Expediente Warren: Obligado por el demonio

Expediente Warren o The conjuring: 8 películas de la serie (entre directas e indirectas) desde 2013. No voy a descubrir ahora su impacto en su intento de recuperar unas bases del terror de los años 70 y 80 que ha calado entre el público. La serie principal regresa a los cines en un momento complicado, con su tercera entrega, y unos Warren que deben enfrentarse a exorcismos, demonios y satanistas.

Expediente Warren: Obligado por el demonio

Ambientada en los años 80 Ed y Lorraine Warren deberán afrontar un nuevo caso que se presenta con un hombre, Arne Cheyne Johnson, que es acusado de asesinato tras haber sido poseído por un demonio. Se trata de uno de los casos más sensacionales de sus archivos, que empieza con la lucha por el alma de un niño y que acaba arrastrándoles más allá de cualquier cosa que hubieran visto antes. Es la primera vez en la historia de Estados Unidos en la que un sospechoso de asesinato utiliza la posesión demoníaca como defensa.

Una secuela menor pero funcional

“Expediente Warren: Obligado por el demonio” es consciente en todo momento de lo que puede aportar a la franquicia: el regreso de sus personajes principales, más allá del cameo de “Annabelle 3: Vuelve a casa” (2019), en un nuevo caso.
Y ya.
Una secuela menor, entretenida, algo indefinida en sus intenciones y con tres escenas potentes, bien repartidas en las dos horas de metraje, que salvan la conformista entrega.

El cambio de James Wan como director ya presagiaba algo así y su relevo por Michael Chaves, director de la fallida “La maldición de La Llorona” (2019), no era buena noticia. Sin embargo, Chaves cumple: respeta, con sus limitaciones, el ambiente general de sus dos predecesoras y no le tiembla el pulso ante el reto, por ejemplo, de su arranque o la parte final. El resto queda algo triste, algunos scare jumps descafeinados, sin encontrar una personalidad propia. Aún así, no resulta un gran problema: sabe cuándo y cómo recordar a Wan, a pesar de sus más que evidentes limitaciones.

La escena de exorcismo que abre el film es bastante potente. Guiño a “El exorcista” incluido, el arranque recupera el sólido inicio de “Expediente Warren” (2013) y “Expediente Warren: El caso Enfield” (2016), sin llegar a sus cotas, claro. El inicio en Amityville de la segunda entrega está al alcance de muy pocos directores. Los efectos visuales (quizá demasiados) del contorsionado Julian Hilliard (que ya había pasado lo suyo en “The Haunting of Hill House” de Netflix) funcionan, dejando un efectivo inicio.

Expediente Warren: Obligado por el demonio

El resto de la película, salvo un par de escenas intermedias y su final, sufre una grave indefinición: no sabe si tirar por el campo de cine jurídico, de las investigaciones policiales / paranormales o algún coqueteo con las aventuras de acción, cercano en algunos puntos a Insidious, la otra franquicia de James Wan. Un deambular entre géneros que, unido a esa sensación de encontrarse permanentemente en terreno conocido, lastra el film.

En esta ocasión, el conjuro se completa a medias. “Expediente Warren: Obligado por el demonio” es una entrega menor de una franquicia de terror comercial que funciona por inercia. El resultado final no es terrorífico pero sirve para justificar su vuelta.

Tampoco ayuda su parquedad de elementos. Si las dos entregas principales anteriores (por no mentar Insidious) eran, a ratos, un festival de elementos potentes (Annabelle, La Monja, The Crooked Man, el inicio en Amityville de “El caso Enfield”…) posteriormente rescatados en sus convenientes secuelas, “Obligado por el demonio” se centra en temas de cultos satánicos, sin ahondar demasiado.
Ni la inclusión del personaje del gran John Noble (precuela, por favor) ayuda a enriquecer la película. Quizás los aficionados estemos malacostumbrados pero se queda corta, muy corta. Ni su ambiente satanic panic, aquella psicosis social que sacudió la puritana EEUU a finales de los 70, explota y se queda como una mera idea flotando en el metraje.
Si que hay una buena enemiga para los Warren, encarnada enigmática figura femenina, con un excelente enfrentamiento en su parte final pero se reserva demasiado sus satánicas intervenciones.

Tampoco destaca en algunos de los puntos fuertes de la franquicia: el terror. La construcción de atmósferas y sustos, marca de la casa de las dos entregas anteriores, es casi inexistente. El terror es más genérico y menos elaborado, sin apoyo de una banda sonora atmosférica, casi sin llegar a inquietar más allá de algún elemento puntual.

En resumen:

“Expediente Warren: Obligado por el demonio” satisfará a los fans y salva los muebles al saberse más limitada que sus dos entregas anteriores y no querer aparentar nada más. Juega en la liga de entregas recientes como “Annabelle: Creation” (2017), aunque quizás ésta sea un poco superior, o la flojita “Annabelle 3: Vuelve a casa”. Al conjunto ayuda el carisma y buen hacer de Vera Farmiga (sobre todo) y Patrick Wilson, totalmente fusionados con sus personajes, casi convertidos en investigadores de aventuras paranormales, unos cristianos Mulder y Scully. La comparación no es gratuita. El esquema de “Obligado por el demonio” recuerda a los capítulos gloriosos de la serie: se me viene a la mente, por ejemplo, la mítica dupla “Squeeze / Tooms” de la primera temporada.

Si sois fans la vais a disfrutar, pese a sus más que evidentes limitaciones y si no lo sois, no os hará cambiar de opinión, evidentemente. A pesar de su irregularidad y sus intenciones menores es un digno regreso al cine. Puro terror comercial (incluso familiar, si tal cosa existe) que, en estos tiempos, no resulta mal conjuro.

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Criatura de la noche. Redactor en Fantasymundo.com

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