Con este título de Ediciones Pàimes cerré mis lecturas del verano y conocí la narrativa de Pedro Santamaría, de quien sólo había oído buenas referencias. Los lectores tienen sus manías, por lo que yo no escapo a ellas. Este libro me atrajo de una manera magnética desde principios de año cuando lo vi anunciado en el Catálogo de la editorial y lei la sinopsis. Tras su estreno en mayo, lo recibí para encargarme de su reseña y de alguna manera lo reservé como un objeto sagrado y lo guardé para mi ultima lectura porque intuía que iba a ser especial. Y, ya os anticipo, el último se convirtió en el primero. Ha sido un libro de esos que te deja un excelente sabor de boca durante y tras su lectura. Un libro que entretiene, te hace sentir, con el que aprendes y viajas. Un libro, en definitiva, que te hace amar la lectura.

¿Me he confundido y estoy poniendo la conclusión al principio? No; os estoy anticipando que las pistas que a continuación os suministraré van encaminadas a explicar por qué me ha apasionado Al servicio del Imperio y la considero una de mis mejores lecturas de este año.

Antes de ello, permitidme que siga mi habitual esquema de presentación. Pàimes me atrapó hace unos meses con su Colección Histórica y me he convertido en seguidor fiel de sus estrenos. Están muy bien acabados, trae a nuestro país apellidos de éxito y rescata clásicos recientes de la talla de Dorothy Dunnett o Pauline Gedge. Pero, también, ha estrenado con igual brillo apellidos patrios como el de Santamaría, que ya es su fichaje estrella del que lleva séis libros publicados. El trabajo de diseño y maquetación es magnífico y las portadas (e ilustraciones interiores como es el caso de los mapas de la novela que nos ocupa) corren a cargo del genial Calderón Studio (los que me conocéis sabéis que le rindo casi culto a Manuél).

Pedro Santamaría nació en Santander en 1975. Es licenciado en derecho por la Universidad de Canterbury, Inglaterra, país donde ha vivido, estudiado y trabajado desde los catorce años. Después de haber viajado a Taiwan, donde fue profesor de inglés y castellano, decidió volver a su tierra natal para establecerse definitivamente, o eso pensó él, ya que su curiosidad innata le lleva a muchos otros lugares donde documentarse y dar rienda suelta a su imaginación. Su primera incursión en la novela histórica fue Okela (Pàmies, 2011) y desde entonces le han seguido cinco títulos más. La historia antigua y su querida cantabria son los elementos más diferenciadores de este autor del que me he prometido leer más. De hecho, El águila y la lambda ya está descargado en mi biblioteca de ebooks.

El libro, cuyas casi 500 páginas se estructuran en cuatro partes (Dos mundos, Revuelta, Revolución y Apocalipsis), arranca con una escaramuza en el año 70 d. C. en Jerusalén. Posteriormente, asistimos a la conversación (un monólogo, sería más apropiado decir) que tiene un viajero (Noreno) con otra persona en el camino mientras descansan su marcha durante la noche. Sabremos de un pequeño pueblo/castro en Cantabria, de una novia llamada Aia y de un buen amigo llamado Arán. En un nuevo capítulo se nos participa que vivimos la época del famoso emperador Nerón y personajes de la talla de Séneca.

Al servicio del Imperio es realmente la historia de Noreno, de los salaenos, y su amigo (casi hermano) Arán. Nos sumergiremos en la tediosa rutina de este pueblo perdido de los montes de Cantabria y comprenderemos que su existencia se quede corta para estos dos jóvenes habida cuenta las proclamas del publicano que visita su localidad. Por lo tanto, ambos marchan/escapan con una idea fija en la cabeza hasta la localidad donde se va a producir el reclutamiento para engrosar las filas del universalmente conocido ejército romano. Estamos en la primavera del 65 D. C. en Julióbriga.

No quiero engañaros, hay otro personaje prominente en esta historia; se trata de Valerio. La historia se alterna en un principio con Antioquía, localidad donde reside este viejo centurión que hace tres años tuvo que abandonar el ejército de manera deshonrosa. Le encargan hacerse cargo de una corte de inexpertos cántabros en la región de Judea, zona muy problemática por la posibilidad de una revuelta. A Valerio esto le parece un paso atrás, sin embargo acepta y a partir de ahí sale de estar un día sí un día también vagando por las calles de Antioquía. Le asignan, pues, el rango de prefecto de una cohorte de cuya milicia se habrá encargado el cántabro Marcelo en Hispania. Valerio deberá presentarse ante Gesio Floro, una persona sin experiencia que lo único que quiere es acumular riqueza aprovechando su cargo en Judea, y hacer todo lo posible para sobrevivir en una corte hasta la que llegan los desatinos de Nerón y saldar cuentas con un viejo enemigo, el pretoriano Numerio.

Los acontecientos telón de fondo de la narración son historia pura, pero no temais. No estamos ante una obra que apabulle, sino ante una erudita novela histórica muy accesible y que entretiene de manera adictiva. Para ello conoceremos al Quinto Contubernio de la Tercera Centuria compuesto por los auxiliares (rango inferior al de un legionario): Noreno, Arán, Vado, Turenno, Cantio, Urbico, Viroto y Negalo. Nos entrenaremos, marcharemos, pelearemos, sufriremos y reiremos junto a ellos de una manera hermanada como suele ocurrir en este tipo de historias.

Este libro es como una moneda. Por un lado contemplamos un vívido retrato del mundo romano, pero también tendremos la visión de la sociedad judía, muy estructurada, muy jerarquizada y, sobretodo, apoyada en su tremendo fervor religioso y su creencia en un único Dios. Descubrimos que son demasiados ingredientes en una olla pequeña y sometida a muchas llamas que adjudicaban a Judea fama de zona altamente levantisca. El descontento y el día a día lo veremos a través de los ojos de la familia de Ruth, su hermano Emmanuel y su padre Jacob en la pequeña localidad de Beth Zaanan. El tema del odio a los invasores, a quienes llaman despectivamente kittim, las costumbres ancestrales y en ocasiones irracionales, los textos sagrados y una férrea determinación a plantar cara al enemigo subirán muchos grados la historia en escenas perfectamente bien narradas y descritas (batallas, incursiones, planificaciones,…).

Tengo la fuerza del oso, ruge el lobo en mis entrañas,
tiene mi brazo la fuerza de todas esas batallas.
Soy el roble, soy la mar, soy la roca, soy la sal.

(Parte de un canto de la Cohors II Cantabrorum)

Me quedo con los capítulos en los cuales la ciudad de Jotapata en Galilea y la misma Jerusalén son asediadas. Seremos testigos de la tensión entre Valerio y Numerio y lo que hizo grande a los ejércitos romanos. Recuerdo que las escenas en las que Nerón es protagonista llegan a ser hilarantes con suma ironía, lástima que la realidad fuera que el emperador regía millones de destinos como un niño caprichoso (en esas escenas he llegado a ver al Peter Ustinov del Quo vadis? de 1951). Se agradece la documentación del autor para darle un apoyo sólido y maduro a la historia ya que la novela se dividirá en subhistorias donde las pasiones humanas se desbocarán: amor, poder, venganza, traición, fe ciega, principios inquebrantables, las raices de la tierra que te vio nacer,… La novela nos deja muchos  personajes secundarios, tanto reales, como Tito Flavio Vespasiano, como ficticios imposibles de olvidar; me refiero al fiel amigo griego de Valerio, Teómaco, y la extraordinaria Eirene. Entre todos ellos, y más, la tela se hirá tejiendo hasta ser completada en la Apocalipsis final, que hará bueno su nombre, os lo aseguro.

Excelente trama, que crece en contenido capítulo a capítulo, narrada con una combinación perfecta de la primera y tercera personas. Nuestra atención queda atrapada gracias a una detallada descripción de cada escena de manera ágil y bien trabajada. Una historia épica de resitencia, brutal belicismo, fraternidad, amor y puesta a prueba de los más firmes principios que los protagonistas creen inquebrantables. Una lectura, en definitiva, para disfrutar.

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