Las manos de Orlac (1924)

Maurice Renard (1875, Châlons-en-Champagne – 1939, Rochefort-Sur-Mer) fue un escritor francés que, influenciado literariamente por Edgar Allan Poe, E.T.A. Hoffman, los románticos alemanes y los alsacianos Erckmann y Chatrian, y en lo vivencial por la crudeza de la I Guerra Mundial ─en la que participó como Oficial de Caballería─, cultivó lo que dio en llamar género «maravilloso-científico», mezcla de suspense, terror, fantasía, ciencia ficción y toques detectivescos. Injustamente casi olvidado fuera de su país, la narrativa de Renard no fue traducida al inglés hasta casi el siglo XXI, y su primera obra traducida al español “El doctor Lerne, imitador de Dios” (1908), no llegaría hasta el 2007, de la mano de la insigne editorial Valdemar.

“Las manos de Orlac” conserva su vigencia como amalgama de géneros, que, hibridados con maestría, consiguen inquietar y sorprender al lector

La obra que nos ocupa, “Las manos de Orlac” (1920), fue la primera escrita por Renard tras su experiencia en la I Guerra Mundial, y nos llega en español por primera vez este año, gracias a la excelente traducción (y prólogo) de Mauro Armiño para Siruela. Su crudeza y misterio, enmarcados en una atmósfera desencantada y depresiva, no tardó en ser carne de adaptación cinematográfica, y ya en 1924 se estrenó la película austríaca “Orlac’s Hände”, dirigida por Robert Wiene, a la que seguirían otras tres cintas, la estadounidense “Mad Love”(1935), de Karl Freund, la coproducción franco-británica “The Hands of Orlac” (1960), de Edmond T. Gréville y la estadounidense “Hands of a Stranger”(1962), de Newt Arnold.

Este desprecio literario generalizado ─vamos a hablar claro─ hacia uno de los padres de la escritura “de género” en lengua francesa, impulsa a sus admiradores a divulgar en la medida de lo posible la magra oferta editorial en cuanto a Renard se refiere en nuestro país. Y qué mejor ocasión que la publicación en junio de este año de “Las manos de Orlac” (Siruela, 2021) por primera vez en nuestro idioma.

Portada de Las manos de OrlacEl mundialmente reconocido pianista Stéphen Orlac resulta víctima, junto con otras docenas de pasajeros, de un dantesco accidente ferroviario en Montgeron mientras regresaba de París. Su esposa, Rosine Orlac, logra encontrar el cuerpo magullado de su esposo, ya al borde de la muerte, y consigue que lo trasladen hasta el hospital, donde el controvertido doctor Cerral, una eminencia mundial y especialista en hazañas médicas ─trasplantes en particular─, le tratará con urgencia.

Las operaciones a las que Stéphen se ve sometido logran el propósito primario de salvar su vida, y su esposa Rosine no podría estar más feliz, aun a pesar de la larga convalecencia que se adivina tras la magia de Cerral. Pero pronto, algo más que la impaciencia por dominar de nuevo su maltrecho cuerpo y continuar con su carrera musical germina en Stephen Orlac; el pianista no tarda en verse obsesionado y asaltado por impulsos que no reconoce como suyos, de inquietantes visiones y de terribles revelaciones.

La narración de Renard corre a cargo de Gaston Breteuil, periodista judicial, que juega un pequeño papel en la resolución de esta historia, y que nos la transmite como algo remarcable, casi siempre trasladándonos el punto de vista de la afligida pero inteligente y resuelta Rosine Orlac, quien es, cómo no, la auténtica protagonista de esta espléndida novela. Rosine se ve obligada a nadar y guardar la ropa, a temer, investigar, custodiar y vigilar a su esposo, mientras refleja una devoción y una determinación inquebrantables e investiga hechos que maravillarían a la par que aterrorizarían a cualquiera que los presenciara.

Amalgama de géneros hibridados con maestría

Más de un siglo después de su publicación, “Las manos de Orlac” conserva su vigencia como amalgama de géneros, que, hibridados con maestría, consiguen inquietar y sorprender al lector, al tiempo que le mantiene embelesado con un escenario, aparentemente inmóvil y perpetuo, pero que se ve sacudido de forma tormentosa una y otra vez por una presencia oscura y violenta, que termina por arrasar el dique que Rosine pacientemente intenta mantener intacto en torno a su quebradizo esposo.

Maurice RenardRenard se desempeña en esta novela con suma inteligencia y habilidad, y consigue construir una narrativa ágil, que combina los géneros antes mencionados con el melodrama, en las dosis justas y administradas en el momento adecuado, ya sea para mostrar o esconder sus bazas, de forma que nos mantiene expectantes mientras desgrana la trama en sus vertientes fantástica y realista, de forma pausada y con mano firme.

El autor consiguió atrapar en su momento la imaginación de los lectores curiosos por los avances científicos de principios del siglo XX, y el mismo Cerral es un trasunto del célebre cirujano Alexis Carrel (1873-1944), Premio Nobel de Medicina en 1912 «en reconocimiento a su trabajo acerca de la sutura vascular, y del trasplante de vasos sanguíneos y de órganos», cuya fama utilizó Renard para potenciar las posibilidades que la trama de esta novela le ofrecía. A ojos contemporáneos, supuestamente más racionales y empíricos, menos sujetos al influjo de lo sobrenatural, el terror a no ser uno mismo tras un trasplante parece más extraña que hace un siglo, pero la psicología moderna está repleta de casos en los que la mente y sus obsesiones tienen mucho más peso en algunas personas que la racionalidad pura, máxime cuando se encuentra en un estado de debilidad inducida por un trauma y las percepciones diarias se ven alteradas sin descanso.

Hay novelas que no pueden faltar en una biblioteca, máxime si se trata de un clásico y de un autor tan inclasificable como maltratado en nuestra tradición editorial. Quién sabe si, una vez agotada la primera edición de Siruela, “Las manos de Orlac” no desaparecerá de las estanterías.

Aprovechad y haceos con esta joya editada de forma excelente y a un precio razonable… quien avisa no es traidor.

Alejandro Serrano
Cofundador de Fantasymundo, director de las secciones de Libros y Ciencia. Lector incansable de ficción y ensayo, escribo con afán divulgador sobre temáticas relacionadas con el entretenimiento y la cultura cercanas a mis intereses.

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