Hacia tiempo que Steven Spielberg no se dedicaba a rodar una película que no estuviese llena de grandes pretensiones o con grandes efectos especiales. Da gusto comprobar que aún es capaz de crear películas que, simplemente, cuenten de forma solvente y convincente una historia… aunque el buenismo del director acabe aflorando como siempre, que para algo hablamos de Spielberg. De cualquier forma las grandes interpretaciones de Meryl Streep y Tom Hanks en “Los archivos del Pentágono” (“The post”, estrenada en España el 19/01/2018) hacen que esos momentos de sensiblería y buenos sentimientos con que gusta de golpearnos Spielberg a veces, queden perdidos entre la gran película que ha realizado.

El argumento del film nos traslada a junio de 1971, cuando The New York Times y The Washington Post defendieron  se conviertieron en adalides de la prensa libre informando sobre los documentos del Pentágono, el llamado “Informe McNamara” sobre la Guerra de Vietnam, y el encubrimiento masivo de secretos por parte del gobierno durante varias décadas y cuatro presidencias.

Spielberg se centra en la historia de Katherine Graham (Meryl Streep), primera mujer editora del Post al desaparecer los hombres de su familia, y el director Ben Bradlee (Tom Hanks). Ambos intentaban relanzar su periódico, cuyo ámbito se centraba en la ciudad de Washington, gracias a su entrada en bolsa y una forma de informar más incisiva. Juntos apoyaron al The New York Times en su lucha contra la Administración Nixon aunque la responsabilidad de tal acción recayese sobre Graham, también propietaria del periódico. La administración Nixon presionó al periódico para evitar  la publicación de los papeles, instigando medidas legales contra sus responsables.

Un años después, en 1972, Katharine Graham apoyó a los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward en el caso Watergate. Durante más de dos años, la empresa y ella misma volvieron a enfrentarse a las amenazas y presiones por parte de la administración Nixon. Graham resistió y defendió la independencia de sus dos empleados hasta que el presidente Richard Nixon dimitió.

En “Los archivos del Pentágono” Spielberg ha decidido centrarse sólo en la primera parte de esta historia de periodismo aunque hay un epílogo a lo Marvel (ese “mirad lo que está a punto de pasar”) en el que vemos el origen del Watergate. Sin embargo el cineasta norteamericano tenía claro que esta película era una historia centrada en los personajes, sobre todo esa editora novata que se ve abocada a tomar una decisión trascendente, no solo para ella sino para su país, para el periodismo y la libertad de prensa en general.  En ese sentido Meryl Streep está, como de costumbre, enorme en su papel. Borda un personaje que crece ante nuestros ojos, desde la ama de casa abocada a asumir un papel al que en el pasado había renunciado voluntariamente, a la periodista dispuesta afrontar las consecuencias de sus actos por el bien de la libertad de prensa. Streep sabe darle a esa mujer las dosis justas de timidez e indecisión al principio del film pero también de valor y coraje a medida que la acción transcurre. La actriz domina la pantalla con veracidad en todo momento aunque ni así puede evitar que Spielberg levante sus momentos ñoños y la presente también como una adelantada del feminismo con un par de escenas en que las mujeres expulsadas del mundo de los hombres aparecen mirándola con admiración y arrobo casi místico, como un santo aparecido ante sus fieles. Hay que dar las gracias porque, al fin y al cabo, sean solo dos escenas que no llegan a caer en el ridículo de la adoración  porque hablando de Spielberg todo podía ser posible.

Como contrapunto masculino de Streep aparece el periodista interpretado por Tom Hanks, el típico periodista de película dispuesto a hacer su trabajo caiga quien caiga por el bien de la libertad de prensa. Este es un papel que Hanks interpreta con la solvencia a que nos tiene acostumbrados, dando la replica justa a Streep aunque sea esta quien le gane la partida (excepción quizás hecha en la escena inicial en que hablan de la sección de sociedad del periódico) en las apariciones conjuntas que tienen en la pantalla.

No cabe duda que Streep tiene muchas papeletas para ganar de nuevo el Óscar a la mejor actriz este año (sería el cuarto tras 21 nominaciones) aunque Frances McDormand (con “Tres anuncios en las afueras”, ya comentada en esta página) se lo va a poner muy difícil. Son las dos grandes damas de la interpretación con muchas tablas a sus espaldas y con dos grandes trabajos. Gane quien gane, gana el cine. Y no vamos a hablar del gran reparto de secundarios que inundan los fotogramas de la película, y que apoyan el trabajo de los dos protagonistas principales, porque son muchos nombres y seguro que me equivoco al transcribir alguno.

Respecto a la película y su contenido, se ha comentado mucho la oportunidad de la misma para denunciar la falta de libertad de prensa, la necesaria separación de “poderes” (recordemos que se llama a la prensa “el cuarto poder”) o la tiranía de las instituciones. Cierto es que en USA la cosa en este sentido está peliaguda (me quedé a cuadros cuando supe que no se puede decir en ningún medio de comunicación la expresión “cambio climático” porque Trump y sus adláteres dicen que eso no existe) y por ello parece que la creación de la película es acertada… pero también no deja de ser sintomático de los tiempos de internet (con sus excesos en múltiples sentidos) que el cineasta haya recurrido a una historia de los tiempos gloriosos de la prensa norteamericana para dar relevancia a unos temas que nunca pierden su actualidad.

Spielberg, desde luego, estaba entusiasmado con el tema y así lo ha expresado en varias entrevistas donde habla de la oportunidad del mismo. Al parecer al director de cine le preocupa profundamente la guerra que existe en su país entre la prensa y Donald Trump. No es de extrañar con un presidente que hace de su página en Twiter un arma política.

Vistas así las cosas se explica que Spielberg hiciese todo lo posible para realizar con rápidez la película, durante la posproducción de “Ready Player One” (esa película de Sci-fi que todos esperamos con impaciencia en marzo), empezándose a rodar en mayo del año pasado y acabándose la producción solo tres meses más tarde.

En busca de dotar a su película de esa patina de respetabilidad y solvencia, Spielberg se ha dejado de grandes florituras y ha hecho de los diálogos y de las largas secuencias en espacios cerrados su mejor arma. Ha contado de nuevo con la fotografía de Janusz Kaminski que recrea de forma espléndida los periódicos de los setenta, con esas luces fluorescentes en recintos sin ventanas, que aparecían, por ejemplo, en la famosa “Todos los hombres del presidente” (1976). Si a esto le añadimos la música sin estridencias de un John Williams que ha preferido dejar que los momentos culminantes de la trama hablen por si mismos, tendremos un buen film, de grandes interpretaciones, al que solo se le pueden echar en cara esos momentos filofeministas y ese Richard Nixon de espaldas que parece una marioneta en un teatro de sombras. En resumen, una obra precisa que enaltece la libertad de expresión en tiempos de censura e hipocresía.

 

 

Recuerdo que escribí mi primera poesía recién operada de apendicitis. Desde entonces odio los hospitales y adoro la escritura. Hasta hoy han pasado dos carreras (historia del arte y náutica, ahí es nada), estudios varios, música coral, trabajos mileuristas, cuentos publicados y postales acumuladas (si, eso colecciono) y he regresado hace poco a esta página donde comencé a escribir críticas literarias. Cosas malas, buenas y superiores. La vida misma.

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