José María Faraldo

José María Faraldo no necesita presentación: es el traductor de los libros de Andrzej Sapkowski. En circunstancias normales, su labor pasaría desapercibida, engullida por el estilo del autor de turno. Pero las circunstancias que rodean a uno de los mejores escritores de fantasía de la actualidad son excepcionales, de tal suerte que, gracias a Faraldo, podemos disfrutar de una traducción de su obra a la altura del original.

En la presente y muy extensa entrevista, Faraldo va a revelarse como un conversador nato, un tipo inquieto y comprometido que tan pronto es capaz de rememorar sus viejas lecturas de infancia como de lanzarse al ruedo del juicio político. Dado que sus apariciones públicas son muy escasas, ésta es una buena ocasión para conocer al hombre que se oculta tras el éxito de Andrzej Sapkowski en España.

Fantasymundo: Ante todo, querría empezar esta entrevista agradeciéndote tu enorme e impagable trabajo de traducción de la obra de Andrzej Sapkowki. Gracias a ti, los lectores españoles podemos disfrutarle en todo su esplendor, algo de lo que no pueden presumir los lectores ingleses o alemanes. Dime, ¿cómo es posible que industrias literarias tan grandes y desarrolladas, como la inglesa o la alemana, por ejemplo, traduzcan tan mal a Sapkowski?

José María Faraldo: Bueno, tan mal… Todo es relativo. Es verdad que de la traducción inglesa, por ejemplo, Sapkowski se ha quejado mucho. Debo decir que yo no la he leído, así que no sé qué tal está. El caso de esta traducción es particularmente dramático, y demuestra que los anglosajones están poco acostumbrados a traducir, porque se tomó una mala decisión al elegir como traductora a una mujer de origen polaco que llevaba viviendo mucho tiempo en Inglaterra, dando por sentado que es igual de fácil traducir a otra lengua distinta de la tuya propia. Influyó mucho, también, la visión que la editorial tenía sobre la manera en que pretendía sacar los libros de Sapkowski: sabiendo que estaban ante una saga que iba a tener un cierto éxito, se limitaron a hacerla traducir, y eso es todo. Creo que aquí reside la principal diferencia con nosotros [Bibliópolis y Alamut], puesto que ya desde “El último deseo” nos propusimos hacer un tipo de literatura distinta, en la que se cuidase mucho la traducción. Andrzej es un literato de primera, por lo que la traducción de sus libros debe trabajarse bastante.

El caso de la traducción al alemán es distinto. Los derechos sobre Sapkowski los tenía inicialmente Heyne, una editorial que publica libros baratos. En su nómina de traductores figura Erik Simon, un famoso escritor de Ciencia Ficción que dirigió una colección especializada en la RDA, y que ha traducido muy bien del ruso a los hermanos Strugastky, pero al que se le nota que el polaco no es su fuerte. Su traducción de los dos primeros libros es correcta, pero un tanto incomprensible. El problema es que luego ha seguido traduciendo la saga, incluso cuando Sapkowski se ha pasado a DTV, la otra editorial de “libros populares”, de gran tirada y muy comprados. En esa editorial, la trilogía de las Guerras Husitas ha sido traducida espléndidamente por Barbara Samborska, una traductora muy inteligente que ha conseguido dejar a Sapkowski a la altura que se merece. No sé cómo está ahora la traducción, quizás Simon ha terminado por cogerle el truco, y puede que haya aprendido de Samborska, pero desde luego los dos primeros libros de la serie, que son los que yo he leído, estaban bastante lejos de ser “Sapkowski en alemán”. Creo que nosotros sí que hemos conseguido hacer “Sapkowski en castellano”.

Fantasymundo: O sea, que para traducir a Sapkowski no basta con ser literal, hay que entenderle principalmente.

José María Faraldo: Nosotros trabajamos desde el principio con Sapkowski con el objetivo fundamental de que los lectores españoles experimentasen las mismas sensaciones que habían sentido en su momento los lectores polacos. Había que conseguir reproducir el efecto sorpresa de esa fantasía con una enorme carga literaria y divertida que escribe Andrzej, algo que no era nada fácil y que exigía bastante trabajo.

Fantasymundo: ¿Cómo está traducido Sapkowski en otros países?

José María Faraldo: En los países eslavos muy bien, porque tienen un idioma muy parecido al polaco. El traductor ruso, que se murió hace poco (no sé quién traducirá ahora los demás libros), era el típico ruso cabezón que traducía como él creía que tenía que ser, y daba igual lo que le dijeran, pero lo hizo muy bien. Para darte una idea de cómo trabajaba, te diré que hay una página en Internet, hecha por fans, que se dedica a recoger todos los fallos que cometió; si los imprimes, lo mismo te salen treinta páginas. Bien, yo no creo que todos sean errores, sino que él quiso hacerlo así para hacer un poco lo mismo que hice yo: interpretar a Sapkowski para que los rusos pudieran aceptarlo. Tanto lo consiguió que ahora Sapkowski está considerado, en Rusia, como un autor nacional.

Y en la República Checa el traductor, también recientemente fallecido, era muy bueno y muy majo. La traducción al checo era la que más le gustaba a Sapkowski, aunque es verdad que plantea menos problemas, por su afinidad con el polaco, que otros idiomas.

Luis G. Prado, Andrzej Sapkowski y José María Faraldo en Lodz

Fantasymundo: ¿Qué es para ti traducir?

José María Faraldo: (Medita la respuesta) Es un mundo interesante, el de la traducción. Llevo muchos años traduciendo, por varias razones, muchas casuales, sobre todo Historia. Empecé traduciendo del inglés a Charles Tilly; a Kropotkin del ruso para el CSIC [Centro Superior de Investigaciones Científicas] y documentos que luego utilizó Antonio Elorza para su proyecto del Komitern. Cuando empecé con la traducción literaria, por el interés que me despertaba la nueva literatura polaca, que consideraba atractiva para el lector español (ahí fue donde propuse a Sapkowski y a Olga Tokarczuk, a la que finalmente no traduje), me di cuenta de que traducir era lo que llevaba haciendo en mi carrera profesional todo el tiempo, sólo que a distintos niveles. Yo soy historiador de profesión, y como historiador soy poco ortodoxo; mi visión de la profesión es la de alguien que traduce el mundo del pasado para que lo pueda comprender el mundo del presente. De hecho, algunas de las cosas que he escrito son muy experimentales y pretenden introducir al lector dentro de ese mundo, para que comprenda cómo funcionaba. Me di cuenta de que traducir era básicamente lo que he hecho con Sapkoswski: intentar meter al lector en ese mundo por medios que no son siempre ortodoxos. De hecho, estoy seguro de que un filólogo no le traduciría como yo lo he hecho.

Fantasymundo: Hablando de filólogos, creo que vas a colaborar con uno, Fernando Otero Macías, en la traducción de los siguientes libros de las Guerras Husitas. ¿En qué va a consistir la traducción de cada uno, qué va a haber de Faraldo, qué de Otero Macías?

José María Faraldo: Fernando no es sólo un filólogo, es también uno de los mejores poetas que conozco y un escritor muy bueno, dotado de un estilo literario estupendo. Si te digo la verdad, no sé cómo va a funcionar. Es más, voy a darte una pequeña pista, aunque no sé si debiera hacerlo: la segunda parte de “La dama del lago” va a ser principalmente obra suya. En la primera ya ha colaborado, junto con otro amigo mío filólogo eslavista. La verdad es que creo que va a ser responsable de todo, porque yo voy a intentar quedarme atrás, dado que la única razón por la que “La dama del lago” ha salido tan tarde es por mis muchísimas obligaciones, por mi ingente trabajo, que me impedían cumplir adecuadamente con los plazos.

Por esa misma razón, como ya dije en aquella famosa carta que yo llamo “la autocrítica del Comité Central”, se retrasó la traducción. El editor quería contar con ella, y yo no podía llegar, de forma que el libro ha tardado tanto por mi culpa. Así que tomé una decisión, determinante para la división en dos tomos de “La dama del lago”: los lectores ya no podían seguir esperando más, por lo que saqué la traducción del primer volumen con distintas ayudas, y confié más en Fernando para el segundo, que, estoy seguro, traducirá estupendamente. Ahora, yo estaré supervisando el resultando, para que el estilo sea homogéneo, como es normal.

Y sobre los restantes libros de las Guerras Husitas, si queremos sacarlos en un tiempo razonable, no me puedo comprometer: lo hemos hablado los dos, y hemos llegado a un entendimiento. Los próximos libros van a tener más de Fernando que de mí.

Fantasymundo: ¿Significa eso que tiras la toalla, por ahora, como traductor?

José María Faraldo: La expresión no es exactamente “tirar la toalla”. Simplemente, no puedo comprometerme a que pase lo mismo que ha pasado con “La dama del lago” con la trilogía de los husitas, porque la gente no se lo merece. Hay muchos lectores a los que les debemos todo, y no sólo porque han comprado la saga, sino también porque nos han apoyado todo el tiempo. Y eso no puedo permitirlo. Como tampoco puedo permitir que una editorial, que siempre se ha distinguido por intentar dar una calidad a sus productos, tenga mala fama y pierda dinero. He leído cosas increíbles en Internet, como que se retrasaba “La dama del lago” para intentar sacar más dinero a la gente. ¡Pero si es lo contrario! ¡Cuánto más tiempo pasa, más dinero pierde la editorial! Tal y como está el mercado editorial en los últimos tres o cuatro años, es una verdadera estupidez no sacar un libro tan rentable como “La dama del lago”.

Fantasymundo: Acabas de reconocer que has leído comentarios en la red. Como bien sabrás, esa “autocrítica del Comité Central”, como la has llamado, generó mucha controversia y fue incomprendida, desde el momento en que no se entendió cómo era posible que un traductor pudiese tener un “bloqueo creativo”. Se llegó a decir que dichos bloqueos son más propios de “creadores” que de “traductores”. ¿Y sin embargo, os bloqueáis?

José María Faraldo: Por supuesto. Andrzej ha dicho muchas veces que un traductor es un creador también. Quien haya dicho eso que comentas lo único que demuestra es que no tiene ni idea de nada, y mucho menos de escribir.

Traducir es un trabajo muy duro, sobre todo si te pones con un escritor tan complicado y complejo como Sapkowski, que vuelve el trabajo todavía más duro. Con “La dama del lago” tuve la sensación de que no podía llegar hasta el final y me hizo dejarlo durante un tiempo. Funcionó porque eso me hizo de nuevo entrar en el personaje de Geralt, al que no podía ni ver, te lo aseguro. Pero lo superé, y ahora estoy muy contento de la parte que se ha publicado de “La dama del lago”.

Ésa es otra, “La dama del lago” se ha partido en dos tomos como se podría haber partido cualquier otro de los libros de la saga, porque, y eso lo hemos hablado muchas veces con Andrzej, la saga de Geralt no es una trilogía o una pentalogía: es una sola novela. Se podía haber publicado perfectamente en un solo tomo, desde el principio hasta el final. Se publicó en varios tomos [en Polonia] no por necesidad comercial, sino porque se iba publicando al ritmo en que se escribía. La saga en sí, que no son los dos primeros libros de cuentos, puede considerarse una única novela.

Partir “La dama del lago” fue algo que nos sugirió el propio Sapkowski hace años, si se daba el caso de que yo no podía llegar a terminarla dentro de los plazos marcados. Además, nos indicó que tenía un punto idóneo donde cortarse, que no nos quiso decir, y que, curiosamente, encontré, gracias a mi conocimiento de la estructura de sus novelas. Y no lo digo por “echarme el pisto” sino por todo el tiempo que les he dedicado. Quizás Luis [García Prado, editor de Bibliópolis y Alamut] se las conozca igual de bien, porque se las ha leído muchas veces. Así que encontramos el punto en el que podía cerrarse con un perfecto “cliffhanger” [suspensión de la narración en un punto álgido de la trama]. Ya lo veréis.

El último deseo y La espada del destinoFantasymundo: Entonces, ¿la partición de “La dama del lago” se produce a propuesta tuya y es aceptada a regañadientes por el editor?

José María Faraldo: No, en verdad es un poco al revés. El editor y yo estuvimos hablando de los plazos, y yo le dije que en tal fecha iba a tener tanto traducido. Él me preguntó por la viabilidad de publicar la novela en dos partes y yo le respondí que no me parecía una buena solución, dado que todos están esperando un solo tomo, pero que no era la peor, porque así conseguimos publicar algo para que los lectores tengan qué leer por Navidades, y luego, en la primera mitad del año que viene se publica la segunda parte y queda completa “La dama del lago”. De esta manera, los lectores van a tener que esperar menos.

He leído por ahí que esta solución era una estratagema para ganar más dinero. ¡Eso es absurdo! “La dama del lago” completa costaría prácticamente lo mismo que su versión fragmentada, euro por encima, euro por abajo, pero no se va a vender más. Se van a vender igual. Y eso lo tenemos clarísimo.

Fantasymundo: Otra realidad incontestable, que te he oído decir y que me has comentado, es que “La dama del lago” es lo mejor que has leído dentro de la fantasía en mucho tiempo. ¿Por qué? ¿Qué se va a encontrar el lector en esta novela?

José María Faraldo: Pues con la sublimación de toda la fantasía. Es una absoluta reelaboración de los mitos clásicos fantásticos, incluyendo los medievales, mezclada con esa revisión tan heterodoxa que caracteriza la obra de Andrzej. Es verdaderamente increíble, y espero que la gente lo sepa ver, porque además hay en ella muchas cosas que no se aprecian ni a primera ni a segunda vista; hay que leerla varias veces, junto con el resto de la saga, para descubrir su riqueza. Al intentar traducirla, igual se han perdido muchas cosas, pero no me cabe duda de que si se lee con cuidado, o con un cierto conocimiento del contexto o de la literatura, el lector va a quedar fascinado. Y no me refiero sólo a las pequeñas bromitas o cameos, que conste.

Fantasymundo: Según he comprobado, la literatura de género en la Europa Oriental está muy en boga y es muy predominante. ¿Qué tal la ves, en tu calidad de crítico-articulista y aficionado?

José María Faraldo: En Polonia, la literatura fantástica es increíble. Vas al equivalente a la Fnac en Varsovia y te topas con estantes llenos de centenares de libros sólo de polacos. Tienes a Sapkowski, que cuenta con un armario entero para él solo; a Feliks W. Kres [autor de la saga “El códice absoluto”, de la que se ha publicado en castellano su primer volumen, “La frontera del Norte”, Bibliópolis Fantástica, número 38]; a Thomas Gilovich… Tienes a auténticos superventas, que se cuentan entre los más vendidos de Europa, que sin embargo no son muy allá, conviviendo con otros autores muy buenos, en la agenda de Alamut, pero que, por secreto profesional, no voy a comentarte cuáles son (risilla traviesa). Polonia es un caso excepcional. Casi como Rusia, país dotado de una literatura fantástica propia muy rica y amplia.

Creo que precisamente estos dos países son los dos principales de la Europa del Este en lo que atañe al género.

Fantasymundo: ¿La cantidad y la calidad de los autores y de la literatura de género depende del acervo de cada país?

José María Faraldo: No sé muy bien a qué se debe. Supongo que tiene que ver con el hecho de que, durante las dictaduras comunistas en estos países, se utilizó la literatura fantástica como una forma de hablar de otros temas que no se podían tratar en otro tipo de literatura. En España pasó algo parecido durante los setenta, con el pequeño boom del fantástico, en el que algunos autores, caso por ejemplo de José Luis Garci, utilizaron la fantasía y el surrealismo para criticar, hasta un cierto punto, lo que pasaba. Para posicionarse ideológicamente.

En la Unión Soviética, la crítica velada fue muy bien utilizada por los hermanos Strugatsky; mientras que en Polonia, ese práctica fue seguida por Janusz Zajdel, el escritor que ha legado su nombre al mayor premio de literatura fantástica en Polonia, ganado por Sapkowski en numerosas ocasiones. Zajdel escribió muchas anti-utopías en los setenta, sobre todo, que hablaban en realidad del propio sistema y que eran, en verdad, literatura política. Lem hizo exactamente lo mismo.

Precisamente, las literaturas en Chequia, o Rumanía, abordaron el género con un enfoque similar, pero sin contar con personalidades como Lem, es decir, con escritores consagrados y de un gran estilo que arrastraban a una gran masa de lectores, deseosos de disfrutar de crítica política y buena literatura.

Actualmente, existen figuras como la de Sapkowski, uno de los culpables –junto con Lem- del estatus de que gozan la fantasía y la ciencia ficción en Polonia. Si en España hubiéramos tenido a alguien así durante los setenta y ochenta, nuestra literatura fantástica sería muy distinta a como es ahora. Estoy seguro.

Fantasymundo: ¿Tú crees que realmente la literatura fantástica hubiese encontrado “abono” en España?

José María Faraldo: No tenía más “abono” allí. Ten en cuenta que eran sociedades y literaturas muy realistas. De modo que, ¿por qué no aquí? Simplemente, faltó una personalidad con carácter, una casualidad histórica, por así decirlo. Un autor que además supiese interpretar las demandas de un público necesitado.

Fantasymundo: Acabas de hablar de personalidades; eres uno de los pocos ejemplos que conozco de traductor estrella, junto a, quizás, Ramón Sánchez Lizarralde, el responsable de verter al español la obra de Ismaíl Kadaré, o a Mauro Armiño, de ésos que se asocian con una obra al mismo nivel que su autor. ¿Para que un traductor triunfe tiene que tener el don de la oportunidad? ¿Es cuestión de suerte?

José María Faraldo: El buen traductor tiene que tener las condiciones adecuadas. Fíjate, yo además de Sapkowski, traduje para Bibliópolis a Andreas Eschbach (“Los tejedores de cabellos”), pero no es lo mismo, porque no te permite ese nivel de complejidad, a pesar de que su primer libro sí que requirió un cierto trabajo. No así el segundo, que tenía la estructura de un best-seller y no te permitía grandes florituras. Además de estas condiciones, tiene necesariamente que haber una editorial que te deje hacer y también unas dosis de suerte, qué duda cabe.

Ahora que hablas de los traductores asociados con la obra, siempre asociaré a Lovecraft con Francisco Torres Oliver. En mi opinión, sus traducciones me parecen literariamente superiores a la obra de Lovecraft, y son la razón del enorme éxito que tuvo este autor en España. Torres Oliver consiguió depurar el estilo de Lovecraft, quitándole toda la retórica que tenía, sin traicionarlo del todo, como sí pasaba con ediciones de otras editoriales que no eran Alianza (donde publicaba Torres Oliver). Logró “vender” a Lovecraft.

Fantasymundo: ¿Crees que la traducción en España ha mejorado respecto de los años setenta, en los que se traducía como se podía?

José María Faraldo: Sí, claro, por supuesto que ha mejorado. Ya no se hacen esas estupideces que se hacían entonces de traducir autores, por ejemplo eslavos, del francés o del inglés, como pasó con las primeras ediciones del “Doctor Zhivago” de Pasternak, sacadas directamente del francés.

Fantasymundo: ¿Las traducciones son ahora mejores porque ha mejorado la consideración de ciertos géneros?

José María Faraldo: No sé qué decirte. Los traductores de fantasía y ciencia ficción de los años setenta eran amateurs, aficionados con mucha pasión que hacían lo que podían. Imagino que no se podía hacer otra cosa en esa época. Domingo Santos, que tan criticado es ahora, hacía traducciones honradas, que nos marcaron mucho a todos los que leíamos fantasía y ciencia ficción. No eran de Premio Nacional de Traducción, pero cumplían su papel.

Pero sí, pienso que ha mejorado el nivel, entre otras cosas porque ha mejorado la población en España. Hoy en día, es verdad que hay gente que ha ido a la Universidad, estudiado Traducción y que se ha movido por países. Me gustaría puntualizar que no siempre los mejores traducen las cosas mejores, porque muchas veces las editoriales tienen a mano su cupo de traductores, que a veces son amigos suyos, a los que encargan las traducciones. Encontrar, hace unos años, a alguien que tradujera del polaco era una aventura; hoy no es tan difícil, a pesar de que muchas de las grandes editoriales siguen confiando en polacos, o más bien en polacas, para hacer ese trabajo, lo cual es más bien peligroso. Pero bueno, hay un nivel ya.

Fantasymundo: Eso que dices de las mujeres es cierto. Recuerdo el gran trabajo que ha hecho Agata Orzeszek con Kapuscinski. Pero, ¿y los demás? ¿Qué tal está llegándonos la literatura polaca?

José María Faraldo: De Szymborska y Milosz, dos de los Premios Nobel polacos [en 1996 y 1980, respectivamente] está todo traducido. Pero pasa una cosa: son poetas. Y a los poetas polacos se les ha recibido siempre muy bien aquí, por la enorme consideración de la que goza, desde hace muchísimos años, la poesía polaca en España. A Sienkiewicz [el tercer Nobel polaco, autor de “Quo Vadis?”] se le tradujo antes, incluso desde el polaco, dada su importancia como estándar de la literatura juvenil.

Y sobre el estado en que nos llega la literatura polaca a España, te puedo decir que está mejorando, aunque le queda aún un trecho, porque tiene cosas muy buenas que no podemos encontrar traducidas. Pero se hace lo que se puede: por ejemplo, se acaba de publicar una novela muy interesante, titulada “El siglo”, de Alexander Wat, que ha sido muy bien traducida por una pareja, ella española y él polaco.

Ten en cuenta que en los últimos años, el gobierno de Polonia ha hecho una inversión muy grande para subvencionar traducciones o para pagar directamente los derechos de los libros. Por lo tanto, ya hay una serie de traductores con una experiencia consolidada, que saben hacer las cosas y que tienen ganas, que llevan sus propuestas a las editoriales y que logran que se vayan publicando. Pero bueno, esto es como todo, depende de las editoriales, los intereses…

Fantasymundo: ¿Por qué te empiezas a interesar por los países de la antigua Europa Oriental? ¿Cuál es el detonante?

José María Faraldo: La explicación es bastante sencilla: por la perestroika. Por aquella época (apasionante, pues supuso un boom de la literatura rusa), yo estaba estudiando, y me interesó mucho. De hecho, mi tesis trata sobre la Unión Soviética.

Debo de confesarte que a mí lo que me gustaba era la literatura rusa; me gustaba tanto que empecé a estudiar ruso para poder leerla en su idioma original. Si me lo permites, contaré una anécdota, que suena siempre un poco a chiste pero que es así: por aquel entonces, yo estaba obsesionado con Vladimir Nabokov. Me había leído todo lo que había hecho en inglés, pero nada de lo que tenía en ruso y que él mismo tradujo al inglés. Así que empecé a estudiar ruso para poder leer a Nabokov en ruso. La realidad es que nunca lo he hecho después, y no sé bien por qué (risas).

Luego pasé a interesarme por Polonia porque comencé a dar clases en una universidad polaco- alemana, y entonces me diversifiqué, y leí literatura checa, aunque Capek ya había llegado a España. Si recordáis, Acervo ya trajo antologías de literatura rusa, o de novelas de anticipación, en la que siempre se incluía algún cuento checo. Uno de los que recuerdo con más cariño, y que compré luego originalmente en checo, Josef Nesvadba, lo leí precisamente en Acervo.

Supongo que este interés es fruto de la casualidad, como todo.

Fantasymundo: Me estás dejando abrumado. ¿Puedo preguntarte cuántos idiomas hablas?

José María Faraldo: Hombre, bien, bien, ni siquiera el castellano. Pero podría traducir sin ningún problema del ruso, del polaco, del alemán y del inglés.

Fantasymundo: Vayamos a temas más mundanos. En una entrevista que mantuve con Luis García Prado, me confesó que conoció a Sapkowski gracias a ti. ¿Podemos oír tu versión de la historia? ¿Cómo empieza tu flechazo con Sapkowski?

José María Faraldo: ¡Eso es una historia interesante, ciertamente! A Sapkowski le conocí nada más llegar a Polonia, en el año 95, porque estaba en todas partes. Entre 1997 y 1998 paso un año entero en el país, colaborando con una universidad de allí, y fijo mi residencia en la ciudad de Poznan, desde la que pasaba regularmente también a Alemania. En mi habitación de Poznan empecé a empaparme seriamente de cultura polaca; allí conocí, por primera vez, la obra de Sapkowski.

Y no te creas que fue fácil, porque su editorial polaca le editaba (y le sigue editando, por desgracia) en unas ediciones cutres que echaban bastante para atrás, con unas portadas que daban grima y en un papel que podía pasar por papel del váter fácilmente. No apetecía leerlo, había otras cosas más interesantes a primera vista; de hecho, me compré todo Lem y leí a otros autores que aún se cuentan entre mis favoritos.

No obstante, la fama precedía a Sapkowski, con lo cual decidí darle una oportunidad. Recuerdo haber leído el primer libro en un autobús viejo que me hizo recorrer Polonia durante la tarde del 24 de diciembre de aquel año, de camino a casa de mis suegros. En las seis o siete horas que duró el trayecto, me terminé, absolutamente fascinado, “El último deseo”.

El segundo acto de la historia sucede uno o dos años después, cuando me visita mi buen amigo y por entonces director de Gigamesh Julián Díez, a quien le hablo de Sapkowski con la esperanza de que decida sacarlo en su editorial como sea. Julián se mostró bastante interesado, y puso en marcha toda la maquinaria tradicional con la que se saca un libro al mercado. Pero, como bien sabes, Sapkowski nunca llegó a editarse en Gigamesh porque Alejo Cuervo, entonces editor, lo encargó en alemán, la única lengua occidental a la que había sido traducido, y se lo pasó a una amiga suya, traductora de alemán, con el fin de que le hiciera un informe de lectura. Y no les gustó.

Fue a partir de ese momento cuando Julián le hablará de Sapkowski a Luis, quien quería fundar una editorial empezando con algo fuerte. Realmente, Luis se convenció por un experimento que le hizo hacer Julián: éste le dijo, “pon en Google –hablamos de 1999 [a un año de terminarse la saga de Geralt de Rivia]- Sapkowski, a ver qué te sale”; Luis siempre cuenta que le salieron miles de entradas y referencias. Entonces me llamó a mí, y me preguntó si en verdad Sapkowski era tan importante e interesante como había sostenido. Hablamos de Sapkowski largo y tendido: sobre cómo debíamos sacarlo y traducirlo. Luis me apoyó en todo momento. Es verdad que contamos también con la suerte de que Andrzej tuvo una buena acogida entre los lectores, lo cual nos ayudó mucho: ten en cuenta que éramos una editorial pequeña que sacaba a un polaco de nombre impronunciable que escribía cuentos. Lo cierto es que funcionó, aunque aún no sé dónde está el secreto.


Fantasymundo: Como traductor con una probada sensibilidad, ¿hasta qué punto te afecta que un buen trabajo de traducción pueda estropearse por un mal trabajo de edición?

José María Faraldo: Muchísimo, da mucha rabia. Un mal trabajo de edición es siempre penoso, porque tú estás pagando por tener una edición como es debido.

Fantasymundo: Pero yo me refiero más bien a tu condición de traductor, más que a la de lector…

José María Faraldo: Pues muy mal, como una puñalada. Es como si eres pintor y te tiras diez años en pintar un cuadro para que de pronto llegue un tipo y te diga “esto está muy mal”, y te eche un trazo rojo encima del lienzo. Haces un trabajo, lo afinas, y luego te lo ponen con unas erratas que no han corregido, y que no son tarea del traductor, con una portada tremenda… El último libro de Andrzej, maravilloso, que me compré el día que salió… Tuve suerte, justo estaba por Polonia cuando salió…

Fantasymundo: ¿El de Afganistán? ¿Cómo se llama?

José María Faraldo: ¿Qué cómo se llama? (Reflexiona) El título puede variar… Sería algo así como “La víbora” [Faraldo lo clava: efectivamente, en algunas páginas de Internet ya circula bajo ese título]. Bueno, es un libro maravilloso, muy fino y compacto…con una portada “de a duro”, cutre, con unos tíos con cañones y escopetas que espantan a cualquiera que no sepa quién es Sapkowski. El libro igual se venderá, porque es Sapkowski, pero si llega a ser otra persona…

Ésa es otra de las cosas que me gustan de Bibliópolis/ ALamut: que te pueden gustar más o menos sus portadas, pero están objetivamente bien hechas, con gusto y con cariño. Personalmente no soy mucho de portadas con personajes, pero es cierto que las de Alamut son preciosas.

Fantasymundo: Mójate, ¿cuál es tu portada favorita?

José María Faraldo: Una que no ha salido. Le he preguntado al portadista si es amiga suya la modelo, para que me la presente (risas).

Sinceramente, opino que ninguna está mal. Lo que más me gusta de ellas es que Luis cambió completamente las portadas de una edición a otra, dándole un aire distinto a la serie. Seguramente, cuando deban salir las ediciones “Coleccionista” o “Anotada”, que defiendo porque hay mucho que anotar, su imagen será distinta, quizás más seria, más “aburrida”.

Fantasymundo: Como conocedor declarado del “universo Sapkowski”, ¿qué personajes, pasajes o situaciones prefieres? Porque tendrás alguna preferencia, indudablemente…

José María Faraldo: Prefiero “La Dama del lago”… Sobre personajes o situaciones es difícil decantarse por unos u otras, especialmente cuando estás tan metido dentro, aunque Ciri me parece un personaje alucinante.

La gente, sobre todo aquélla que lee superficialmente la saga, suele quedarse con Geralt (que es un personaje tremendo, no lo vamos a negar), pero que es comparativamente menos interesante por su –matizable- normalidad. Mientras que Ciri, una niña en una novela adulta, es totalmente anómala, y pasa por ser la que más nítidamente evoluciona de todos, pues crece y madura. Es un personaje cuya riqueza le hace merecedor de una tesis doctoral. Lógicamente, será en “La Dama del lago” en donde Ciri brillará con mayor luminosidad.

Fantasymundo: Sapkowski, de talante socarrón, acostumbra a reírse constantemente en sus libros de absolutamente todo, incluso de sí mismo. ¿No te da la impresión de que, por ejemplo, la cuadrilla de Geralt podría pasar por una distorsión paródica de la de “El señor de los Anillos”?

José María Faraldo: Pues sí, fíjate: un vampiro raro para ser vampiro; una paleta que tira de arco y que aborta, antítesis del guaperas de Legolas… Ése sería el sentido, aunque Sapkowski no emplee a estos personajes para una parodia estricta, porque simplemente se limita a ser realista. Es decir, Legolas, por ejemplo, es un personaje mítico, con todo lo bueno de los mitos, pero no es creíble; no puedes imaginártelo yendo al baño, por ejemplo, algo que sí pasa con los personajes de Sapkowski. De hecho van muchas veces…

Fantasymundo: ¿Hay una igualdad del estatus de traductor entre Alemania y España?

José María Faraldo: Para nada.

Fantasymundo: ¿Cómo están considerados en Alemania?

José María Faraldo: En Alemania, un traductor es un TRADUCTOR. Por un lado, respetan todos tus derechos como es lógico y normal, algo que aquí, descontando a Luis García Prado, hace muy poca gente. Por otro, a nadie se le ocurriría publicar traducciones repugnantes, de “equipo”, en periódicos, como sí pasa incluso en El País. Sería impensable.

Lo de España clama al cielo: cuando en la televisión hablan de alguna personalidad extranjera, el 99% de las veces lo pronuncian mal. ¡Y no digamos si pertenece a un país no anglosajón! Mientras, en Alemania, la pronunciación es perfecta: dicen “Zapatero” no “Sapatero”.

Fantasymundo: ¿Y eso a qué se debe? ¿A que estamos negados para los idiomas?

José María Faraldo: Creo que más bien se debe a que hay poco respeto por la cultura. Me he encontrado aquí unas cosas… Lo que comentabas antes, de que había páginas webs donde no lograban concebir que un traductor no es un creador, por ejemplo, es demencial. La gente se piensa que basta con conocer un idioma para saberlo todo, y no es así: es un trabajo serio, intelectual, duro. Lo que no he sido nunca, a pesar de haberlo hecho alguna vez por obligación, es ser intérprete, porque es de locos, un puro trabajo físico. La gente no lo entiende: se piensan que un idioma te entra por la oreja y te sale por la boca. Y eso es un problema gravísimo que tiene su reflejo en las traducciones que realizan ciertas editoriales. ¡Madre mía!

Fantasymundo: Si eso es como dices en Alemania, no me quiero ni imaginar cómo será en aquellos países con una disciplina “soviética” adquirida en su educación…

José María Faraldo: Cierto. En Polonia, por ejemplo, las traducciones suelen ser buenas, aunque les falta dinero. Pero vuelvo a repetirlo: hay una consideración muy diferente del traductor, del científico, del intelectual.

Fantasymundo: Sapkowski ha demostrado con Narrenturm que fantasía e historia no tienen por qué andar reñidas. Si eso es así, ¿cómo es que literariamente una –la historia- goza de un gran prestigio y la otra es diversión minoritaria de frikis?

José María Faraldo: (Faraldo responde con cautela, empleando el mayor tiempo de reflexión de toda la entrevista) Ten en cuenta una cosa: en los últimos quince años, los frikis se han convertido en una clase social muy importante. Ya no son los típicos gordos que vivían sólo para la pantalla de su ordenador, no: ahora gozan de consideración social entre los jóvenes. Por lo tanto, no estoy muy de acuerdo en que sea como dices.

Bien es verdad que la narrativa histórica, a la que supongo que te refieres cuando hablas de “historia”, tiene un mayor prestigio entre los más mayores. De todas formas, no te engañes: la fantasía goza de mayor prestigio del que nos creemos. Lo que pasa es que se vende peor: mucha fantasía que se publica no la puedes reseñar en “El País”, por absurdo; no digo con esto que “El País” (por citar al periódico más puntero de la prensa española) reseñe siempre buenos libros, al contrario, o que sean culpa exclusivamente suya las malas ventas de la fantasía, pues en ello también influyen las maneras en que se venden algunos libros de género por parte de los editores. Ahí tienes el caso del cómic, considerado antes un arte casi marginal, y hoy en las principales páginas de los periódicos sin ninguna clase de complejo. Ahora hay buenos cómics que han sabido venderse; incluso se llaman “novelas gráficas” (que no es lo mismo). Han logrado dar ese paso, que es el que le falta dar a la fantasía.

La literatura fantástica ha fallado en algo. Seguramente, que ha entrado en el mainstream, porque lo que nosotros llamamos “literatura fantástica” es en verdad algo que puede clasificarse según unas convenciones, unas tradiciones, que la definen más como género editorial antes que literario. El handicap de escritores como Sapkowski es que sólo los compran y conocen los lectores y compradores tradicionales de este tipo de literatura; no ha llegado a la misma gente que lee a Umberto Eco, por ejemplo.

Fantasymundo: Me resulta chocante tu interés por el fantástico en un historiador como tú ¿De dónde procede ese interés?

José María Faraldo: (Risilla traviesa) Bueno, ¡conozco a muchos historiadores a los que les gusta el fantástico!. Uno de mis primeros y mejores amigos, y camarada de armas en esto del fandom, cuando yo era fandomita en los años ochenta, es precisamente Juan Manuel Santiago, que estudió Historia en la [Universidad] Autónoma [de Madrid].

(Entre risas) He sido niño y chaval antes que historiador, y le he dado a la fantasía desde que recuerdo. Empecé, como todo el mundo de mi época, con Julio Verne y H. G. Wells, seguí con Asimov y fui subiendo. En la literatura fantástica buscaba la creación de mundos. Por eso me gustaba tanto Nabokov, porque creaba, aunque fuera inconscientemente, mundos. No sé si habéis leído sus “Lecciones sobre literatura”, en las que aborda diversas literaturas por ámbito geográfico (española, rusa…); bien, pues allí disecciona las novelas desde el punto de vista del creador de mundos, analiza la realidad posible de una situación cotidiana; ése es el epicentro de su crítica literaria. También leía mucha literatura no fantástica, sobre todo literatura realista, muy realista, en la que los mundos creados mediante las palabras son igual de irreales que la literatura fantástica, pero más miméticos.

Hubo bastante tiempo, unos quince o veinte años aproximadamente, en que no leí concienzudamente fantasía. De hecho, volví a ella a partir de Sapkowski, con el que recuperé el gusto por la literatura fantástica. Mi prolongado “abandono” del género se debió a la coyuntura: los años ochenta y noventa fueron muy malos para el fantástico. Se hicieron muchas cosas que no me apetecían, como las supersagas en las que se metían Asimov o Herbert; gente que tanto placer me había dado cuando era jovencito estaban haciendo cosas repugnantes, por lo que me dediqué a releer, en inglés, lo que había leído en castellano. Fue así como descubrí que Lovecraft era mejor en la traducción de Torres Oliver que en su versión original.

Quiero añadir algo que me parece importante: creo que la raíz principal de mi interés por el fantástico reside en mis propios orígenes familiares: yo he crecido en un mundo que tiene mucho que ver con la fantasía. Provengo de una familia con muchas raíces en el campo castellano y extremeño, donde sigue habiendo mucha fantasía; en contra de lo que supone la creencia popular, en la literatura castellana, realista como la que más, hay también mucha fantasía no reconocida. Me crié con cuentos de mi abuela absolutamente fascinantes (como el de las moras embrujadas), que luego me servirían de inspiración para dos relatos míos aparecidos en Artifex hace mucho tiempo.

Fantasymundo: He leído en una entrevista que mantuviste con la web Los espejos de la rueda que estuviste metido, muy de refilón, en una “teoría de la traducción” o una “teoría de la crítica”…

José María Faraldo: Es verdad. La universidad Viadrina, en Frankfurt- Oder, en la que estuve trabajando casi siete años, tenía –y sigue teniéndola todavía hoy- una cátedra de lingüística especializada en considerar, como llevamos diciendo, el mundo como una especie de traducción. Una de las más interesantes doctrinas que se impartían desde esa cátedra era la llamada “teoría de las lagunas”, que se centraba en aquellos conceptos inexistentes de un idioma a otro. El objetivo de la “teoría de las lagunas” consistía en intentar explicar conceptos en otros idiomas distintos del original. Ahí aprendí muchísmo.

Se puede decir que no soy un profesional porque no me dedico exclusivamente a esto, pero sí que sé muchas cosas. No me tengo por el típico historiador que estudia los reyes godos, sino más bien como un historiador de la cultura, un “culturalista” (de hecho, mi facultad, en Frankfurt- Oder, era la de Ciencias Culturales).

Fantasymundo: Hace no mucho que has regresado de Alemania, donde has estado dedicándote a la enseñanza…

José María Faraldo: En realidad no, me dediqué más a la investigación. En mis primeros años di bastantes clases, pero luego me dediqué más a investigar, en un centro dedicado a ello. Centro que, por cierto, es el que ha desarrollado buena parte de las teorías sobre la Memoria Histórica o el Holocausto; un sitio dedicado a la historia del Comunismo, por así decirlo. Un lugar estupendo (tuve una suerte tremenda), con el que estuve relacionado desde el 2000 y en el que empecé a trabajar desde 2004 hasta ahora.

Fantasymundo: ¿Cuál era tu campo de investigación?

José María Faraldo: Trabajaba sobre el comunismo en los países del Este. Llegué a dirigir un proyecto pionero, complejísimo y muy bien dotado, sobre la imagen de Europa en los países comunistas: fuimos los primeros que de verdad ahondamos en la idea que se tenía, desde 1945 en aquellos países, de una integración europea.

También tuve entre manos un proyecto sobre cultura popular en estos países en comparación con los del Oeste, que continúo desde aquí, ya que, al decidir volverme a España, me vi obligado a dejarlo a medias. Es apasionante, porque entra en el campo de las emociones, en el fenómeno del miedo durante la Guerra Fría. Lo llamaba “el proyecto de los comics”, porque era en este arte donde se plasmaban muy bien los problemas de aquella época.

Por cierto, el único país de Europa del Este con una tradición y una industria muy potente de comics es precisamente Polonia. En los tiempos del comunismo, se publicaron muchos y muy buenos comics. No sé si sabéis que el ilustrador principal de Thorgal, Gregory Rosiski, trabajaba en Polonia cuando recibió una oferta para trabajar en el extranjero; empezó, como es costumbre, a dibujar desde Polonia y, con los problemas económicos que acuciaron al país, decidió irse y establecerse en Suiza. Algo parecido pasó con el del dibujante de los comics de Geralt, Boguslaw Polch, que estuvo en la nómina de algunas editoriales franco- belgas y alemanas: tiene una serie basada en el mundo de Erich Von Däniken, autor de “Los carros de los Dioses”, una suerte de Stargate a la europea, que se vendió bastante bien en las décadas de los setenta y ochenta.

Fantasymundo: ¿Existen muchas diferencias, más allá del abismo en materia investigativa, en la enseñanza entre Alemania y España?

José María Faraldo: La enseñanza superior en Alemania se está “escolarizando” -por usar una expresión alemana- últimamente, debido al plan Bolonia. Aún así, las enseñanzas en ambos países parten de planteamientos totalmente distintos: mientras que la española es más de tipo francés, orientada a la formación de funcionarios estatales, la alemana está encaminada a formar élites de investigación muy polivalentes, capacitadas tanto para dar clase como para otras funciones. Los nazis llegaron a donde lo hicieron por esta formación elitista y de primer nivel, por ejemplo.

La universidad en Alemania sufrió problemas similares a los de España, con el añadido, además, de que produce una cantidad nada desdeñable de buenísimos doctorados que no encuentran trabajo. Aún así y con todo, las clases son muy distintas allí, porque son mucho más libres. Se proponen seminarios a los que asisten los estudiantes según sus preferencias.

Mis seminarios eran sobre temas en los que me interesaba trabajar, y sobre los que podía decir muchas cosas, no eran un refrito de apuntes sobre un tema genérico (apuntes que, por cierto, luego te van a preguntar en las oposiciones). Es cierto que los profesores en concreto son muy diferentes, y que cada persona aquí hace de su capa un sayo; en eso también tuve suerte, al tener, entre mis profesores a gente como Elena Hernández Sandoica, que luego sería mi directora de tesis, una persona muy capacitada, al nivel alemán. Claro que ella había estudiado en Viena (risas).

He comprobado, desde que regresé, que muchas cosas han cambiado. Por ejemplo, ha mejorado mucho el nivel del profesorado, sobre todo entre los más jóvenes. No quiero decir con ello que los mayores tengan peor nivel, pero sí que éstos estaban condicionados por un sistema muy poco permisivo. Además, la gente joven ha viajado, ha estado en universidades extranjeras, y tiene otra visión. Estas diferencias son también extrapolables a los estudiantes: muchos de ellos ya leen en inglés sin ninguna dificultad. Recuerdo que en mis tiempos, yo ya leía inglés en la universidad, y era un caso semi- excepcional. Hoy en día, todos los estudiantes leen con más o menos esfuerzo en inglés o francés. Y no les importa hacerlo porque piensan que es su obligación.

Además, creo que Bolonia puede ser muy útil y práctico si se sabe hacer bien. He tomado la decisión de emplear la metodología de Bolonia en mis clases [de Historia del Turismo], permitiéndome hacer cosas que de otra manera serían irrealizables. No es cuestión de modelo sino de aplicación, sobre todo cuando se trata de una normativa no vinculante y abstracta. Puedes hacer de ella lo que quieras, y, lamentablemente, pienso que no se está rentabilizando al máximo en las universidades españolas. Veo resquicios.

Fantasymundo: Y respecto a la Historia, ¿cómo crees que está la enseñanza y divulgación de esta disciplina en España? Y, sobre todo, la pregunta que estaba esperando formularte, ¿qué te parece toda esta corriente revisionista que está proliferando entre los estudiosos?

José María Faraldo: Pues que no se puede llamar revisionista a quien no revisa sino que se limita a repetir lo que ya se decía en los años cuarenta, eso para empezar. Es que si gente como Pío Moa repasara la historia…

Fantasymundo: Un personaje que repite datos que el propio régimen franquista acabó rechazando…

José María Faraldo: Ciertamente. Personalmente, opino que él tiene alguna clase de problema psicológico (carcajada de los presentes, menos de Faraldo). No en el mal sentido: él pasó de ser ultraizquierdista [Pío Moa fue miembro del brazo armado de los GRAPO, el FRAP, desde cuya militancia mató a dos guardias civiles] a arrepentirse por lo que había hecho y a ser atacado con una gran ferocidad, radicalizándose sin posibilidad de retorno. Ya no puede reconocer que está diciendo tonterías, algo que sabe perfectamente ya que no es tonto, porque estaría negándose a sí mismo. ¡Qué le vamos a hacer!

Me encantaría que revisara, pero es que no aporta documentos nuevos. Hay cosas que podría refutárselas de principio a fin, porque aluden a documentos que he consultado, como su obsesión por repetir que la Unión Soviética estaba empeñada en convertir a España en una república soviética. Yo he traducido esos documentos, ¡y es mentira! No querían y no deseaban hacerlo porque eso entorpecía toda su diplomacia; querían una república democrática, nada más. Lo que ofrece Moa es una opinión, no un dato científico.

Fantasymundo: ¿Y qué hay de la divulgación?

José María Faraldo: Muy mal. Hasta niveles preocupantes: sin ir más lejos, las revistas especializadas han perdido calidad hasta un punto increíble. Con las revistas de los setenta podías aprobar exámenes, eran excelentes; con las de ahora, no sólo no se aprueba sino que se suspende: ¡dicen cada cosa! Es verdad que hay excepciones, claro, pero el tono general es de padre y muy señor mío.

Fantasymundo: ¿Crees que la entrada de muchos de los países de la Europa Oriental (por ponerles una etiqueta) en la Unión Europea, abrirá las fronteras a un mayor conocimiento de su cultura u opinas todo lo contrario?

José María Faraldo: La integración parece que ha funcionado bastante bien. Mi madre (si la pongo como ejemplo es por aludir a una persona muy inquieta) no sabía antes dónde estaban algunos países… Letonia, Estonia y Lituania, las tres repúblicas bálticas, sí, porque en los tiempos de la dictadura franquista eran muy importantes, y se les daba mucha relevancia en las escuelas, con aquello de “La iglesia cautiva”…

Se nota que ahora hay un cierto interés por ellos, que se publican más libros, y que la gente los visita. En una revista polaca escribí un artículo sobre un hecho que me dejó asombrado: en el verano de 2005, multitud de españoles viajaron a Varsovia. ¡Varsovia ocupada! (risas) Siempre hubo un turismo español en Polonia, no voy a negarlo, pero a ese nivel, que yo sepa, jamás. Y eso es muy bueno, y es la principal razón por la que creo que la integración ha funcionado, porque luego los turistas regresan con otra mentalidad y otras ideas, ya no se considera a Polonia, por ejemplo, como un país extraño o lejano. Y al revés, igual: pasé de ser algo exótico a ser uno más. Dejé de ser “torero” desde el mismo instante en que los polacos empezaron a conocer España y ver que no había muchos toreros por las calles.

Fantasymundo: Ni Papas en Polonia…

José María Faraldo: Cierto. Aquí hay una imagen de Polonia bastante equivocada. Y supongo que la culpa de esta mala imagen la tuvieron los dos años tremendos de los hermanos Kaczynski.

Fantasymundo: A mí me caen muy bien, me parecen muy simpáticos.

José María Faraldo: Pues el que es ahora presidente lo conocí una vez en una recepción cuando era alcalde de Varsovia y me pareció un tipo muy campechano, muy simpático. Lo que pasa es que piensa y dice unas cosas brutales. Eso hizo mucho daño.

Creo que los periódicos españoles no supieron cómo enfrentarse a ello. Es similar a la imagen que daba el Aznar de la mayoría absoluta, la de un ser raro que grita cosas. Los españoles notaban que era algo parecido, supongo. Qué le vamos a hacer, esa gente estuvo ahí, por una carambola extraña, pues no ganaron las elecciones sino que se coaligaron; gracias a Dios o a quien sea no duró más que dos años. Los polacos los echaron volando [Faraldo se refiere a que uno de los hermanos, Jaroslaw, dejó de ser presidente del gobierno al caer por una moción de censura múltiple] en cuanto se dieron cuenta de que estaban creando un ambiente irrespirable. Es verdad que si hubieran seguido mucho más hubieran sido un problema tanto para Polonia como para Europa porque estaban controlando niveles del estado peligrosos e introduciendo mucho veneno en la vida pública polaca.
De todas maneras, veo difícil que se repita un caso tan extremo como el de los Kaczynski.

Fantasymundo: Te voy a someter, como hacemos siempre, a una batería de preguntas rápidas. Dime lo primero que se te ocurra sobre:

El Brujo: (entre risas) ¡La madre que lo parió!
Matilde Horne: Un típico ejemplo de la miseria española.
Andrzej Sapkowski: Un Maestro.
Traduttore Traditore: Lo que somos todos.
Historia del Turismo: Un campo por explorar, y muy interesante, del que la gente no se da cuenta.
Andreas Eschbach: Escritor y persona francamente interesante con muy poca suerte en España.
Gigamesh: Mi juventud.
Bibliópolis/ Alamut: Dos editoriales que me han dado mucho (y no me refiero al dinero).
Extremadura: Un país muy bonito.
Camino sin retorno: Algunos de los mejores relatos de Sapkowski.

Fantasymundo: Muchas gracias por habernos recibido, ha sido un verdadero placer haber charlado con un grandísimo conversador como tú, del que siempre se aprende un montón, y al que deseamos que sigas por este camino… sin retorno.

José María Faraldo: Quería daros las gracias yo también. No soy muy partidario de conceder entrevistas, porque no pienso que tenga que darlas, pues para eso ya están los autores, pero he accedido a hablar con vosotros porque me gusta de verdad lo que hacéis y cómo lo hacéis. Por eso consulto a menudo vuestra página.

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