Andrzej Sapkowski presenta Narrenturm en Madrid

¡Por fin! Tras una larga espera, innumerables especulaciones, noticias desagradables y enfados monumentales, llega a las librerías el colofón, el último tomo de la saga del brujo de Rivia. Lo hace simultáneamente en los dos sellos de Luis G. Prado (Bibliópolis y Alamut), y en ambos en edición diseccionada: en este primer volumen, consecuencia de las necesidades personales de su traductor (a la soberbia entrevista de Joaquín Torán a José María Faraldo me remito), aparece la cabeza de la historia –con la colaboración de Carmelo Rivero y José Otero Macías. Queda su cola para un segundo y definitivo volumen, esperado para este 2010 si bien, a la luz de lo visto y padecido, guardamos una cierta prudencia al respecto. Y su publicación conjunta -como fue originalmente concebida- para la más que previsible edición coleccionista.

Mucho es lo que se podría opinar sobre todos los hechos que acompañan a esta publicación, pero como aquí es la literatura lo importante, ¡y Don Geralt de Rivia bien vale una misa!, dejemos lo externo para el foro –sitio destinado a los amigos y lectores de Fantasymundo– y centrémonos aquí en la obra.

Aunque tengamos necesariamente que referirnos a sólo una parte del texto, y no al conjunto del tomo pensado y escrito por Andrzej Sapkowski (Lodz, Polonia, 1948), significativo es que hayamos llegado hasta el final ansiosos y hambrientos de más. La intuición del próximo final no ha hecho desfallecer, e incluso ha incrementado, la tensión de la novela. Máxime cuando parece que su autor, sabedor de la inminencia del punto y aparte en su obra, ha decidido reflejar aquí, maravillosamente hilados, todos sus tics y manías, reflexiones sociales y cuentas pendientes, giros y capacidades creativas.

Portada de La Dama del Lago (Volumen 1) (Geralt de Rivia 7), de Andrzej SapkowskiLa guerra resuena aún con fuerza sus tambores, y parece que con más virulencia después de un cambio inesperado en el acostumbrado dominio bélico de Nilfgaard. Las tramas políticas y las venganzas personales se cruzan y suceden por las páginas, y permean nuestra historia. Sin embargo, parte de la excepcionalidad del mundo de Rivia está en que su lucha, siendo aún más transcendental que aquella política, aunque menos evidente, acontece no en los campos de batalla y las trincheras, si no en la multidimensionalidad del espacio y el tiempo.

La incerteza está en su mayor apogeo tanto en la trama como entre nuestros tres personales principales. Yennefer, Geralt y Ciri se mantienen distantes e ignorantes el uno respecto a los demás. Los tres pivotan de forma independiente, con su propio círculo de perfectos personajes secundarios y dentro de sus propias tramas, en historias con entidad propia. Sin embargo, este es el tomo en el que se percibe más claramente la mutua necesidad… y lo inevitable de su reencuentro. Se refuerzan los lazos alrededor del esquema familiar. Geralt y Ciri ganan todavía más peso e identidad, quizás de forma algo redundante en un Geralt bastante consolidado, pero no así en el caso de una Ciri en pleno proceso de madurez y autonomía personales.

Sapkowski da otra muestra más de su magistral capacidad para la construcción de atmósferas y personajes. La vida de Geralt en Toussaint es un relato dentro de la novela: un espacio propio con entidad y libertad respecto la trama principal, sólidamente atado a ella a través de Fringilla Vigo, pero con la capacidad de volar en solitario que le confiere una construcción a base de certeros golpes de pluma, y los esquemas narrativos y la calidad de una obra independiente. Otro tanto acontece, si bien con la menor precisión a la que obliga un argumento presuroso y unas mayores ataduras creativas, la vida de Ciri en el mundo de los Alisos y el sorprendente trato con su rey.

Si tuviésemos que quedarnos con un hilo de todos los que aquí se tejen ése sería, sin duda, el del extraño trío que conforman Nimue, Condwiramurs y el Rey Pescador. Aparentemente accidental, quizás aún poco clara su presencia a la vista de este tomo, deja entrever su relevancia con la despedida de la saga. Especulo, claro está, pues aún no hemos llegado al final. Pero, permítaseme apostar que, al ejercer cierta unión entre nuestros amigos de Rivia y lo legendario y popular, puedan ser ellos los que digan adiós, proyectando en lo eterno del tiempo, su historia y su recuerdo. Desde luego, sería un final a la altura de la saga.

Sapkowski destila en ‘La dama del Lago 1’ una imaginación desbordante. Construye reflexiones de calado en la distancia de una frase. Yergue ideas con la velocidad de una imagen. Deja en el lector un sentimiento de amor y cariño por los demás, si bien bañado con el pesimismo de quién, habiendo visto con sus propios ojos lo ilimitado de la crueldad y la estupidez humanas, desconfía de la capacidad de reacción de aquellos capaces de albergar y desplegar tanto mal.

La saga de Geralt de Rivia esconde en su interior la esperanza de una vida en amor y amistad.

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