El pasado septiembre Norma editorial lanzó la edición coleccionista de “Fruits Basket”, la obra cumbre de Natsuki Takaya que allá por los 2000 conquistó a medio Japón y parte del resto del mundo. Una reedición esperadísima por los fans, con portadas rediseñadas, láminas a color y que reúne los 23 tomos originales en 12 de tirada bimestral.

Hace poco (re)disfruté de la lectura del segundo de ellos: un volumen emotivo donde aparecen nuevos miembros de los doce signos del zodíaco, conocemos con más profundidad a Yuki y Kyo y empezamos a intuir que, detrás de todas las sonrisas y las lágrimas que evoca esta historia, se encuentra un mar de sombras que quizá nunca se disiparán.

Ya en los primeros capítulos se nos introduce a un nuevo personaje. Hatusuharu Sôma (alias Haru), es uno de los miembros más carismáticos, atractivos y divertidos del elenco de Takaya. Protagonista absoluto de algunos de los puntazos de este tomo, llega para quedarse y enseguida se hará un huequito en esa parte de tu corazón donde guardas a tus personajes de ficción favoritos. Un lugar por el que peleará con Ayame, otro de los doce, cuya arrolladora personalidad y su energía contagian y conquistan, por más cansada que su presencia les resulte a Yuki y Kyo.

Además de conocer a más miembros de la familia Sôma, Tôru tendrá la oportunidad de ahondar en las luces y las sombras de Yuki y Kyo, a quienes va comprendiendo cada vez mejor y a los que sigue ayudando a avanzar, pasito a pasito. Mientras ellos, a su torpe e inocente manera, continúan empeñados en protegerla.

Juntos vivirán experiencias emocionantes, como la llegada del nuevo curso, San Valentín o el viaje a un balneario. También celebrarán el primer aniversario de la muerte de la madre de Tôru. Los recuerdos de la chica―y la historia familiar de Momiji― gestan los capítulos más lacrimógenos del tomo.

Un tomo en el que comienzan a aparecer las primeras sombras de la maldición de los Sôma, y a mostrarse cómo algunos de los doce luchan contra sus consecuencias. La llegada de Akito, el cabeza de familia, y su sonrisa cruel, y la cara oculta de Shigure representan solo la superficie de un mar de tinieblas que la protagonista (y por descontado, los lectores) estamos aún por descubrir.

Todo “Fruits Basket” nos habla sobre lazos: familiares, amistosos, románticos, jerárquicos. Algunos acaban de forjarse, otros están resquebrajados por el miedo o el resentimiento. Fuertes, frágiles, tensos o distendidos, unen a todos los personajes en un entramado complejo pero con pleno sentido, y rigen sus destinos aún sin que ellos lo sepan. Un destino plagado de drama, pero también de sonrisas, de lágrimas de tristeza y de alegría, de encuentros y desencuentros. Natsuki Takaya mezcla la tragedia, buen sentido del humor y filosofía de vida en un equilibrio perfecto, que convierte la obra en una de mis favoritas del manga, lectura casi obligatoria para los amantes del shojo.

Las últimas líneas, como siempre, van dedicadas a destacar la belleza de esta edición y el gran trabajo que en Norma están haciendo con ella. Las portadas rediseñadas, con ilustraciones actualizadas de los personajes, y las láminas a color de las primeras páginas son magníficas. El formato ligeramente más grande que el de la edición normal, y el acabado de gran calidad. Sin duda, una obra preciosa en todos los sentidos, digna de cualquier estantería.

El tercer tomo de “Fruits Basket” llegará a librerías el 20 de enero.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.