Cuando Final Fantasy IX llegó a las tiendas en el año 2000, Squaresoft estaba en su punto más alto de su historia. Tras dos entregas consecutivas de enorme éxito —Final Fantasy VII y Final Fantasy VIII—, el estudio japonés decidió mirar atrás y rendir homenaje a todo lo que había hecho grande a la saga.
El resultado fue una joya que, a día de hoy, muchos jugadores siguen recordando como el verdadero “canto de cisne” de la era PlayStation.
Un viaje de vuelta a lo clásico
Después de dos títulos con estética futurista y ambientación tecnológica, Final Fantasy IX regresó al espíritu medieval y fantástico de los primeros juegos de la saga. Su director, Hiroyuki Ito, y el productor Hironobu Sakaguchi querían crear un título que sintetizara la esencia original de Final Fantasy: caballeros, magos, reinos en guerra y un mundo lleno de aventura y emoción.
El resultado fue un juego que no solo respiraba nostalgia, sino que ofrecía una historia profunda, tierna y emocional, acompañada por uno de los apartados artísticos más coloridos de toda la franquicia.

Un elenco inolvidable de héroes
Personajes clásicos con nueva vida
Final Fantasy IX recogió las clases tradicionales de la saga —mago negro, maga blanca, caballero, ladrón, invocador— y las dotó de personalidad, trasfondo y desarrollo propio.
La estética “super deformed”, con personajes de aspecto más caricaturesco y expresivo, ayudó a devolver el encanto visual de los juegos clásicos, pero con un acabado técnico mucho más pulido que los anteriores.
Vivi, la inocencia ante la muerte
El pequeño mago negro Vivi (Vivid en algunas localizaciones) se convirtió en uno de los personajes más queridos de toda la saga. Su historia, centrada en la identidad y el miedo a la muerte, tocó temas inusualmente adultos para un juego con apariencia infantil.
Vivi no solo simbolizaba la inocencia perdida, sino también la reflexión sobre lo que significa realmente “vivir”.
Garnet, la maga blanca y princesa en fuga
Garnet Til Alexandros XVII, también conocida como Daga, representaba la figura de la maga blanca e invocadora. Su evolución —de princesa protegida a líder independiente— reflejaba la madurez narrativa que Final Fantasy alcanzó en esta etapa.
Durante el desarrollo, los artistas de Squaresoft crearon varios modelos distintos del personaje (con capucha, pelo largo y posteriormente corto) para reflejar su crecimiento emocional a lo largo de la historia.

Zidane, el ladrón de buen corazón
El protagonista del juego, conocido como Zidane en Japón y Yitán en su localización occidental, era un joven optimista y carismático con una característica inconfundible: su cola.
El equipo de desarrollo tuvo que crear una animación específica para que su movimiento resultara natural, algo que, junto con el pelo dinámico, supuso un reto técnico importante para la época.
Un logro técnico en cuatro discos
El tamaño de Final Fantasy IX fue una muestra del esfuerzo que Squaresoft volcó en el proyecto. El juego llegó en cuatro discos de CD-ROM, algo habitual en la época de PlayStation, con una capacidad total cercana a los 2,8 GB.
Pese a las limitaciones del formato, el estudio logró integrar una enorme cantidad de contenido, cinemáticas prerenderizadas y escenarios interconectados que se cargaban de forma fluida sin interrupciones perceptibles.
Durante la producción, el equipo tuvo que recortar varias secuencias y misiones secundarias para ajustarse al tamaño del soporte físico. Por ejemplo, el tramo final —en el que el grupo debía dividirse en parejas para cerrar sus historias personales— iba a ser jugable en su totalidad, pero finalmente se condensó en una única escena cinemática.

Un adiós simbólico para la primera era de Final Fantasy
Con Final Fantasy IX, Squaresoft no solo cerraba su trilogía de éxitos en la primera PlayStation, sino también una etapa entera de la historia del JRPG.
Muchos miembros del equipo, exhaustos por el ritmo de desarrollo anual exigido por el contrato con Sony, vieron en esta entrega la oportunidad perfecta para despedirse de la consola con una obra que condensara todo lo aprendido.
Poco después llegaría la transición a la era de 128 bits con PlayStation 2, pero Final Fantasy IX quedó grabado en la memoria de los jugadores como la última gran aventura de la vieja escuela: un título que equilibró la emoción, el humor, la tragedia y la fantasía con una elegancia difícil de igualar.
25 años después: el legado sigue vivo
A día de hoy, Final Fantasy IX sigue considerándose una de las obras maestras del género JRPG. Su tono optimista, su elenco entrañable y su mensaje sobre la vida y la identidad lo han convertido en un clásico imperecedero.
Las reediciones en plataformas modernas —PC, Switch, PlayStation, Xbox y móviles— han permitido que nuevas generaciones lo descubran y comprendan por qué tantos jugadores siguen diciendo, con una sonrisa nostálgica, que este fue el Final Fantasy que más corazón tuvo.

























