Es muy difícil encontrar a alguien en el mundo que no conozca Dragon Ball. Siendo la versión japonesa de Batman o Spiderman, uno esperaría que la obra de Akira Toriyama tuviese al menos un juego a la altura de su fama, pero no ha sido así. Más de veinte años de frustrantes intentos han hecho que gran parte de los fans abandonemos la esperanza de ver un juego capaz de representar toda la épica de esta libre adaptación de Viaje al Oeste. Pero en medio de este panorama de desolación, ARC System Works, famosos por la saga Guilty Gear y BlazBlue, lanzaron hace ya tres años una más que prometedora entrega para Nintendo 3DS que parecía, esta vez sí, atrapar gran parte de la magia de las aventuras de Goku. Es por ello que todos estábamos expectantes ante este segundo proyecto basado en el universo de las Siete Bolas Mágicas, en esta ocasión para Xbox One, PC y PlayStation 4 (versión analizada).

La trama del juego, encuadrada tras la saga de “Trunks del Futuro”, nos muestra a los Guerreros Z más debilitados que nunca a causa de unas extrañas ondas que no les permiten utilizar sus poderes. Esto causa que poco a poco vayan perdiendo sus fuerzas y se conviertan en las víctimas perfectas para la remodelada Red Ribbon Army, comandada por la Androide 21, una nueva creación de los clásicos villanos de la saga capaz de competir en poderes con el mismísimo Buu.

Por suerte para nuestros héroes, nosotros (literalmente) tomamos partida en la historia convertidos en una especie de alma sin cuerpo que se enlaza con los diferentes luchadores, devolviéndoles así parte de sus habilidades, lo que les permite luchar contra la nueva amenaza y proteger la Tierra una vez más.

Esta historia la podremos vivir desde tres puntos de vista distintos, siendo la primera la narrada desde el punto de vista de Los Guerreros Z (y no haremos mención a las otras para evitar desvelar sorpresas innecesariamente). Cada vez que derrotemos a la Androide 21 en una historia, desbloquearemos la siguiente, cada una de ellas con una duración de al menos 7-8 horas y unos 100 combates.

Además de en combates, cada historia estará dividida en varios capítulos cada uno de ellos a su vez dividido en una especie de tableros con varias casillas que deberemos resolver antes de que pase un número determinado de turnos. Además, cada combate superado nos permitirá desbloquear nuevos personajes para nuestro equipo y nuevas habilidades para potenciarlos. Finalmente, cada victoria nos reportará puntos de experiencia que fortalecerán nuestro vínculo con los guerreros, mejorando así sus características.

Sin embargo, y pese a todo lo completo que parece a priori este modo, cuenta como gran lastre la escasa inteligencia artificial del juego, de la que ya hablaremos más adelante, que consigue convertir este modo en un repetitivo paseo militar en el que castigamos con combos interminables a enemigos varios niveles por encima de nosotros, sin demasiada dificultad, acabando con la emoción propia de los combates.

El resto de modos de juego son el siempre presente modo Arcade, algo más desafiante en su planteamiento que la historia, el típico entrenamiento y el auténtico alma del juego, los modos multijugador tanto en linea como local.

Esta importancia del juego multijugador se debe en gran parte a un pulido sistema de juego enfocado a la competición que coge aspectos de otros juegos de lucha y los implementa en una mezcla realmente resultona. Lo primero que llama la atención es el sistema de tres contra tres con cambio de luchador durante el desarrollo del combate, que está sacado directamente de la saga Marvel vs Capcom. Los parecidos con el clásico de los arcades se extiende también al esquema de control, tomando además los combos automáticos que encontramos en Killer Instict 3.

Sobre este esqueleto encontramos algunos de los aspectos más habituales de los juegos de ARC System Works, como los métodos para cancelar los ataques para alargar los combos o el “Super Dash” que nos permitirá plantarnos junto al rival de forma casi automática. A este curioso popurrí tenemos que sumarle elementos propios de Dragon Ball como el uso del Ki, los ataques Big Bang o la más que llamativa opción de utilizar las siete bolas mágicas para llamar a Shen-Ron para que nos conceda un deseo, ya sea aumentar nuestra fuerza, revivir a un aliado caído, recuperar vida o aumentar nuestra resistencia.

Todo ello se une para crear un sistema de juego que si bien al principio parece ofrecer menos profundidad que un charco, según vas disputando combates se muestra como un océano de posibilidades en el que el más mínimo detalle supone la diferencia entre ganar y perder y en dónde la importancia de la estrategia a la hora de afrontar la batalla lo consigue diferenciar del resto de juegos del género.

A todo esto, tenemos que sumar un apartado técnico excelente cuyo apartado gráfico se cuenta entre los más espectaculares que veremos en un año que acaba de empezar. Esto no se debe a una gran potencia o unas texturas increíbles (el juego apenas pesa cuatro gigas) si no a una espectacular forma de exprimir el Cel Shading al máximo y un diseño más que interesante. Este apartado gráfico luce especialmente bien durante los “Dramatic Finish”, unas escenas especiales que ocurrirán en combates concretos y que nos muestran representaciones fieles de algunas de las escenas más célebres de la serie de Toriyama, para goce y disfrute de los muchos amantes de la misma, que se maravillarán ante estas increíbles secuencias. Por el contrario, las escenas del modo historia son mucho menos afortunadas, con un aspecto de “viñetas animadas” que hacen parecer al juego una producción mucho menos importante de lo que en realidad es.

El apartado sonoro cuenta con las voces originales de los 24 personajes jugables, tanto en inglés como en el japonés original (siendo la última actuación de Hiromi Tsuru, voz de Bulma) y una banda sonora que si bien no está a la altura de la música original de la serie, es una mejora respecto a otros juegos de la franquicia como Xenoverse o el propio Super Butoden. Finalmente, los efectos de sonido son los originales, lo que unido a una buena mezcla sonora consiguen crear el ambiente adecuado para poder disfrutar del juego en todo su esplendor.

La única espina en el pie del apartado técnico (y del juego, a decir verdad) es la deficiente inteligencia artificial que muestra. La máquina, lejos de ser tramposa o adelantarse a los comandos de forma injusta como en otros juegos del género, es un saco de boxeo que de vez en cuando ataca. Incapaz de reaccionar ante el sistema de combos, que se convierte en una serie de ataques autoconfirmados, y lo que es peor, altamente castigable con los ataques a distancia ante los que se lanzará de boca. Este aspecto del juego es capaz por sí sola de arruinar los modos un jugador, más aún sabiendo que todos los personajes tienen una serie de ataques que le permitirán derrotar a sus enemigos sin necesidad casi ni de mirar a la pantalla.

Conclusión

Dragon Ball Fighterz es un gran juego que consigue algo que pensábamos imposible en esta franquicia: ser bueno más allá del fan service. La historia, perfecta para la obra de Tori-sama, unos gráficos increíbles y un sistema de juego soprendentemente bueno se alían para recrear toda épica y espectacularidad de una de las series más importantes de la historia de la animación. Por desgracia, la IA evita que se convierta en el mejor juego de lucha de la generación.

Pero a fin de cuentas, y tras casi veinte años esperando, por fin tenemos el juegazo que Dragon Ball merece. Y el niño dentro de mí no podría estar más contento por ello.

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