Ameno y sorprendente paseo por un fértil jardín de ideas en torno a la representación visual de los jardines en el arte. Durante el mismo, el autor guía al lector por senderos de giros caprichosos y destino incierto, pero que acaban conduciéndolo a puntos de vista desde los que contemplar nuevos paisajes del pensamiento, o nuevas panorámicas de los ya conocidos.

 

He leído buena parte de este libro y escrito casi toda esta reseña en el modesto jardín de una vieja casona de pueblo. Sentado en un viejo banco, que recuerdo haber visto en el mismo sitio desde que tengo uso de razón. Seguramente ya estuviera ahí antes de que yo naciera y, probablemente, continúe en ese mismo lugar cuando yo ya no esté aquí para sentarme en él.

Es del filósofo italiano Rosario Assunto una bella definición del jardín según la cual éste es “Arte como naturaleza y naturaleza como arte”. Sigue esa senda de pensamiento este «El jardín y las artes», de Michael Jakob, un breve y curioso libro que Ediciones Siruela ha publicado recientemente dentro de su Biblioteca de Ensayo (Serie Mayor), con una precisa y seguramente nada sencilla traducción del francés a cargo de María Condor.

Precedidos de una introducción un tanto críptica -confieso haber tenido que leer muy despacio algunos párrafos para poder atisbar qué pretendía decir el autor- son tres los textos principales que conforman el núcleo de esta obra, cada uno dedicado a la representación visual del jardín en un arte: Pintura, Fotografía y Cine.

El jardín, «gabinete de trabajo al aire libre».
Esta cita de Zangheri, que aparece en la primera página de este ensayo, cobra pleno significado en nuestros días, gracias a la tecnología.

Queda claro rápidamente que Jakob no pretende ser exhaustivo ni estructurar apenas su discurso, al que deja fluir en una suerte de libertad de cátedra que también libera al lector.

Lo articula mediante breves opúsculos en los que el texto no es interrumpido por corsés en forma apartados o divisiones, pero sí ilustrado por multitud de fotografías.

En lo que se intuye como orden cronológico, el autor comienza tratando brevemente la representación visual del jardín en la pintura. Se centra, optando por dar únicamente algunas pinceladas, en la obra de Paul Klee, de algunos pintores ingleses de la corriente realista como Stanley Spencer y de -cómo no- Claude Monet. Concluye haciendo referencia a la miríada de imágenes banales que constituyen la representación pictórica de los jardines predominante en el siglo XX, de estilo “acuarela” o “bellas artes”, popularizadas por los medios gráficos.

Igualmente breve es el texto dedicado a la fotografía. Comienza por la bella y onírica obra tardía de Eugène Atget y comenta luego proyectos de fotógrafos menos conocidos por el público como Michel Kenna, Paul Strand o Howard Sooley.

La parte dedicada al jardín en el cine es la más extensa y la que, previsiblemente, ofrecerá referencias más familiares a la mayoría de los lectores:
De Metrópolis, de Fritz Lang, a Kill Bill, de Quentin Tarantino. Entremedias, Ciudadano Kane, de Orson Wells; Mí tío, de Jacques Tatí; El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais (esta es la única que no he visto, a lo que pronto pondré remedio); Blow Up, de Michelangelo Antonioni; El contrato del dibujante, de Peter Griffin y Terciopelo azul, de David Lynch.

Sigue a continuación un texto, El jardín, en el que hace un repaso de algunos jardines icónicos del mundo y pone en relación las representaciones artísticas en la pintura, la fotografía y el cine. Jakob sostiene que, mientras que las representaciones del jardín en la pintura y la fotografía suelen ser laudatorias, en el cine, por contra, suelen ser negativas y críticas.

Un epílogo, El paseo, en el que reflexiona sobre su visita a un jardín muy personal, y un apartado final de Notas completan el libro.

Jakob se interroga acerca de cómo describir con palabras un jardín: «¿Hay que describir las cosas desordenadamente, repitiendo el intinerario del paseo físico in situ?», y el lector tiene la impresión de que responde afirmativamente a esa pregunta.

Encuadernado en rústica, la cartulina verjurada de cubierta y sobrecubierta resulta muy agradable de ver y sostener.

Lo mismo puede decirse del papel ahuesado de sus ciento quince páginas, que soporta perfectamente las casi cien fotografías a color que trufan los textos.

Lo que parece ser un grabado dieciochesco de un jardín de gran porte es la bonita ilustración de cubierta, diseñada como es habitual en Siruela por Gloria Gauger.

 

 

Michael Jakob es profesor de Historia y Teoría de la Arquitectura del Paisaje en la Haute École du Paysage, d’Ingénierie et d’Architecture de Ginebra, profesor adjunto en la École Polytechnique Fédérale de Lausana y profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Grenoble.

Es fundador y director de la revista internacional de literatura comparada Compar(a)ison y dirige las colecciones «Paysages» (Infolio) y «di monte in monte» (Tararà).
Entre sus obras cabe destacar L’émergence du paysage (2004), Paysage et temps (2007) y Le Paysage (2008).

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