En la ya prácticamente inabarcable lista de títulos basados en uno de los manga y anime más populares de todos los tiempos, al menos por nuestros lares, se puede encontrar prácticamente de todo. Sin embargo, en los últimos años, la mayor parte de ellos se han centrado en sus secciones más espectaculares, las batallas planetarias con unos índices de poder que rayan el ridículo con personajes tan carismáticos como desajustados entre sí, si atendemos al canon.

Aún está calentito el gran éxito de FighterZ, que acaba de anunciar su tercer pase de temporada. Así mismo, Xenoverse y los Tenkaichi no nos parecen muy lejanos aún. Quizá sea por esto por lo que Bandai Namco, junto con CyberConnect 2, hayan tomado la decisión de apostar por un equilibrio entre las batallas y una forma de contar la aventura más completa y centrada también en el desarrollo de los personajes, al menos de algunos. Esto está dando como resultado un juego que, sin estar exento de puntos a mejorar, ha calado no solo entre una gran parte de la masa de seguidores de la serie, sino que ha picado la curiosidad a otros tantos no tan cercanos, como demuestra que durante su primera semana en las tiendas haya conseguido más de millón y medio de unidades vendidas.

¿Cuales son las claves para este aparente éxito en un nuevo título de una saga tan explotada? Intentaremos dar respuesta en los siguiente párrafos, pero ya os vamos adelantando que tiene mucho que ver el respeto a una historia centrada más en los personajes que en sus poderes.

Centrado en contar una historia

Dragon Ball Z: Kakarot incluye los cuatro arcos principales del manga y anime homónimo, esto es: La saga de los Saiyans, la de Namek, la de los androides y la del Monstruo Buu. Por tanto, empezamos conociendo a un Son Goku ya adulto con su hijo Son Gohan, aún muy pequeño y sin imaginar siquiera las aventuras que le va a tocar superar. En menos que canta un gallo y mientras nos dedicamos a coger manzanas y conocer las bases de la jugabilidad, una nave alienígena con el saiyan Raditz llega a la Tierra y hará que las vidas de ambos de un vuelco de no retorno. El resto de la historia, ya la conocéis.

Aún teniendo en cuenta que no incluye ni GT, Super ni el Dragon Ball original, con Son Goku niño, así como ninguno de los arcos argumentales de los largometrajes asociados ya que, dentro de las líneas temporales que abarca el juego, ninguno es considerado canon, el título da mucho de sí. Incluso acortando las batallas y los episodios eternos de transformación, se nos queda un juego bastante largo e intenso.

Para cualquier fan de la serie es todo un lujo volver a disfrutar de la evolución de los personajes y no solo durante los combates. Secciones como la del carnet de conducir, Lanch persiguiendo a Tenshinhan, Piccolo adiestrando a Gohan o Vegeta intentando convertirse en Super Saiyan solo con fuerza de voluntad (y fuerza bruta, que de eso sí que sabe) son partes igual de importantes en Kakarot y reflejan una voluntad de la compañía por ser lo más fieles posibles a las ideas de Toriyama.

Es absolutamente cierto, de todas formas, que era prácticamente imposible abarcar todo lo que incluyen los cuatro arcos, sin contar que las batallas las realizamos nosotros. Esto se nota en unos cuantos sentidos: Si no eres muy fan de la serie o directamente no la has visto nunca (¿A qué esperas?), algunas decisiones y situaciones te van a resultar incomprensibles o al menos injustificadas. Es un mal endémico a los animes trasladados a videojuego, que la simplificación se lleva por delante detalles importantes o de cierta profundidad que sólo conoces si ya tienes una referencia anterior.

Por otro lado, varias escenas han sufrido censura, suponemos que para bajar la edad mínima recomendada del juego. Algunas de ellas no suponen un problema desde el punto de vista argumental o de experiencia de juego pero otras resultan un poco descafeinadas o directamente dejan de tener sentido, como el hecho de que Gohan, al volver a su forma humana después de transformarse en Ozaru, aparezca con pantalones. Comparándolo con los problemas que tuvo su emisión en televisión en algunos casos, casi parece una anécdota, pero no deja de ser un detalle importante a valorar.

Desde el punto de vista más técnico, se nota una cierta descompensación en las escenas pregrabadas. Algunas de ellas, que suelen corresponden a los momentos más épicos, han sido realizadas con mucho esmero y reflejan perfectamente la situación particular, pero otras han quedado simplificadas en exceso o con líneas de diálogo un poco sacadas de contexto. Pero en general, queda demostrado el cariño con el que CyberConnect 2 ha tratado la serie y podemos determinar sin dudar que la representación de la historia de los cuatro arcos es de lo mejor del juego.

Batallas por un lado; exploración calmada por otro

Entre escena y escena, las mecánicas del juego se dividen en dos secciones muy diferenciadas, la de combate y la de exploración. La primera sigue un sistema bastante similar a los Tenkaichi y Xenoverse. En un entorno 3D donde siempre estamos enfrentados a uno de los enemigos, tenemos la posibilidad de defendernos o atacar mediante un combo de golpes, ráfagas de energía o uno de los cuatro ataques especiales que podemos seleccionar previamente. El resultado es bastante espectacular en general pero, salvo en los combates contra los enemigos más importantes, resulta excesivamente simple.

Al cabo de unas cuantas horas de juego, los adversarios más comunes resultan muy sencillos de abatir simplemente echando un ojo a los niveles, que tienen una importancia brutal. Una diferencia de unos cinco niveles respecto a los enemigos resulta en que el daño se divide a un porcentaje mínimo, tanto nosotros a ellos si estamos en inferioridad como al revés. Por suerte, según avanza la historia los niveles van actualizándose, de tal forma que es relativamente poco probable estar en excesiva ventaja o desventaja.

Según avanzamos, las cosas se complican ligeramente con el añadido de las trasformaciones, combos más largos y enemigos que son capaces de encadenar varios ataques seguidos, obligándote a sustituir los bloqueos por esquivas. Los supergolpes, transformaciones y cierto tipo de efectos de mejora se consiguen gastando una serie de orbes de los que hablaremos más adelante en un árbol de habilidades relativamente extenso pero limitado hasta el punto de ir adquiriendo habilidades según dicte la historia, no nosotros. Una excepción son algunos movimientos especiales que conseguimos mediante una batalla de entrenamiento bastante dura por lo general.

Todo esto no quita para que jugar sea muy entretenido y que se disfrute poniéndonos en la piel de uno de los cinco personajes que controlaremos en el juego (Goku, Vegeta, Gohan, Piccolo y Trunks), ayudado, salvo que el argumento lo impida, de otros dos personajes que pueden ser de estos mismos cinco u otros como Krilin, Yamcha, Chaos o Tenshinhan. Estos luchadores de apoyo seguirán nuestras órdenes en cuando a supergolpes de refiere, mientras atacan a los enemigos de forma automática, siendo una ayuda imprescindible en diversos combates principales del juego e irrelevantes en el resto.

Precisamente el mayor punto débil de Kakarot son estos combates aleatorios, ya que los enemigos se repiten hasta la saciedad y en ocasiones son excesivamente comunes (¿Hay algún motivo por el cual los alrededores de Kame House esté siempre tan lleno de adversarios?). Podemos evitarlos volando con nuestro ki activado e incluso rematándolos en el aire si tienen un nivel más bajo que el nuestro, pero nos alcanzarán en cuanto frenemos para recoger objetos o llegamos a algún punto objetivo. A largo plazo, es muy pesado y no nos ofrece recompensa relevante alguna, ya que la experiencia ganada es ínfima en comparación con la necesaria para subir de nivel.

Por otro lado y cambiando de tercio, tenemos las secciones de exploración. Por un lado, es toda una gozada recorrer las diferentes zonas abiertas, basadas todas ellas en los diferentes entornos que podemos ver en el anime, como no podía ser de otra forma. Además, desde el principio están pobladas por personajes perfectamente conocidos por los fans, con especial profusión de aquellos que conocimos cuando Goku era niño, como Pilaf, Ocho, Nam, Tao Pai Pai y el ya mítico presentador del torneo de artes marciales. Eso lo tienen muy bien resuelto, sin duda, la nostalgia es fuerte en este título.

Limitaciones en las posibilidades

Sin embargo, escarbando un poco, no cesa de aparecer la sensación de que se podía haber hecho bastante más y, sobre todo, con mayor profundidad. El tema de los orbes que comentábamos anteriormente es especialmente delicado. En un sistema de recolección de objetos que nos recuerda demasiado a épocas anteriores, todos los mapas están llenos de esferas gigantes que al ir acumulando, nos permiten aprender supergolpes. Como idea, no está mal. El problema es que rápidamente se vuelen irrelevantes, ya que conseguimos muchísimos en cualquier combate. Una batalla que dura un minuto pueden ser unos mil orbes de diversos colores en cuanto estamos a mitad de campaña.

El resto de posibilidades que nos permite la exploración tiene el mismo problema de base, que no resultan demasiado relevantes, aunque algunas de ellas sí que resultan atractivas en primera instancia. Recoger objetos y comida que encontraremos en todos lados nos permite crear platos y menús que, al zampárnoslos, aumentan ligeramente los stats de forma permanente y nos dan además una sustancial mejora temporal, que dura solo unos pocos minutos, pero que pueden ser la diferencia entre vencer o no a un enemigo complicado. Puliendo un poco el sistema para darle más importancia durante el juego, podría ser una gran mecánica.

Las misiones secundarias, que son pocas, resultan cuanto menos tediosas en su mayoría, ya que básicamente se reducen a ir a una zona concreta para recoger objetos o vencer a un enemigo que además, casi siempre es genérico. Las recompensas se vuelven rápidamente obsoletas y al final solo sirven, además de para alargar un poco la duración total del juego, que por cierto no es nada corta, para conseguir emblemas de alma. Estos emblemas son una especie de coleccionables de cada uno de los personajes principales y secundarios que, colocados de forma estratégica en unos tableros innecesariamente confusos, nos permiten tener mejoras muy diversas.

Una vez más, con algo más de complejidad en este sistema de coleccionables, sería una mecánica muy interesante. Por lo demás, tenemos varias posibilidades extras como pescar, destruir naves y conducir, entre otras, que resultan simpáticas pero poco más. Las bolas de dragón quedan rápidamente en un segundo plano ya que lo mejor que podemos hacer con ellas es resucitar a villanos de misiones anteriores para volver a enfrentarnos a ellos.

Pasado el tiempo y dependiendo del tipo de jugador que seas, las fases de exploración serán simplemente un intermedio entre combate o combate, lo cual es una pena ya que el diseño y ejecución de las diferentes secciones de mundo es maravillosa. No llega a ser un mundo abierto en el sentido literal de la palabra ya que tenemos varios escenarios de tamaño razonable, teniendo que pasar por un mapa del mundo y un tiempo de carga relativamente alto para ir de una zona a otra, pero funciona con creces.

Como meternos en la serie

Fiel al anime hasta la saciedad, es lo mejor que podemos decir del título. No como algo malo, al contrario. El nivel de detalle de los escenarios y elementos del juego es bastante alto, aunque si estamos acostumbrados al prodigio gráfico de FighterZ, es dar un paso atrás. Algo lógico ya que no es lo mismo estar en un mundo relativamente abierto que en un escenario pequeño con únicamente un par de personajes. Hay cosas que chirrían, como las sombras en las escenas pregrabadas, pero todo queda atrás gracias al diseño general, el uso de las paletas de colores y la espectacularidad de los efectos en los combates, que ayudan a crear una experiencia memorable.

En cuanto al rendimiento, aquí hay tela que cortar. En los días posteriores a su salida hubo relativas quejas respecto a los tiempos de carga entre zonas, que podían ser exasperantes en las misiones que nos obligaban a cambiar de escenario con rapidez. Después de un par de actualizaciones, se redujeron los tiempos de carga, a costa de algunos tirones en el framerate cuando estamos volando a toda velocidad, al menos en PS4. Suponemos que irán solventando estos problemas a futuro, de todas formas.

Caso aparte son la banda sonora y los efectos de sonido, así como las líneas de diálogo. Respecto a lo primero, nada que objetar. Versiones de todos los temas archiconocidos, que siguen funcionando muy bien, así como otros nuevos que resultan algo más secundarios pero que encajan sin problema con el espíritu del juego. Destaca, como muchos sabréis a estas alturas, la secuencia de inicio en su versión japonesa. Así mismo con los efectos, sacados en su mayoría de los originales. Es uno de sus puntos fuertes, sin duda.

Los diálogos tienen sus más y sus menos. Contando con que las voces están en japonés o en inglés, siempre con subtítulos en español. Las líneas de diálogo, que para ser sinceros son relativamente simples en el anime, están aún más recortadas, lo que hace perder parte del contexto y a veces resultan en diálogos absurdos o en los que queda claro que nos falta información. La sincronización con las animaciones también tambalea en ocasiones, pero por lo demás, están bien resueltos. Lo que no entendemos es que, cada vez que cogemos un objeto, el personaje que controlamos diga las mismas tres frases continuamente, algo que puede pasar cada pocos segundos. Establecer un límite a la cantidad de veces que alguien pueda decir lo mismo en un minuto nos vendría muy bien. En los combates para algo parecido, pero es cierto que como estamos enfrascados en la batalla, no nos enteramos tanto.

En conclusión, este es un título difícil de resumir en pocas palabras. Por una parte, es una maravilla como adaptación del anime y hará las delicias de la gran mayoría de fan de la serie, incluso sabiendo en todo momento que hay bastante margen para la mejora en algunos aspectos. Como juego de RPG, necesita más profundidad en sus mecánicas y más variedad en las partes de exploración para no acabar resultando repetitivo. Aun así, no es un mal juego ni mucho menos y durante sus decenas de horas útiles nos encontraremos inmersos en su historia, la conozcamos de antemano o no.

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