Los juegos de este tipo se labraban en las piedras del suelo o permanecían en los templos romanos o griegos.

Eslovaquia perteneció al borde del Imperio romano con ciudades como Carnutum, actualmente Bratislava, o el campamento invernal de Laugaricio, en el limes septentrional, donde actualmente se encuentra Trenčín y donde se desarrollaron las Guerras marcomanas en las que se derrotó a la tribu germánica de los Quadi en 179, bajo el imperio de Marco Aurelio.

En el siglo IV, los hunos empezaron a marcharse de las estepas y a llegar a Europa. Cruzaron el Danubio en 377 y ocuparon Pannonia y más tarde, una confederación de turco-mongoles, los Avar, conquistaron Eslovaquia hasta el siglo VII, cuando los eslavos que vivían bajo su dominio se rebelaron a las órdenes de Samo y los Avar comenzaron a perder poder hasta su fin en el siglo IX.

Poprad es actualmente una ciudad de algo más de 50.000 habitantes situada en el centro norte de Eslovaquia. Se encuentra a los pies de los montes Tatras, con una altitud máxima de 2655 metros (Gerlachovský štít). Se sabe que los eslavos tuvieron amplia presencia aquí hasta que los alemanes colonizaron la ciudad en el siglo XIII, llamándola Deutschendorf (pueblo alemán).

Ahora, Karol Pieta, del Instituto de Arqueología de Nitra y Ulrich Schädler, director del Museo de Juegos de Ginebra, han dado a conocer el hallazgo de un juego de tablero con características parecidas al ajedrez, de unos 1600 años de antigüedad. El descubrimiento se realizó durante las excavaciones de la tumba de un príncipe germánico que vivió alrededor del año 375 en Poprad y se ha constatado que, hasta la fecha, no existe un juego de similares características.

El tablero lo forma una plancha de madera decorada con casillas parecidas a las del ajedrez, y varias fichas de distintos tamaños realizadas en cristal blanco y verde. Este cristal procede de Siria, así que se cree que el juego, realizado de manera que se pudiera transportar, fue trasladado desde territorio del Imperio romano hasta la región de los Tatras.

El propio príncipe a quien pertenece la tumba, de aproximadamente 30 años de edad, pudo haber servido en el ejército romano y haber estado durante largos periodos de tiempo en el Mediterráneo. En su tumba, además del juego de tablero, se encontró una cama de tejo con apliques en plata y un escritorio.

Fuente: The Slovak Spectator

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