Walter Lewin

La asignatura de Física, al menos en España, no suele atraer demasiado la atención de los estudiantes. Si seguís con detenimiento nuestras reseñas de ensayo veréis que soy uno de los redactores que más se interesan por esta ciencia que se dedica al estudio de las propiedades e interrelaciones entre espacio, movimiento, tiempo, materia, energía y masa. Sin embargo, mi fascinación por este tema no nació en un aula de enseñanza.

Nació de la contemplación de la luna, de las estrellas, del mar y de los bosques que pueden verse y disfrutarse en mi tierra, Asturias. Nació a partir de cosas que puedes ver, tocar, oler, experimentar, en una palabra, no de una pizarra de ecuaciones. Nació de cosas que puedes apenas intuir, y de las que deseas conocer más. La primera memoria que tengo de esta atracción por una disciplina científica (entre otras) está íntimamente relacionada con la luna, era yo muy pequeño, no recuerdo la edad, y al mirar hacia arriba en una de esas pocas noches despejadas que te regala el cielo astur, la vi, imponente, fascinante, ajena, inalcanzable. Y me pregunté qué habría allí, si por casualidad alguien estaría contemplándome desde sus planicies, y cuestionándose al igual que yo, si otro desde allí se preguntaba las mismas cosas.

Por supuesto, en aquel momento no podía saber qué era la física, pero algo tenía claro: deseaba SABER, tenía una curiosidad infinita. No tardé en comenzar a leer todo lo que caía en mis manos, fuese lo que fuese, pero aquel hambre de conocer todo lo que me rodeaba jamás me ha abandonado. Como todos, tuve que aprobar asignaturas de Física, y siempre me pareció una asignatura sin contexto, sin alma, aburridísima, sin relación con la mayoría de lo que me rodeaba. Hasta que me alejé de la enseñanza reglada y me acerqué a los grandes ensayos de divulgadores internacionales.

“Algunos dicen ‘¡Oh, soy muy tonto para la física!’ y eso no es verdad. Algunos serán mejores que otros pero si tu nota es un uno o un dos, es que tienes a un mal profesor”.

¿Cuántos niños y adolescentes con curiosidad innata, con ganas por aprender, se pierden en las rígidas y poco contextualizadas clases? Muchos, demasiados, yo mismo estuve apunto. Y Walter Lewin es consciente de ello. “Aburrir en una clase de Física es un crimen”, es una de sus frases favoritas. Y enseguida veréis por qué.

Walter H.G. Lewin (Países Bajos, 1936) es profesor de Física en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), desde hace la friolera de 43 años. Este simpático y curioso doctor en Física Nuclear de más de 1,90 metros de estatura es lo más parecido en la vida real, en apariencia y motivaciones, al doctor Emmett DocBrown de la saga cinematográfica “Regreso al Futuro”, como él mismo admite. Apasionado de la física experimental, y con un gran sentido del humor, se dedica a impartir cursos prácticos en los que procura acercar a los alumnos a una disciplina científica lo más relacionada posible con la realidad que nos rodea, con los misterios y belleza que podemos ver cada día en nuestro mundo, y en otros.

La mayoría de nosotros relacionamos la Física con ecuaciones matemáticas. Lewin va mucho más allá, ni siquiera en sus clases en el MIT centra cada curso en ese aspecto, sino que intenta que los alumnos la perciban como la mejor “forma de ver”, de revelar otros territorios, desde las diminutas partículas subatómicas hasta las inmensidades del cosmos. ¿Qué es un arco iris, o una aureola, o un halo o una gloria, cómo se generan en la naturaleza y cómo puedes propiciarlos? ¿Qué es en realidad la presión, el movimiento, los rayos X, el magnetismo, la electricidad, las estrellas, los planetas, los agujeros negros?

¿Somos más o menos altos de pie que tumbados? ¿hasta qué altura podríamos sorber con una pajita? ¿por qué nuestro cielo es azul la mayor parte del tiempo y rojos los atardeceres? ¿por qué se ve negro y no azul o de otro color el cielo desde la superficie de la Luna? ¿por qué son blancas las nubes y hay otras negruzcas? ¿cómo se crea un cielo azul de andar por casa? ¿y una nube blanca? ¿puede crearse oro estable a partir del mercurio? ¿por qué la aguja de una báscula (no eléctrica) se vuelve loca cuando te pones sobre ella de puntillas? ¿si tiras una moneda de céntimo de euro desde el Empire State y le impacta a alguien en la cabeza, podrías matarle del impacto?

Cada revolución de la física ha cambiado nuestra visión del mundo y nuestra relación con él, desde un punto de vista sociológico, esta disciplina científica es apasionante, pero sobre todo nos permite explicar de forma razonada –y cada vez más refinada- el universo que nos rodea. ¿Qué es más importante para la Humanidad o esencial en nuestro día a día que conocer las propiedades y peligros de aquello que nos rodea?

Para Lewin, el universo ha de ser sobre todo experimental, no tiene sentido aprender de memoria fórmulas y más fórmulas y no comprender los fenómenos que uno estudia a nivel básico, de forma que puedas ver más allá de ellos. Sus clases, mundialmente conocidas, en ocasiones incluso parecen poner en peligro su vida y algunas partes de su cuerpo, pero su confianza total en la ciencia apenas le hace sudar (un poco sí, por supuesto)… es famoso un experimento habitual en el que pone su mandíbula al alcance del movimiento de una réplica a escala de un bola de demolición, de 15 kilos (podéis verlo en el vídeo).

Apasionado de la física y el arte, Lewin no sólo nos introduce de forma somera pero inteligente a través de la Física desde la época helenística hasta nuestros días de forma experimental y cercana, sino que además nos empuja a ser curiosos, a preguntarnos cosas, a no aceptar nada como auto de fe, a distinguir la belleza en el mundo que nos rodea, su arte, su perfección. Desde la física clásica hasta la mecánica cuántica o la Teoría de Cuerdas, Lewin, más que un físico, es un curioso impenitente, y nos contagia su entusiasmo en cada tema que toca. “Por amor a la física” (Debate, disponible en FantasyTienda) es una obra perfecta para iniciar a cualquier persona en un mundo apasionante, cercano y que nos abrirá la mente.

Por amor a la físicaCada vez que los alumnos hacen una pregunta a Lewin, éste comienza por responder: “Excelente pregunta”, y a continuación les explica la cuestión en un lenguaje cercano e intuitivo, pero siempre poniéndola en relación al universo que nos rodea, para que comprendamos la belleza intrínseca de la ciencia que el ser humano ha descubierto. Como él dice, “¡Lo que cuenta no es de lo que hablas, sino lo que descubres! Siempre intento mostrar a mis alumnos el bosque, en lugar de hacer que suban y bajen a cada uno de los árboles”. Y eso es lo que intenta hacer en este libro. Ojalá lo hubiera leído cuando estaba en secundaria…

Walter Lewin también es famoso por sus clases magistrales a través de internet, que podéis encontrar en Youtube. Recordad que, si tenéis problemas con el inglés, este servicio de vídeos permite, de forma experimental, poner subtítulos e incluso traducirlos, lo que os puede ser de gran ayuda. En “Por amor a la física”, el mismo Lewin nos da las direcciones de múltiples vídeos e imágenes ilustrativas, al tiempo que nos proporciona algunas láminas con fotografías a todo color en el mismo volumen. También podéis ver multitud de vídeos en la página del MIT, si en el buscador usáis el nombre de este divulgador.

Como cada vez que un ensayo me abre los ojos a otro mundo o expande partes en las que ya me había adentrado, me he emocionado con algunas partes de “Por amor a la física”, y por supuesto, no sólo en aquella en la que Lewin cuenta su niñez, en plena ocupación de Holanda por parte de los nazis. He vuelto a sentir aquel primer cosquilleo, tras el primer libro del tema que realmente me impresionó.

Por favor, si sois estudiantes o profesores de Física, LEED este libro, cambiará vuestra percepción y vuestras acciones en el aula por completo. El mundo, y las generaciones venideras, os lo agradecerán… servidor aún recuerda con cariño todas y cada una de las clases de los dos únicos profesores que marcaron mi modo de entender la enseñanza, y en absoluto a los demás.

Sobre el estado de la ciencia en Estados Unidos y en España, Walter Lewin dice lo siguiente, de veras lapidario: “¿Cuántos premios Nobel hay en España cada año? Aparte de que la población es siete veces mayor, el motivo es que los americanos han construido un sistema que funciona. No pagan directamente a Harvard o al MIT, pero tienen programas que nos permiten hacer grandes investigaciones“. Cuánta razón.

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