La cámara fotográfica y el fusil, empuñados ambos por unas mismas manos: las de fotógrafos que tomaron parte activa en el conflicto que desangró España hace ochenta años.

 

Cuando pensamos en la memoria gráfica de la Guerra Civil Española, normalmente nos vienen a la mente imágenes tomadas por alguno de los renombrados fotoperiodistas que cubrieron el conflicto. Nombres españoles (como Agustí Centelles, Díaz Casariego o Benítez Casaux, entre otros muchos) o extranjeros (como Robert Capa, David Seymour o Gerda Taro, por citar solo tres).
Todos ellos tenían en común dos cosas: eran profesionales de la fotografía y con su trabajo contribuían al esfuerzo de la República.

Pero, pese a su preeminencia en el imaginario colectivo, esa no es la única imagen gráfica de la Guerra Civil Española; una guerra relativamente poco filmada, pero muy fotografiada.

Aunque en los años treinta del siglo XX la fotografía portátil —con cámaras de pequeño formato y película de 35 milímetros— aún no había vivido la eclosión que siguió a la Segunda Guerra Mundial, ya abundaban en España los aficionados a la misma. Tanto ellos como muchos profesionales modestos —que vivían de la fotografía en su vertiente más prosaica— ejercían de testigos de la sociedad de su tiempo.

Con sus cámaras dejaron testimonio de los acontecimientos más relevantes de la historia de España, y la Guerra Civil no fue una excepción. Alistados para luchar en esa contienda que desangró al pueblo español, algunos llevaron sus cámaras consigo para retratar escenas del frente y la retaguardia.

Eso fue precisamente lo que hicieron los autores de las más de novecientas fotografías que reúne el libro «La cámara en el macuto. Fotógrafos y combatientes en la Guerra Civil Española», de Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga Ariznabarreta. Recién llegado a las librerías, ha sido publicado por La Esfera de los Libros y cuenta con prólogo de Stanley G. Payne.

Los fotógrafos cuya obra se reproduce en este libro participaron activamente en el conflicto, encuadrados como voluntarios carlistas del bando nacional.
Con estilos muy dispares y tomadas en distintos frentes, todas las fotografías tienen, sin embargo, algo en común: reflejan el punto de vista de alguien que participa en la guerra, no de un mero testigo de la misma.

Se trata de fotografías en blanco y negro, originales, sin retoques fotográficos, de notable calidad, inéditas en su gran mayoría y relativas a un momento clave de la historia del siglo XX, la Guerra Civil Española.
Salidas de las cámaras de siete fotógrafos no profesionales y mantenidas en archivos familiares durante ochenta años, constituyen una valiosa aportación al conocimiento historiográfico de las campañas en las que combatieron los voluntarios carlistas, así como de la retaguardia del bando nacional.

Más de novecientas fotografías en blanco y negro, originales, sin retoques fotográficos, de notable calidad, inéditas en su gran mayoría y relativas a un momento clave de la historia del siglo XX, la Guerra Civil Española, centradas en el papel del carlismo en esa conflagración.

 

Fueron tomadas en diferentes frentes y escenarios bélicos por los voluntarios carlistas Sebastián Taberna, Nicolás Ardanaz, José González de Heredia, Martín Gastañazatorre, Julio Guelbenzu y Germán Raguán, a cuya lista se une una mujer, la margarita voluntaria Lola Baleztena.

El libro está estructurado temáticamente, de manera que el lector tenga ante sí, agrupadas, distintas miradas a los mismos aspectos de la guerra. Frentes y episodios bélicos, principalmente, pero también, con carácter más transversal, facetas concretas de la vida de los combatientes.

Familiarizados con una imagen más épica de la Guerra Civil —creada, a menudo, con propósito movilizador o propagandista— resulta llamativo el aire de cotidianeidad que, incluso en medio del conflicto bélico, envuelve a unas fotografías que tienen más de testimonio que de iconos.

La mirada de estos fotógrafos, libre de artificios, no es por ello menos poderosa que la de fotoperiodistas buscadores de épica. Su fuerza radica en su autenticidad, capaz de conmover al espectador y derribar barreras.
Más que, metafóricamente hablando, entreabrir una ventana desde la que contemplar con distancia aquellos años de guerra, lo que hacen estas fotografías es abrir de par en par una puerta por la que entrar en aquella realidad.

Familiarizados con una imagen más épica de la Guerra Civil —creada, a menudo, con propósito movilizador o propagandista— resulta llamativo el aire de cotidianeidad que, incluso en medio del conflicto bélico, envuelve a unas fotografías que tienen más de testimonio que de iconos.

 

Desde el punto de vista material, estamos ante un libro bien editado, concebido para durar y servir como obra de consulta y referencia.

De tamaño A4 y encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, cuenta con más de quinientas páginas de alto gramaje, que soportan bien la impresión de las fotografías.

La ilustración de cubierta recurre a dos fotografías que resultan representativas del contenido de la obra.
Detalles como la fotografía de las guardas contribuyen a transmitir la impresión de edición cuidada y bien hecha.

 

 

Pablo Larraz Andía (Pamplona, 1974) es doctor en Medicina por la Universidad de Navarra y médico rural en Cáseda (Navarra).

Sus investigaciones históricas se han centrado en aspectos sociales, sanitarios y militares de los conflictos civiles que asolaron España en los siglos XIX y XX. En ellas, ha recurrido a fuentes personales y directas —cartas, diarios de guerra y, sobre todo, fuente oral— y a la fotografía como medios privilegiados de acceso al contexto antropológico y social que rodearon los conflictos, centrándose siempre en las vivencias íntimas y en la perspectiva humana.

Entre sus publicaciones destacan Entre el frente y la retaguardia. La Sanidad en la Guerra Civil: El Hospital Alfonso Carlos, Pamplona 1936-1939 (2004), obra galardonada con el IX Premio Internacional de Historia del Carlismo Luis Hernando de Larramendi; Aventuras de un gentleman en la tercera carlistada (2007), junto con J. Ansorena y F.J. Caspistegui; La batalla de Lácar, 3 de febrero de 1875 (2010); Requetés. De las trincheras al olvido (La Esfera de los Libros, 2010), junto a V. Sierra-Sesúmaga, que ha dado lugar a varias ediciones; y Abárzuza, 1874. El día en que murió Concha (2013). Es también autor de varios capítulos de libros y numerosos artículos en revistas especializadas de ámbito nacional e internacional.

Víctor Sierra-Sesúmaga Ariznabarreta (Bilbao, 1953) es titulado superior en Informática por la Universidad de Deusto y ha desarrollado su actividad profesional en el mundo empresarial. Estudioso de la iconografía carlista y, en particular, de la fotohistoria en el campo carlista, ha logrado reunir una notable colección de originales sobre la guerra civil de 1872-1876.

Fruto de un constante peregrinaje por archivos públicos y privados, y de sus propios fondos, ha publicado junto a José María Uriarte el libro José de Lejarreta. Fotógrafo de la 2ª Guerra Carlista (2007); Requetés. De las trincheras al olvido (La Esfera de los Libros, 2010), junto con P. Larraz Andía; y Don Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria-Este, Carlos VII. BIografía, bibliografía e iconografía (2016), junto a J. I. Ortega Villar. Es también autor de numerosos artículos en revistas especializadas.

Puedes comenzar a leer este libro aquí.

Puedes encontrar «La cámara en el macuto» aquí:
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