graveyard keeper - portada

Gestionar un cementerio debería ser uno de los trabajos más tranquilos que existen. ¿Qué podría salir mal?

Con la larguísima vida que tienen los simuladores de administración de cualquier cosa que se nos pueda ocurrir, realmente ha habido pocas veces que nos hayan sorprendido. Los hay de muchísima calidad, como aquellos Rollercoaster Tycoon de hace décadas, o con conceptos a priori más particulares, como Theme Hospital. No, mis referencias no son muy actuales. Pero al final es uno de los géneros que menos ha evolucionado per se desde aquél revolucionario Simcity.

Todo esto fue cambiando gracias a la llegada de Harvest Moon o Stardew Valley, referencias más directas al título que nos ocupa. A la necesidad de llevar correctamente una infraestructura cualquiera, se le une un contexto o arco argumental más o menos definido que le aporta profundidad.

Graveyard Keeper bebe un poco de ambas cosas. Se posiciona como un simulador atípico, algo alejado de lo que nos podríamos esperar, como es la gestión de un cementerio en la época medieval. Pero como veremos, pronto se aleja de este objetivo en pro de ofrecernos una aventura completa centrada más en la gestión de recursos y de objetivos a largo plazo no relacionados con cadáveres.

Trasfondo tétrico

Lazy Bear Games y tinyBuild han desarrollado un producto que se cuela en varios mundos y con una acusada marca personal que ya ellos mismos definen desde el comienzo como “el simulador de cementerios más impreciso de la historia”. Bueno, seguro que no hay muchos competidores. Aún así, no podemos estar más de acuerdo.

La historia, que la hay, nos pone en la piel de un señor cualquiera con barba de la época actual que, después de un accidente de tráfico, se despierta en un pequeño mundo medieval del cual resulta que es el nuevo guardián del cementerio. Su labor es ir despachando los cadáveres que le trae un burro parlante sacado de Rebelión en la Granja desde La Ciudad. Que sea enterrándolo, tirándolo al río, incinerándolo, resucitándolo o cortándolo a pedacitos para vender su carne o hacer velas con su grasa, eso ya es cosa nuestra.

Sí, todas las opciones son correctas. El juego está envuelto de un tono oscuro y sarcástico, con mucho humor negro, que hacen más livianas las tétricas decisiones que tenemos que tomar. Por el camino, lo de siempre. Conoceremos a un par de decenas de personajes más o menos relevantes que nos van mandando misiones que nosotros, obedientes, realizaremos sin rechistar.

Más que argumento, estamos en una situación de contexto, a veces explícito y otras implícito, que recuerda más a obras como Blasphemous, valga la distancia entre ambas propuestas en lo jugable. Hay elementos muy interesantes a los que se les podría haber sacado más partido: El sistema de día/noche hace referencia directa a los pecados capitales, por ejemplo. Al final se queda un poco a mitad de camino, pero lo cierto es que es agradable de seguir y resulta entretenido. Punto a favor.

De repente, una calavera que habla

Graveyard Keeper se basa en una serie de principios que lo hacen un producto con una personalidad muy particular, dentro de la carcasa más común de gestionar recursos, cortar leña, plantar zanahorias y hablar con gente.

El primero y más importante con diferencia, es que te deja solo muy pronto, para que descubra uno mismo como funciona su sistema. Además, de forma bastante cruel. Una calavera que habla, Gerry, que hace las veces del peor personaje de ayuda que haya visto en cierto tiempo (casi prefiero uno que me ayude y luego me quiera matar a lo GlaDOS), explica al comienzo los pasos precisos para preparar la autopsia de un cadáver. Aparte, la construcción de alguna estructura y poco más. Allá te apañes.

La cosa es que no es nada fácil saber qué tienes que hacer o como llegar a ello. El ciclo de día, como se consiguen los recursos, como avanzar en las misiones, todo es algo que tienes que ir explorando por cuenta propia, de forma bastante injusta. Eso sí, al final llega la respuesta y siempre, siempre, es muy satisfactorio conseguirlo. La sensación de recompensa es enorme. Alarga innecesariamente la vida del juego y descompensa mucho los recursos que generamos, eso también.

Recuerdo en un momento concreto tener trescientos repollos y un solo tronco de madera cuando, exagerando ligeramente, lo necesitaba al revés. Pero claro, era mi primer día y nadie me explicó en qué consistía mi trabajo.

Misiones de vida a largo plazo

El segundo principio en que se sustenta Graveyard Keeper es que las misiones que te van exigiendo los personajes secundarios son, casi siempre, engañosas. Pensadas a largo plazo en su inmensa mayoría, pero camufladas como requerimientos sencillos. Otro ejemplo: uno de los primeros personajes que conocí, a los quince minutos o así de empezar, fue al escritor de la taberna. Me pedía un poco de papel y tinta para poder obrar su magia. Incluso, generoso él, me comentó que podría hacerlos yo mismo en la iglesia o comprárselo a un astrólogo que no conocía en el momento.

Quince horas de juego me llevó conseguir la tinta. Quince. El papel solo diez, gracias por eso. Me encantaría comentar por aquí todo lo que tuve que hacer paso por paso, pero esto dejaría de ser un análisis y se convertiría en una guía con spoilers.

El caso es que en vez de una sucesión de pequeñas misiones acumulativas, aquí tenemos delante a verdaderas gargantúas de objetivos a largo plazo que convierten el título, y ojo que esto es crucial, no en un gestor de cementerios sino en un gestor de objetivos y de planificación a medio plazo. Me recordaba mucho más a un juego de estrategia histórica como el Europa Universalis que a Simcity. Resulta estresante en ocasiones y a veces injusto si no lo enfocamos correctamente. Pero claro, no avisa.

Esto tiene como contrapartida algo muy positivo para la experiencia en general, y es que la sensación de avanzar en el juego es constante. Vale, ni idea de donde conseguir la tinta, pero ya se como arreglar una lápida, luego crear leña, construir un aserradero, mejorar la valoración del cementerio, etc. Siempre tienes algo que hacer y siempre lo consigues. No recuerdo ni una sola vez que me haya quedado atascado. Abrumado sí. Confuso, mucho. Desbordado, también. Pero nunca parado.

Crecimiento con el paso del tiempo

Está claro que Graveyard Keeper mejora mucho según van pasando las horas y empiezas a entender como funciona, no tanto en el detalle sino en su concepto. Para poder crear más recursos necesitamos puntos de tres colores que gastamos libremente en un árbol de tecnología dividido en seis secciones. Los conseguimos haciendo literalmente cualquier cosa y la dificultad está en nivelar los tres tipos. Sobre todo el azul, mucho más difícil de conseguir.

Por otro lado, el tercer y último de los principios en un particular sistema de ciclo diario. Nada nuevo en este caso, salvo que la semana dura seis días y en cada uno de ellos aparecerá un personaje específico relacionado con un pecado capital (como el inquisidor representando la ira y el mercader la codicia) al que no veremos el resto del tiempo. Para recuperar energía y salud, que gastamos también por cualquier cosa, debemos dormir, planificándonos bien cuándo despertarnos, no vaya a ser que se nos pudra un cadáver en la puerta de la morgue.

Por lo demás es bastante arquetípico en cuanto a su jugabilidad. Hay combates simplones con enemigos genéricos, mazmorras que explorar, zonas que se van abriendo poco a poco y un larguísimo etcétera. Es un título muy completo en cuanto a posibilidades y con bastante variedad de situaciones dentro de los límites de su propio género.

Contenido extra

Para los que ya jugaron a las versiones que salieron hace unos años, la que estamos analizando incluye también sus tres DLC, cada uno con añadidos específicos a su jugabilidad que se dejan ver desde el principio de una nueva partida.

Breaking Dead nos permite crear una mesa de resurrección para convertir a algunos cadáveres en esclavos que automaticen tareas simples como recolección, cortar madera o picar piedra. Tarea nada fácil.

Stranger Sins aumenta el contexto de algunos personajes y nos permite, llegado el momento, construir nuestra propia taberna, para poder producir y vender comida y bebida a un ritmo mucho mayor que en el horno de nuestra casa.

Game of Crone incluye un campamento de refugiados a los que tendremos que ayudar a crecer y una nueva serie de tareas para el burro parlante que nos trae los cuerpos, empeñado en crear una revolución comunista.

Todas estas ampliaciones, sin aumentar las posibilidades de la jugabilidad como tal, aumentan el interés, la diversidad de tareas a realizar al mismo tiempo y ofrecen recompensas muy interesantes para el jugador, que no tiene porqué completarlas para acabar el juego. Pero automatizar las tareas pesada y poder vender rápidamente la comida os aseguro que merece la pena, que hace falta muchísima materia prima para crear lápidas y bancos de iglesia.

Pixel art y luces dinámicas

El título de este apartado define claramente el aspecto visual de Graveyard Keeper. No es nada del otro mundo en temas técnicos y hay veces que algunos iconos o elementos se pierden por lo excesivamente pequeños que son o no se distinguen entre ellos en los inventarios, pero queda bien resuelto. Destacan, sin duda, las luces nocturnas, calculadas de forma dinámica y con un aspecto mucho más avanzado que el resto, como si hubieran querido integrar ese efecto concreto en 3D en vez de con arte 2D. La niebla y lluvia funciona similar, creando cierto contraste con los entornos.

El mapa es bastante extenso y a veces algo vacío, pero cumple bien su función y resulta entretenido de recorrer. Más aún cuando descubrimos que existe una piedra para teletransportarse de la que, para variar, nadie nos hablará jamás. De nada.

En el audio está bastante más limitado, entre que no hay voces más allá de gruñidos y los temas de fondo resultan algo repetitivos, ya que corresponden a las diferentes zonas del mapa, pero cumple y poco más. Realmente, con la cantidad de horas que podemos estar hablando de los temas jugables, los técnicos simplemente, funcionan bien. Nada más.

Conclusiones

Graveyard Keeper es un título muy particular cuya curva de aprendizaje inicial puede resultar frustrante pero que te lleva continuamente a estar un rato más, ya que siempre estaremos cerca de algún objetivo que podemos conseguir más fácilmente. Un cementerio no creo, sinceramente, pero para gestionar tareas y el estrés, puede ser útil.

Fuera de bromas, es muy recomendable. Entretenido y desafiante en todo momento, lleno de vida y cosas por hacer, variedad en las misiones dentro de lo que supone un gestor de este tipo y unos personajes estereotipados pero con cierto encanto.

Graveyard Keeper lleva disponible ya un par de años para Windows, OS X, Linux y Xbox One y desde hace menos, para PlayStation 4 (la versión analizada) y Nintendo Switch, así como versiones para Android e iOS.

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