La producción del dinero, de Ann Pettifor: engaños del liberalismo económicoHoy en día, no es cosa habitual encontrar buena economía divulgativa. Máxime si hablamos de algo tan misterioso o, por lo menos, de un tema tan fuera de lo habitual cuando leemos sobre economía, como es el dinero. De hecho, incluso cuando asistimos a cursos o hacemos estudios en economía, la definición de qué es el dinero resulta ser prácticamente un tótem, una referencia a la que rendir permanente pleitesía sin apenas atreverse a definirla. Y eso que, en cuanto objeto icónico, lo llevamos en nuestras carteras, en nuestras tarjetas de crédito o en nuestros monederos electrónicos a todas horas. Pues bien, la espera al fin ha terminado.

La prestigiosa economista Ann Pettifor (Sudáfrica, 1947) afronta en "La producción del dinero" (Lince, Sin Fronteras; 2017) la, hasta ahora, ardua tarea de explicar qué es el dinero, porqué es importante mejorar nuestra formación sobre él y el tipo de interés, y cómo esa mejora en el conocimiento de estas materias podrá redundar en una economía más estable y más próspera. Para conseguirlo son varios los misterios que intenta resolver, afrontándolos con evidente esfuerzo didáctico y claridad meridiana. Veamos a continuación, de forma sucinta, algunos de los más importantes.

Misterio 1: ¿qué es el dinero? Precisamente por su familiaridad, y por los numerosos bulos que corren por ahí sobre su naturaleza, muchas personas creen todavía que el dinero es una mercancía, un “algo” que, como cualquier “material”, es “finito” y está sujeto a procesos de “producción”. Pues no. El dinero surge a partir de la actividad económica, tiene una naturaleza “inmaterial” y, de hecho, puede crearse prácticamente de la nada. En cuanto surge, lo hace en forma de “obligación” entre dos partes que, a través de él, se vinculan; por tanto, resulta imposible desligar al “dinero” de la “deuda”.

Misterio 2: ¿cómo y quién produce el dinero? Como consecuencia de esa falsa creencia respecto a su naturaleza material, muchas personas consideran la expresión “máquina de billetes” como un sinónimo de “dinero”. Literalmente. O sale de una factoría, de titularidad estatal, o no hay dinero. Ergo, solo el estado puede “producir dinero”. Pues no. El dinero se “genera nuevo” a través de transacciones que son actividad económica, resultado de una obligación entre dos o más partes. De hecho, solo una pequeña parte del dinero existente en el mundo es “en efectivo” (producido en una fábrica), la mayor parte del dinero existente es intangible. Y esto nos lleva a otro punto importante: el 95% del dinero actualmente existente se ha generado en operaciones del sector privado.

Misterio 3: ¿qué es el tipo de interés? Aunque aquí las confusiones suelen ser menores, un error reiterado es confundir el interés bancario, o sea el interés con que un banco comercial paga a un banco central por adquirir o usar una cantidad cualquiera de dinero, con el interés que cualquier persona particular paga al banco en alguna de las numerosas operaciones dónde se aplica. Mientras el primero suele ser muy bajo (el BCE lo tiene fijado actualmente en el 0,0%) o incluso negativo (el banco central paga a la banca comercial por coger su capital, para aumentar el dinero disponible), el segundo suele ser bastante más alto. He ahí una pingüe fuente de beneficio para el banco.

Misterio 4: ¿para qué sirve un Banco Central? Antes de resolver este misterio conviene diferenciar entre el Estado y el gobierno. Mientras un gobierno es resultado de unas elecciones democráticas, y por tanto está sujeto a un juego electoral y de conformación de mayorías, un Estado engloba bajo una bandera a un conjunto plural y heterogéneo de personas. Esto es importante para diferenciar entre un Banco Central sujeto a un Estado -ciudadanía-, y una jefatura de economía o hacienda o el tesoro que es parte fundamental de un Gobierno. Ambas son realidades distintas, y en su diferencia se pueden establecer modelos de relación muy distintos: el Banco Central puede depender del gobierno, puede igualarse a él y mantenerse independiente, o puede marcarle las reglas al gobierno. Con estas posibilidades en la cabeza, aclaramos que el Banco Central sirve para supervisar y evaluar el funcionamiento de un sistema bancario comercial (privado), además de participar en la política monetaria del Estado y del gobierno.

Con estos misterios resueltos, Ann Pettifor afronta la cuestión del sistema financiero y su utilidad, a partir de dos mentiras resilientes en nuestra conciencia colectiva. La primera es esa de que “no hay dinero”, inherente a la justificación surrealista de las políticas de austeridad; si hay actividad económica, y confianza en que esa actividad va a generar riqueza, ya se está generando dinero. La segunda tiene que ver con la demonización de la deuda o, en otras palabras, la mentira de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Ante esta mentira, Pettifor defiende que “podemos permitirnos lo que seamos capaces de hacer” o, en otras palabras, la deuda es útil mientras se basa (1) en la confianza obtenida por métodos basados en la transparencia y (2) en actividades productivas y no especulativas.

Entonces, ¿por qué mentir?, ¿qué necesidad hay de engañar a la gente?

La producción del dinero, de Ann Pettifor: engaños del liberalismo económico

Ann Pettifor sitúa ambos engaños vinculados al liberalismo económico, esto es, al proceso de desmantelamiento del Estado y del gobierno. Es más, denuncia una actual dominación del poder financiero sobre el poder democrático, socializando las pérdidas y privatizando los beneficios mediante una actividad especulativa fuera de control y, más grave aún, por completo desconectada del bienestar colectivo. La gravedad del ejercicio de esta dominación está en que, efectivamente, somos los contribuyentes (la ciudadanía), con nuestra confianza en la viabilidad de las relaciones positivas y nuestro potencial productivo, los que sostenemos en pie al sistema que nos domina. Y, ¿qué pasa cuando esa confianza se debilita o se pierde, y el potencial se malogra por culpa de tasas de interés altísimas y deudas imposibles de pagar y crédito inexistente? Que la democracia se resquebraja hasta que desaparece.

En "La producción del dinero" se propone una vuelta a las teorías keynesianas, responsables de la recuperación económica de posguerra y la estabilidad económico-financiera posterior (hasta la década de 1970, donde la desregulación y la liberalización lo cambió todo otra vez). Una vuelta a un sistema basado en actividades económicas productivas y no especulativas, donde el crédito contribuye a reforzar la confianza a través de mecanismos transparentes de valoración del riesgo crediticio, con tasas de interés bajas porque se excluyen a las actividades especulativas de alto riesgo de la posibilidad de recibir créditos respaldados por los/las contribuyentes. Una reflexión interesantísima sobre las alternativas keynesianas a una economía ortodoxa flagrantemente fracasada. Una lectura ilusionante y asequible sobre alternativas viables y posibles, concretas y benéficas, orientadas hacia un futuro mejor.

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