Ghostrunner

Interesante mezcla en primera persona de acción y plataformas tan frenético como frustrante. Ser un ninja nunca es fácil, tampoco en el futuro.

No sólo del Japón feudal vive el ninja. De hecho, seguramente se moverían como peces en el agua en cualquier ciudad actual durante la noche. La cantidad de estímulos lumínicos a los que estamos acostumbrados distraen y llaman tanto la atención que esconderse entre ellos es tarea fácil. Más aún en esas ciudades asiáticas que solemos ver en los diferentes medios audiovisuales, llenas de neones y cartelería.

En One More Level aprovechan el tirón que tiene actualmente la estética cyberpunk, con su contaminación lumínica y sus colores saturados, para traernos Ghostrunner. Una propuesta muy curiosa, mezcla de diversas fuentes, que nos pone en la vista en primera persona de un protagonista muy aficionado al parkour. Por lo tanto, la velocidad y reflejos serán esenciales para culminar nuestras misiones. Sin embargo, su característica principal es, digamos, la facilidad que tendremos para perder la vida. Como reza la propia página principal de la web oficial del juego, te vas a morir.

Un fantasma particular

Después de una escena inicial un tanto confusa, despertamos en mitad de una ciudad futurista cualquiera sin memoria ni prácticamente habilidades. A través de unos pocos personajes y sobre todo, voces en off, vamos recordando poco a poco quiénes somos y cuál es nuestro propósito. Todo esto mientras escalamos la superestructura que es la Torre Dharma, donde transcurre la mayor parte del juego. Aunque el argumento en general, sobre todo en los primeros compases, no parece que tenga excesivo interés, según van pasando horas acaba resultando interesante.

No vamos a desvelar muchos detalles porque tampoco son muy relevantes para la experiencia de juego en sí y tampoco es lo más destacado del título, pero resulta agradable ver el relato de ciencia ficción en que se va convirtiendo Ghostrunner poco a poco.

Espada y velocidad contra pistolas y precisión

Si intentamos resumir la experiencia de juego en pocas palabras, no diríamos tanto plataformas o acción, sino más bien puzzles. Aunque si vemos cualquier trailer o gameplay su referencia más evidente pueda ser Mirror’s Edge, nos acaba recordando más a Portal. Eso sí, totalmente disimulado por la enorme carga de acción y frenetismo que inunda todas las fases. Un juego de puzzles donde no nos dejan pensar, lo que nos lleva a un sistema de ensayo y error tan adictivo como frustrante.

Como seguramente estáis intrigados por esta descripción, vamos a hablar un poco más claro. Nuestro objetivo es avanzar dando saltos imposibles, corriendo por las paredes y con diferentes herramientas y sistemas de teletransporte limitado, para pasar de una zona a la siguiente, de forma relativamente lineal (el objetivo esta delante, pero tenemos varias formas de llegar a él). En el camino hay obstáculos, normalmente enemigos. Con pistolas y muy, muy buena puntería, incluso el más básico. Si nos quedamos quietos, nos acertarán siempre, sin excepciones.

Nosotros en cambio vamos con una espada, así que necesitamos tener mucha velocidad y reflejos para esquivar o desviar las balas a espadazos y dar un golpe mortal a quien tengamos delante. Porque esa es otra cuestión muy importante. No hay barras de vida, todo es un one hit kill, tanto nuestro protagonista como cualquiera de nuestros enemigos. Siempre se decide todo con un solo golpe.

Coordinar, por tanto, saltos en todas las dimensiones del espacio posible con acertar a corta distancia a un enemigo a la vez que intentamos esquivar una bala que viene directa a nosotros es la base de la experiencia de Ghostrunner. Parece bastante similar a cualquier juego de acción pero la clave está en la dificultad.

Difícil, muy difícil

Cualquier error en las distancias de salto, en el acercamiento a los enemigos o en el momento exacto de atestar un golpe supone, de facto, volver a empezar esa sección. De ahí que tengamos que plantear y pensar muy bien nuestro camino en cuanto nos aparezcan varios enemigos. Conocer de antemano el número de plataformas, el orden en que mejor nos viene eliminar a los rivales y las distancias entre ellos. Saber si es mejor atacar desde arriba o de lado o prever si alguno va a quedar a nuestras espaldas. Vamos, un puzzle.

Uno muy adictivo pero a la postre, repetitivo, ya que como comentábamos, no tenemos tiempo para pensar y normalmente no conocemos los peligros de antemano, así que solo nos queda apelar al ensayo y error para pasarnos los largos niveles que conforman el juego, muriendo incontables veces por el camino. Además, al acabar una fase, el propio juego nos recuerda cuántas veces hemos caído en combate, el muy gracioso. Sesenta y una veces en el segundo nivel, en nuestro caso. No se nos dio muy bien, no. Luego ya vamos mejorando.

Los controles están muy medidos para que no sea complicado realizar las acciones de forma individual y que la verdadera dificultad esté en coordinarlas todas. Como un baile. Adrenalina pura en todo momento y una sensación de que controlas bien al personaje, sobre todo en las secciones de plataformas, donde siempre parece que te vas a caer pero no. Sinceramente, si no fuera por la excesiva dificultad general, la parte de jugabilidad como tal es de sobresaliente.

Variedad relativa

Si lo miramos fríamente, entre las secciones de plataformas y las de combate, con un número de enemigos que no es muy alto pero utilizados de forma inteligente en diversas situaciones, junto a partes “virtuales” dentro del ciberespacio, la variedad de situaciones es aceptable. Su duración quizá no tanto. Pero claro, como tenemos que pasar por los mismos obstáculos varias veces en casi todos los casos, se puede volver repetitivo fácilmente y resulta hasta cansado de jugar. Para ratos cortos es muy entretenido, pero no es un juego para echarle una tarde entera, acabaríamos con el cuerpo agarrotado de la tensión.

Lo malo de esto es que, por alguna razón desconocida, no guarda los progresos si decidimos retirarnos a mitad de un nivel. Puntos de control hay muchos pero si salimos, tenemos que reiniciar de cero. Las fases son bastante largas, como de media hora fácil cada una. Pero si no tenemos mucha habilidad cuesta avanzar y pueden convertirse en bastante más tiempo. Requiere, pues, de más paciencia de la deseada.

Mención aparte para los jefes finales, con combates bastante imaginativos y fuera del clásico apunta y dispara. Siendo un título en primera persona, como pocos plataformas son, resulta un punto a favor que no acaben siendo una versión de un enemigo a lo grande y ya.

Filtro de neón

Como seguro que os habéis fijado en las imágenes que acompañan a este análisis de Ghostrunner, la estética sigue una línea cyberpunk muy definida, con neones por todos lados, colores saturados, estructuras exageradamente grandes de hormigón visto y demás parafernalia clásica. Funciona muy bien con el estilo de juego y resulta, no tanto impresionante, pero sí muy, muy efectivo. Con la velocidad a la que ocurre todo, cuando hay algún defecto al cargar alguna textura, prácticamente no lo notamos y la fluidez es muy estable, algo absolutamente esencial en este juego en concreto.

Los enemigos son los que a lo mejor requieren de algo más de imaginación en su diseño, porque en lo general son matones bastante estándar. Por otro lado, aunque la excusa general es trepar por una superestructura que se supone que es una torre, está bastante claro que la localización de los elementos no sigue un patrón definido por la configuración de un espacio habitual o una ciudad, sino que son piezas de puzzle. Colocadas para poder movernos y realizar nuestros movimientos.

No es algo fácil de definir, pero digamos que en ningún momento nos creemos que estemos en el barrio tal, o la planta tal, o las alcantarillas, o en ninguna localización específica reconocible, sino que los elementos se disponen por doquier según los requisitos de la jugabilidad. ¿Que necesitamos un ventilador gigante y tres columnas para poder establecer los saltos? Ahí que van. ¿Que haya precipicios en mitad de una carretera? Por supuesto, todo sea por el espectáculo. La variedad de escenarios es aceptable dentro de las limitaciones que supone este sistema y su propia estética, y lo salva, sobre todo, las fases en el ciberespacio, llenas de partículas y colores.

Conclusiones

Un juego con una propuesta muy atrevida y ejecutado de forma más que correcta en muchos de sus aspectos, ha sido una grata sorpresa desde que comenzamos a jugarlo. Eso sí, requiere que seamos jugadores experimentados o con mucha paciencia para ir superando sus obstáculos. Pero el hecho de que cuando fallemos, no nos enfademos con el juego sino con nosotros mismos, es una buena señal de que al menos, se ha hecho un buen trabajo.

Ghostrunner ya está a la venta tanto para PC como para PlayStation 4, Xbox One y Nintendo Switch

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