Benito Pérez Galdós

Pobre Benito Pérez Galdós (Las palmas de Gran Canaria, 1843 – Madrid, 1920). Cuando deberíamos estar celebrando, con fanfarrias y alaracas, su año centenario, disfrutando de sus magistrales y eternas obras en excelentes ediciones, o revisando su vida en algunas de las mejores biografías que sobre él se hayan escrito jamás -alguna de las cuales traeremos aquí muy pronto-; estamos todos esperando ansiosos a que llegue 2021 para dejar este año surrealista atrás de una vez por todas.

Sin duda Don Benito, hombre de extraordinario sentido del humor, aunque también tímido como pocos, se reiría ante la ironía; nos haría unas extraordinarias crónicas de nuestro tiempo, en alguno de sus magníficos ‘Episodios nacionales’; y, sobre todo, podría compararnos con fundamentada opinión su Madrid de finales del s. XIX, que tan bien conocía y certeramente retrató en la novela que os traemos hoy, con este de comienzos del s. XXI, tan distinto al que él conoció en vida.

Y es que hablar sobre cualquiera de las novelas de Galdós es hacerlo sobre el realismo español, iniciado como movimiento literario en estas tierras de toro a partir de su novela “La fontana de Oro” (1870). Siendo él, además, la pieza clave de todo el grupo principal de autores realistas configurado por, entre otros, Leopoldo Alas Clarín (amigo personal de Galdós), Emilia Pardo Bazán (con quién mantuvo una intensa relación) o Vicente Blasco Ibáñez, entre otros. Tan representativo es Galdós del realismo que, si a estos autores se les consideraba “historiadores del presente”, sus principales novelas giraron justo alrededor de esta perspectiva principal. Destacando, de entre su amplísimo y excelso catálogo, sus Episodios nacionales (que comenzaron con ‘Trafalgar’, novela de 1873); ‘Misericordia’ (1897): una denuncia explícita y cruda de las pésimas condiciones de vida del pueblo español; y, cómo no, ‘Fortunata y Jacinta’, de la que hablaremos a continuación (1887); entre otras.

Como novela representante del movimiento, leer ‘Fortunata y Jacinta’ (Alianza, 2020) es leer sobre un contexto preciso y unos personajes que, siempre dentro de lo posible, mueven sus destinos a partir de las tendencias sociales y las características sociológicas de la época. En concreto, el contexto predilecto de Galdós, aunque era canario de nacimiento y allí vivió toda su infancia y parte de su adolescencia, es Madrid. En concreto, lo es un Madrid que, todavía con alma de villa, distaba bastante de la ciudad actual. Dónde los barrios poseían un alma más próxima al pueblo que a la urbe; dónde las personas tenían un conocimiento y relación concreta con su entorno físico, su ambiente y posición social; y los oficios y el comercio tenía una conexión clara con lo rural que entonces caracterizaba su entorno inmediato (muy lejos de las urbanizaciones y los conglomerados de casas contemporáneos).

Sobre esta base erige Galdós una trama repleta de personajes principales y secundarios. Cada uno de ellos definido con precisión, a partir del molde que el autor ha elegido para construir su “tipo sociológico”, y con amplitud, dotando a ese “tipo” de una personalidad concreta que haga coherente su “ser” con su “actuar” dentro de los marcos exigidos por los hilos argumentales de la novela. Un proceso de construcción de personajes que ha sido, no podemos obviarlo, la base principal tanto para la crítica como para el elogio por parte de detractores y admiradores. Los primeros se quedan con el excesivo mecanicismo y artificio de su proceso creativo. Mientras que los segundos destacan la habilidad de Galdós para manejar decenas de personajes distintos, cada uno con un perfil definido hasta el más mínimo detalle, dotándolos así de una individualidad mucho más allá del “tipo” social al que se hallen adscritos. Ni que decir tiene que nosotros somos de los segundos.

Portada de Fortunata y JacintaGaldós aplica a la perspectiva de sus tramas y a las personalidades de sus personajes, además, una parte importante de lo que él mismo era, por creencia y por acción, en cada momento de su vida. Y, precisamente en la época de esta novela, 1887, estaba el autor canario en plena transición desde sus valores liberales radicales hacia un esquema de mundo más próximo al socialismo humanista del final de su vida. Además de su tendencia a pivotar entre el optimismo y el pesimismo respecto al destino posible de su realidad. Quizás sea el reflejo de este proceso de cambio interior en Galdós, progresivo y complejo y continuado (en él como en cualquiera, claro), el que ha dotado a esta novela de tan relevante trascendencia con el paso del tiempo. Siendo una de las más conocidas por el público de entre su extensísima obra (quizás, una de las más extensas de la historia de la literatura española), e impulsada, sin duda, por la adaptación a televisión que en 1980 dirigió Mario Camus para TVE.

El centro de la trama posee elementos que la hacen adaptable a múltiples formatos, misturando el espíritu retratista de Galdós -tanto de espacios como de gentes, en una de las mejores plumas de las letras castellanas-, junto con una fuerza interior procedente de la acción de los personajes. Este centro adquiere la forma de un cuadrado, dónde el polo femenino lo ocupan desde la primera parte (de las cuatro que forma el conjunto) dos mujeres aparentemente antagónicas en espíritu y en clase social. Fortunata es una mujer representante del pueblo y lo popular, hermosa y sociable. Jacinta representa a la clase media-alta, pero es reservada y retraída por una frustración sobre su fertilidad, pues nada anhela más que ser madre. Sobre estas dos mujeres, unidas por una triste casualidad, se elevará en primer lugar Juan Santa Cruz (alias, Delfín) al rol protagonista masculino absoluto de la novela si bien, a partir de la segunda parte, acabará compartiendo protagonismo con las aviesas intenciones y el pérfido perfil un tal Maximiliano Rubín.

Entre estos cuatro personajes, Galdós construye un rico cuadro social repleto de intrigas, pérfidas intenciones, voluntades ocultas y, especialmente, un rol dividido “masculino vs. femenino” tan interesante como actual; capaz de conectar a la literatura galdosiana con un lector estrictamente contemporáneo. Y es que, en el fondo, esta novela de Galdós, aunque construida sobre la vida y las costumbres de un Madrid lejanísimo en el tiempo y ajeno a la memoria presente, sí toca muchos temas aún a flor de piel en nuestra sociedad. Entre ellos, podemos salientar la relación hombre-mujer, las relaciones económicas intra e inter clase, el peso de las expectativas y los prejuicios, la moralidad sobre el comportamiento humano y cómo ese comportamiento afecta a los demás… Galdós tenía una visión precisa, moral y política, de la sociedad en la que vivía, con la que la sociedad española actual bien podría conectar sin excesiva dificultad.

Esto solo justificaría ya recomendar ‘Fortunata y Jacinta’, especialmente en una edición tan cuidada como la que nos ofrece Alianza en este 2020. Pero nos quedaríamos cortos. Hay muchos otros motivos para hacerlo. Porque Galdós es un escritor extraordinario, posiblemente, el mejor escritor del s. XIX. Porque estamos hablando de una obra maestra, fundamental, del realismo -tanto del español como, posiblemente, del realismo en cuanto propuesta literaria en general-. Porque esta novela trata perfiles históricamente interesantes y sociológicamente fundamentales, a la hora de comprender la sociedad española de la época. O porque ‘Fortunata y Jacinta’ es, simplemente, una novela del s. XIX con la que podemos disfrutar los lectores del s. XXI por su increíble capacidad para conectar con nuestros temas de interés y gustos más actuales.

En este 2020 hablaremos más de Galdós. Traeremos alguna biografía suya digna de comentario, ya solo por su amplitud y exhaustividad. Pero no podíamos dejarlo pasar sin traer aquí una de sus mejores novelas, posiblemente la mejor, y de recomendar encarecidamente su lectura. Si el s. XIX español es una época tan desconocida como ignorada, nada mejor que la literatura del universal escritor canario para empezar a ponernte al día con la época y sus personajes. De paso, claro, que aprendes lecciones importantes sobre el pasado de cara a no repetirlas (como parece que podría pasar) en el futuro. Y si no has leído a Benito Pérez Galdós todavía, no sé a qué esperas. Lánzate ya. Esta magnífica edición de ‘Fortunata y Jacinta’ (Alianza editorial, 2020) es el momento perfecto.

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