La Bomba | Cómic

Me he convertido en La Muerte, el destructor de mundos

Desde el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, han sido muchas las obras que han intentado representar el horror de ese día en forma de películas, libros, series de televisión, música o, como en este caso, cómics.

Hablar de la bomba atómica supone hablar de uno de los peores actos que ha cometido el ser humano a lo largo de su historia, de la pérdida de cientos de miles de vidas inocentes y de la demostración de que unos pocos hombres pueden decidir el destino de muchos.

La historia de la bomba atómica

Creo que todos, en mayor o menor grado, hemos disfrutado de las historias basadas en la 2º Guerra Mundial. Hay libros maravillosos que cuentan sucesos históricos concretos o películas que nos muestran las vidas de un grupo de soldados durante la guerra. También tenemos obras que han intentado representar la magnitud de lo que supuso la existencia del Proyecto Manhattan pero, hasta ahora, no habíamos encontrado ninguna obra capaz de ilustrar con tantísimo detalle y rigor la vertiente científica y técnica de todo este proyecto.

A lo largo de sus más de 500 páginas, La bomba – publicado por Norma Editorial -, guionizada por Alcante y Laurent-Frédéric Bollée y dibujada por Denis Rodier nos cuenta todo el proceso de creación, desarrollo y lanzamiento de la bomba atómica desde el descubrimiento de la reacción en cadena controlada por parte del físico Leó Szilárd hasta unos días después del lanzamiento de la segunda bomba sobre Nagasaki.

En un primero momento, podría parecer que el argumento de La Bomba se limita a contar una serie de hechos históricos ocurridos en los despachos de algunas de las mentes detrás del Proyecto Manhattan y, aunque en parte es así, lo cierto es que la obra narra una historia de manera magistral que sabe intercalar la situación bélica mundial, con la política y socioeconómica de potencias como Estados Unidos, Rusia, Alemania o Reino Unido.

Figuras históricas

Para ello, los autores han recurrido a la representación de decenas de figuras reales que formaron parte del proyecto de manera directa o indirecta, lo que nos da la oportunidad de ver a científicos de la talla de Oppenheimer, Enrico Fermi y Albert Einstein. También hacen acto de presencia grandes figuras militares de la época como Eisenhower o Charles McVay y políticos como Hitler, Stalin, Roosevelt o Churchill. Estos son solo algunos de los muchísimos nombres que veremos, en mayor o menor medida, a lo largo de una obra que no ha escatimado en esfuerzos por hacer un representación lo más real posible del contexto que se vivió en el siglo XX.

Al igual que ocurre con las figuras históricas, La Bomba no tiene problema en mostrar decenas de ubicaciones clave que irán desde las pequeñas oficinas de la Universidad de Oxford hasta las instalaciones secretas construidas en Los Álamos (Nuevo México) dónde tuvieron lugar las últimas pruebas y experimentos finales antes de lanzar la bomba atómica.

La Bomba Norma Editorial

Un narrador radioactivo

Una de las particularidades de esta historia tiene que ver con su narrador. La historia transcurre a lo largo de varios años y, en todo momento, el narrador que nos va llevando de un lugar a otro es nada más y nada menos que el propio uranio. Desde este punto de vista tan particular, este elemento químico será el encargado de ir presentando y destacando a los personajes y situaciones clave que consiguieron hacer avanzar un proyecto tan largo y costoso para Estados Unidos – y para el resto de potencias que competían en la carrera por desarrollar la bomba -.

Aunque el uranio es el narrador principal, a lo largo de las páginas serán muchos los personajes que harán de protagonistas en un momento u otro. En nuestra opinión, es todo un acierto ir cambiando de protagonistas para dotar a la historia de un tono más coral que, al final, contribuye a crear ese aura de que, los primeros en lograr terminar el proyecto, serían los ganadores de la guerra.

Esto también provoca que, en algunos momentos, perdamos el hilo o no tengamos claro si un personaje en concreto había salido con anterioridad en la historia o es su primera aparición. Cambiar constantemente de punto de vista tienes sus pros pero también sus contras y, en este caso, requiere que estemos muy concentrados en la lectura para no perdernos en momentos clave.

Un dibujo detallado

Denis Rodier, el dibujante del proyecto, ha optado por un estilo muy realista y detallado en blanco y negro que contribuye a crear una atmósfera de documental, como si estuviéramos revisando documentación antigua para un proyecto de investigación y, lo cierto, es que encaja a la perfección con el tono del proyecto.

El artista se ha inspirado en multitud de fotografías de los científicos y políticos de la época así como de todo el material audiovisual existente sobre las instalaciones que se usaron para dar vida al Proyecto Manhattan con el objetivo de ser lo más fiel posible en todo momento y lo consigue con muchísimo acierto.

Una edición de lujo

Una vez que tienes el tomo de La Bomba entre las manos, queda claro que en Norma Editorial sabían que era una historia especial. El mimo y cariño puesto a esta edición está a años luz de lo que cualquier lector podría esperar.

Para empezar, hablamos de un tomo de 500 páginas en tapa dura formato cartoné que pesa cerca de 2 kilos y mide 21 x 28,5 cm, lo que lo convierte en un cómic gigantesco que, pese a ello, se lee con bastante comodidad. Su gran tamaño permite que las viñetas sean bastante grandes, lo que contribuye a disfrutar mejor de los dibujos y, sobre todo, a poder fijarnos bien en los rostros de los personajes para identificarlos con más facilidad durante la lectura.

Conclusiones de La Bomba

Los amantes de la historia reciente tienen aquí una compra más que obligada. Los amantes de las buenas historias, repletas de situaciones y personajes bien construidos tienen aquí una compra más que obligada. En general, los amantes del buen comic tienen en La Bomba una compra más que obligada.

Es muy complicado encontrarle un pero a La Bomba y, por tanto, solo podemos decir que nos ha parecido una de las lecturas más interesantes de todo lo que llevamos de año. Ojalá y más autores trabajasen con el mismo mimo y dedicación con el que lo han hecho Alcante, Bollée y Rodier.

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Director de la sección de videojuegos. Economista especializado en marketing. Hablo de videojuegos, cine y libros siempre que puedo.

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