Portada de Basilisco, de Jon Bilbao

El western siempre está presente. Puede aparecer como género, como una idea de libertad o en forma de sentimiento. Pero ahí sigue, afianzado en el pensamiento colectivo. Polvo y desierto, libertad, balas y whisky barato. “Basilisco”, de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972), publicado por Impedimenta, juega con esa idea del western, un sentimiento casi inalcanzable, en una novela cuya estructura cautiva y desconcierta desde el principio hasta el final. 

El argumento.

Insatisfecho con su trabajo como ingeniero, el protagonista de Basilisco se traslada a California, donde conoce a dos personas que cambiarán su vida: Katharina, una joven que acabará siendo su mujer, y John Dunbar, un trampero, veterano de la guerra de Secesión y pistolero ocasional que lleva muerto más de un siglo. Dunbar encarna lo más genuino del Lejano Oeste. Huraño y temido, se ganó el sobrenombre de «Basilisco», y nos lleva de la mano por la fiebre del oro en Virginia City, por una expedición paleontológica y en su huida de una banda de asesinos. Mientras, el ingeniero desengañado, ya convertido en escritor, se adentra en las responsabilidades y frustraciones de la mediana edad.
Basilisco se ordena así en una serie de capítulos autoconclusivos, alternando los que acontecen en el presente con los que tienen lugar un siglo atrás por los parajes de Nevada, Idaho y Montana, y proponiendo un diálogo entre realidad y ficción.

La narrativa de Bilbao en “Basilisco” es imbatible: fuerte, contundente y armoniosa. Con esos cimientos resulta difícil que algo salga mal aunque la verdadera joya de la novela no reside ahí: está en su estructura. “Basilisco” se construye a través de varias historias cortas, ocho, con nexos de unión común y en diferentes planos de existencia. Los relatos casi pueden disfrutarse por separado pero alcanzan la brillantez al ponerlos en conjunto. Las aventuras en el salvaje oeste de John Dunbar se mezclan con el frío sinsentido de la común vida adulta del ingeniero y escritor de la actualidad. Ese personaje moderno, el ingeniero escritor de mediana edad, parece casi una versión literaria del propio Bilbao, compartiendo estudios, profesión e incluso localizaciones geográficas (Bilbao, Ribadesella).

“Basilisco” es un ejercicio tan fronterizo como el propio concepto del western. Una novela construida sobre ocho relatos independientes y conectados al mismo tiempo, donde brilla el oficio de Jon Bilbao como narrador.

El protagonista de “Basilisco” se siente irremediablemente hechizado por la historia del extraño John Dunbar desde el episodio que se narra en el primer relato de los que conforman la novela, “La asombrosa historia de los hermanos ladrones de tumbas”. Ya desde esa narración se marca el tono del resto de la obra: la cercanía del narrador, la realidad pesimista y gris, el brillo de las leyendas del Oeste, la magnética presencia de Dunbar…Según avanzan la novela y los relatos, Bilbao nos introduce en un Oeste menos idílico y más oscuro, entrando de lleno en lo extraño y coqueteando con el terror. Esas tinieblas se ciernen sobre la vida personal del protagonista, llevando a una situación que puede entrar en conjunción con su propia visión del mítico Oeste: el hombre frente al mito, a su propia caverna.

La novela rescata la mística del Oeste para enfrentarla a nuestro día a día actual. El Oeste salvaje, violento, despreocupado, con maravillas y terrores aguardando frente a nuestra realidad desapasionada, gris, carente de emociones o empatía, tremendamente egoísta y abocada a la soledad. Ni uno era tan brillante ni otra tan horrible pero en la contraposición de ambas, Bilbao encuentra el punto de equilibrio necesario. Lo mismo sucede con ciertos elementos propios del género fantástico e incluso de terror que van apareciendo en ambas líneas, consiguiendo crear un ambiente extraño, en ocasiones desasosegante, del que se nutre la propia atmósfera de los relatos. El estilo de Jon Bilbao favorece esa atmósfera: frases cortas, rápidas y directas, con interés en crear un ambiente muy especial sin dejar de lado el fluido discurrir de la historia. 

En definitiva:

“Basilisco” es un ejercicio tan fronterizo como lo fue el lejano Oeste. Los límites entre realidad y fantasía o entre géneros no están claramente definidos en los ocho relatos que conforman la novela. Hasta en su propia estructura fluye entre fronteras: a medio camino entre la novela y una colección de relatos. Cuando terminas la lectura y conectas algunos fragmentos, algunas ideas, esos límites resultan aún más difusos. Ese es el juego que nos plantea Bilbao, junto con la conexión entre un tiempo tan mitificado por la cultura popular como es el Oeste y nuestros tiempos modernos, llenos de miserias propias del hombre de mediana edad y clase media. Pero ni el Oeste nos resultará tan lejano ni los problemas actuales tan comunes. Ambas líneas se conectan, girando sobre los mismos temas eternos, esenciales en el ser humano: la soledad, la violencia, la necesidad de comprender y descubrir, el poder de los mitos… Y la figura de John Dunbar, del puro Oeste sobre todo ello, rifle en ristre, gesto adusto en la mirada sobre el polvoriento horizonte. 

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