Serie Halston, de Netflix

‘Halston’ pretende darnos una perspectiva rápida de la vida, obra y milagros del modisto estadounidense Roy Halston Frowick (1932-1990) quién, durante casi veinte años, fue un icono de la moda. Tras caer en desgracia él, y lastrar su nombre incluso antes de su muerte, Halston adormece entre las marcas de moda a la espera de un nuevo despertar que, quizás, llegue ahora de la mano de Xcel Brands quién la adquirió -por no poco dinero- en 2019. ¿Quién sabe si no estará esta compañía tras esta serie y no sea éste el comienzo de una nueva vida?

Netflix ha puesto no poco empeño en ella. El proyecto ha recaído en el siempre demandadísimo Ryan Murphy quién, últimamente asociado a fuego con la plataforma, ha decidido poner tras la cámara al experimentado Daniel Minahan, a su vez fuertemente vinculado con HBO y Showtime; dos profesionales experimentados y curtidos.

La serie convierte a Halston en un cliché

El reparto tampoco se queda atrás en cuanto a calidad, ambición y experiencia. Ewan McGregor lo encabeza interpretando al protagonista absoluto, Halston, en uno de esos roles histriónicos que hace de vez en cuando, con resultado dispar. Está acompañado de Krysta Rodriguez (Liza Minnelli), Rebecca Dayan (Elsa Peretti), Bill Pullman (David Mahoney) y Gian Franco Rodriguez (Víctor Hugo); en los personajes secundarios más destacados. Acompañados, además, por David Pittu (Joe Eula), Sullivan Jones (Ed Austin), Rory Culkin –hermano de Macaulay Culkin– (Joel Schumacher), Kelly Bishop (Eleanor Lambert) y Vera Farmiga (Adele).

En este biopic hay mucho dinero invertido también en producción. Los escenarios transmiten ese lujo que siempre ha rodeado a Halston en la vida real. El vestuario, el mobiliario, la calidad constructiva y los diseños de los escenarios y los objetos… todo transmite el lujo y la sencillez, la calidad y el colorido que han definido, desde sus inicios, al estilo de Halston. Y, aun así, la serie apenas entretiene.

Póster de Halston, serie de NetflixMás allá de todos los recursos invertidos, el problema de ‘Halston’ está en una perspectiva del personaje terriblemente superficial y anecdótica que apenas rasca en lo ya entonces visible de él. Su historia posee un potencial mucho mayor del que, ni si quiera, se llega a tratar aquí o que, si se trata, solo es una brizna de apenas unos minutos en una serie, ya de por sí, bastante escasa en metraje: cinco capítulos de cuarenta y cinco minutos cada uno (225 minutos en total). Todo ese potencial desperdiciado o abandonado ha reducido al Halston de McGregor de personaje a cliché: el de un diseñador talentoso de carácter caprichoso y comportamiento histriónico que vive intensamente el ambiente homosexual ostentoso del Nueva York de 1970 (década en la que vive la serie la mayor parte del tiempo).

Para la marca Halston esto tampoco es una buena noticia. La serie no solo convierte a Halston en un cliché sino que, al centrarse tanto en él, al dejar fuera tantos elementos de su atmósfera y su mundo, se convierte en un relato soso, aburrido y a veces previsible que borra por completo la esencia de lo que él quería representar a través de sus diseños. Un personaje plano, sin fondo, que desperdicia la oportunidad de darle un cuerpo emocional y una razón de ser a la persona que él era.

Nadie que viera un producto Halston, hoy en día, sabría qué quiere representar. Irónicamente, la serie, como el Halston real, ha visto el tren pasar y lo ha dejado marchar: los dramas de su infancia y su huella emocional, su evolución como creador hasta llegar a diseñar sombreros que llegó a vestir la mismísima Jackie Kennedy, los problemas interiores que generaba su relación con los demás… todo ese material se desaprovecha de forma dramática. Con la única y rutilante excepción de un McGregor que sí sabe sacar lo mejor de sí mismo y del poco material bueno con que ha contado en este proyecto.

No sé si Netflix estará ilusionada o no con el resultado de su apuesta incondicional por Ryan Murphy. Pero lo que está claro es que el ritmo de producción al que ambos están trabajando está dando, visiblemente, cada vez productos más simples, pobres y aburridos. Este es otro más, si bien con el drama de saber que su potencial es (era) muchísimo mayor del que se ve en la pantalla. Desilusión.

Nota: 5/10

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