de Kai Lung, un narrador itinerante aparecido por primera vez en «Las alforjas de Kai Lung» (1900). En 1914 Bramah creó a Max Carrados, un detective ciego cuyas historias aparecieron junto a las de Sherlock Holmes en el Strand Magazine y serían luego recopiladas en sucesivos libros. Bramah protegió siempre su vida privada y no dio al público detalles de su vida personal. Murió a los 74 años siendo un autor de éxito. Tenía conocimientos de química, física, derecho, filosofía, literatura clásica, ciencias ocultas, armas y municiones… y era un experto en una rama de la numismática, afición que solía aparecer en sus tramas.

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