Los asesinatos del Valhalla

Si juntásemos todos los clichés que, durante los últimos tiempos, han caracterizado a los distintos noir nórdicos; los metiésemos todos juntos en una batidora; y le diésemos al botón; posiblemente, el resultado se parecería mucho a ‘Los asesinatos del Valhalla’. Una de las últimas novedades estrenadas por Netflix, coproducción propia con otras empresas de Islandia, en la búsqueda para su catálogo de un producto con estas características. El resultado, si este era el objetivo, no ha podido ser más exitoso, si bien su calidad final global no podría ser más decepcionante.

‘Los asesinatos del Valhalla’, que debería ser un drama oscurísimo sobre la pederastia y la corrupción en las altas esferas, queda reducido a una sucesión exasperantemente larga e interminable de clichés. Comenzando por el elenco de personajes, tanto principales como secundarios, casi todos ellos diseñados con brocha gorda, previsibles casi al primer vistazo, cuyo comportamiento ridículo (sonrojante por veces, incluso) es el principal motor de la trama. Tal es la falibilidad y estupidez de muchos de ellos, tanto del bando de los buenos como del de los malos, que a veces uno duda de si estar viendo una serie policiaca o ‘Dos tontos muy tontos’.

Si los personajes son la torpeza personificada, la trama tampoco es un dechado de virtudes por su brillante inteligencia y dificultad. Tanto es así, que deben ser algunas subtramas sobre la vida personal de los personajes principales las que desvíen la atención de una investigación policial insulsa, con el misterio justito para sostener el producto y repleto de pistas más obvias que un elefante sobre la nieve. Unas tramas que tocan los problemas familiares de un agente atormentado por su pasado, o la lucha de una agente femenina de carácter audaz y decidido (aunque yo diría, más bien, temerario y con escaso sentido), por combinar el reto profesional del poco reconocimiento a su trabajo con el reto familiar de mantener sola a un hijo metido en un gran problema. Nada nuevo bajo el sol.

Y eso que los temas son interesantísimos. De hecho, por veces, sí es cierto que la pederastia se toca con una crudeza realista, intensa, donde las víctimas ocupan el primer lugar, y la denuncia de su ocultación es resonantemente clara y potente. El problema es que, cuando alcanza esa cota de intensidad, una dirección bastante mejorable toma la discutible decisión de cambiar de tercio y, la mayor parte de las veces, devolvernos al sonrojante ridículo de su desarrollo. Esta sensación de disgusto se ve intensificada si se ve doblada al castellano, pues el traslado del dolor emocional e interno de los personajes no ofrece una representación a la desgarradura altura del original.

Los asesinatos del ValhallaEso sí, el paisaje mantiene toda su viveza y su crudeza -aunque siempre con una imagen bastante límpida y cuidada que, quizás, le resta algo de protagonismo conforme avanzan los capítulos-. La atmósfera noir se crea, entonces, a través de la luz, con un claro predominio de los negros, los marrones y los azules. Hasta en la comisaría, donde deberían reinar las atmósferas claras, se nos ofrecen recurrentes planos repletos de sombras, de luces de fondo o de focos que centran la luz en la pista importante para destacar que todo lo que rodea a lo demás, en ese momento, es penumbra. Un efecto interesante, algo que le aporta sentido a la producción pero que, por su excesivo abuso, resta efectividad y significación con el paso de los minutos.

Hay tantas cosas que son de un sentido discutible en esta serie que, al final, el desequilibrio es abrumador en favor de los momentos sonrojantes y ridículos. El final es, simplemente, una muestra perfecta de ridículo racional, un reductio ad absurdum que, por sí solo, se basta para demostrar que esta serie no merece ni un minuto de tu tiempo. ‘Los asesinatos del Valhalla’ es uno de esos memes donde, cuando se acaba, lo que queda, es la sensación de desilusión entre lo que esperábamos cuando lo pedimos y la sensación cuando nos llega porque, como dice otro meme bastante celebrado, cuando comenzamos a ver la serie, en nuestra cabeza parecía una gran idea.

No cometáis el mismo error que yo.

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Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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