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Aire, de Geoff Ryman (La factoría de ideas) |
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Aire es una novela de ciencia ficción de extraordinario valor por su complejidad interna, por su calidad literaria, y por lo rico y variado de las reflexiones que acerca. |
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La relevancia creciente de Geoff Ryman como escritor de Ciencia Ficción se manifiesta en el mercado español con la aparición, con cada vez mayor frecuencia, de sus obras. En los pocos meses que llevamos de este 2007 se han publicado, por dos editoriales distintas, dos de sus más recientes libros: 253 (proyecto hipertextual de 1995, editado en papel en 1998 en Inglaterra, y ahora por el grupo AJEC) y la que nos ocupa aquí, Aire (La factoría de ideas, solaris ficción, nº 90). Sumándose éstas a la, hasta este año, única obra suya editada en nuestro idioma: El país irredento (Ultramar, 1991).
Desde luego, ambas son unas obras que, puestos a elegir, tienen su atractivo hacia el mercado literario general, en el caso de Aire de forma más clara, dado el gran número de premios –y su importancia- recibidos (253 recibió el Philip K. Dick en 1999). Aire ganó, nada más y nada menos, que el Arthur C. Clarke (2004), el James Tiptree Jr. (2006), el British SF (2006) y el Sunburst (2006); además de ser finalista del premio Nébula (2005). Reconocimientos, a la vez, refrendados por la exigente crítica especializada, por los pesos pesados del género, y por el público.
Y es que, aunque en muchas ocasiones podamos tener muchas dudas a cerca de que los premios sean verdaderamente merecidos, en éste caso la obra merece la pena. Sobre todo, porque la enorme complejidad de Aire es producto de un trabajo muy meditado y bien trazado; bajo el que podemos hallar varios niveles de lectura, hasta tres; con una trama principal enriquecida por un gran número de subtramas; y con un elenco de personajes, redondos y ricos en matices, amplio como es poco frecuente encontrar.
Igualmente, se nota el oficio de Ryman como profesor de escritura en el gran abanico de técnicas que se emplean: la introducción de hipertextos y otro tipo de discursos; las alteraciones que producen estos textos sobre la voz narradora, el uso del tiempo, y el ritmo de la narración; la naturalidad con la que se hace uso de los diálogos; o la forma en la que el personaje central de Mae dirige y coordina, como una perfecta directora de orquesta, la construcción global de la novela; son muestras del mucho conocimiento literario que se introduce en esta obra.
Es tanta su complejidad que se nos hace inabarcable si no adoptamos un punto de vista práctico. Por ello, pretendo enfocar esta crítica separando cada uno de los tres niveles de lectura a los que hacía referencia. De más abstracto a más concreto, empezaremos por la trama principal de la novela, que es una metáfora sobre las consecuencias de cambio que provoca la interacción entre la sociedad y la tecnología, con un claro mensaje interno de optimismo y esperanza. Después descenderemos hasta la estructura de las relaciones entre los personajes, donde se manifiestan las numerosas subtramas y subtemas que contiene la novela. Y finalmente, hablaremos sobre cómo se utilizan e introducen los personajes, haciendo especial hincapié en el papel central de Mae.
Aire: la trama
Como ya sabrán los lectores de Fantasymundo, Geoff Ryman es uno de los promotores y firmantes del manifiesto ‘Mundane SF’. Una propuesta para escribir ciencia ficción en la que, entre otras condiciones, se defiende la introducción del uso de las tecnologías en los argumentos desde un enfoque de lo ‘real’, en el tiempo que se escribe, y de lo ‘posible’, en su proyección ficcional hacia el futuro.
Ello explica, en parte, la familiaridad con la que el lector puede enfrentarse a los elementos ambientales de la historia, a las tecnologías de las que se hace uso, a la construcción social en la que se apoya, o a los retos de cambio y transformación que se enfrentan y que suponen el leitmotiv de la novela. Consiguiendo una ‘implicación del lector’, creo que conscientemente buscada (habría que preguntarle a Ryman para estar seguros), que se convierte en pilar de sujeción narrativo y metaliterario.
Dentro del espíritu de ‘Mundane SF’ se puede encuadrar, también, el uso de la teoría científica para darle un apoyo realista a la tecnología ficcionalmente construida. ‘Aire’ no cumpliría las condiciones autoimpuestas por el manifiesto si no demostrase su vigencia en nuestro tiempo presente. Y lo hace incorporando elementos y reflexiones pertenecientes a la conocida como ‘Teoría del todo’ o ‘Teoría de supercuerdas’. Ryman nos habla de once dimensiones, del espacio-tiempo, de la construcción de la realidad a través de la interacción y la coordinación de la física de partículas con la teoría de la gravedad… dándole sentido y coherencia a ‘Aire’ y su realidad alternativa.
Por otro lado, los conflictos de cambio social, de crisis entre los valores nuevos y los viejos, los retos que presentan las nuevas tecnologías y los movimientos a favor y en contra de su incorporación a los esquemas vigentes, las consecuencias que estas tomas de partido tienen en las relaciones personales… también resultan conocidas. Experiencias históricas de la revolución industrial, en nuestro siglo XVIII y XIX, como el destrozo de la maquinaria (ludismo), la formación de partidos políticos a favor (liberalismo) y en contra de su implantación (conservadurismo), o las discusiones de fondo ético y moral sobre su uso (la bioética, por ejemplo), están presentes aquí en términos bastante similares a aquellos que ya conocemos.
La trama ofrece, en resumen, un conjunto de elementos reconocibles, perfectamente ajustados, que buscan llevar al lector a la reflexión sobre la posición social de la tecnología. Se ofrecen reflexiones sobre cómo afecta la tecnología a los sistemas sociales, a los sistemas económicos, a las formas de subsistencia social y personal, a la pérdida y reconstrucción de los lazos sociales, incluso sobre lo inevitable de perder (o no) las tradiciones y los valores que las sustentan. Un amplio conjunto de perspectivas que se desenvuelven en sus respectivas subtramas y que configuran el siguiente, y segundo, nivel de lectura.
Las subtramas y los subtemas a través de las relaciones entre los personajes
Como veremos, Mae es el centro argumental a través del cual se tejen las relaciones y las caracterizaciones de los personajes. Es la relación de ellos con Mae, o de Mae con ellos, la que determina el subtema del que estamos hablando. Ryman concreta los temas a partir de la relación entre los personajes. Así, la relación entre la ‘vieja señora Tung’ y Mae representaría la tensión entre lo nuevo y lo viejo; las vicisitudes del matimonio Mae-Joe, la transición del papel de la mujer desde una sociedad rural tradicional a una sociedad moderna, en la que está plenamente incorporada al mercado y a los procesos de toma de decisiones; la relación Mae-señor Oz, la descripción de un gobierno ideal que emplea su poder no para hacer, sino para asesorar, impulsar y fomentar, las ansias individuales de los ciudadanos (pregunta para el lector: ¿existe un fondo ideológico-liberal en la novela?)… y así podíamos seguir.
La materia de los temas también tiene una distinta textura según la naturaleza social del personaje que se trate. En otras palabras, el rol individual de cada personaje, y su papel en la sociedad, determina la materia del tema cuya subtrama domina. Por ejemplo, la aparición del profesor Shen supone una reflexión sobre la incorporación de las nuevas tecnologías a la enseñanza, las nuevas posibilidades de educación (la Academia Golondrina), y los nuevos retos para los docentes (su despido y posterior readmisión).
Las subtramas podemos agruparlas en tres tipos de temas generales. Primero, temas de tipo político, donde introducimos el papel del gobierno en la sociedad, las relaciones socioeconómicas y la posición de los subsidios públicos, la colaboración público-privada para el progreso de la sociedad, etc. Segundo, temas de tipo social, como son el pluralismo religioso y la posibilidad de vivir en armonía miembros de distintas religiones, la defensa de la plena igualdad hombre-mujer, la defensa del pluralismo cultural y el respeto a la diferencia entre culturas, la pérdida de confianza que trae consigo la mayor división del trabajo, etc. Tercero, temas de tipo personal o íntimo, como son el egoísmo, la envidia, el amor, o las relaciones sexuales y sus tabúes, entre otros.
En este nivel se muestra, en consecuencia, no sólo una gran riqueza de temas, sino también una gran capacidad para dotar de matices y de contenido a los personajes. Sus pensamientos, sus acciones y sus reacciones los dotan de riqueza y los precisan en sus características, al mismo tiempo que dotan de sentido y dirección a las subtramas y a la trama principal. Finalmente, la posición de Mae con respecto a sus pensamientos, acciones o reacciones será la que las cargue de valor, positivo o negativo, mostrándole al lector el sentido final de la obra.
Mae como epicentro. Los personajes en ‘Aire’
Un dato resulta revelador a la hora de desvelar su carácter principal, así como su extraordinaria importancia, en relación al resto de los personajes que aparecen en Aire: Mae está presente en todo momento a lo largo de la obra, de una u otra forma. Aun más, con excepción de los hipertextos pertenecientes a otros personajes (y que se le remiten a Mae) y a la aparición de la señora Tung (que excluye a Mae, en cuanto domina parcialmente su cuerpo y su mente) Mae está siempre presente, en todo momento. Además, es el único personaje cuyo pensamiento consciente se nos muestra, a veces incluso a través de la regresión y el monólogo interior.
Mae, una mujer campesina de origen chino, habitante del pueblo de Kizuldah, en la Provincia Feliz de un país llamado Karzistán, limítrofe por su lado más occidental con China y Rusia, asesora a su pueblo en cuestiones de moda. Transcurre su vida tranquila, sin sobresaltos con excepción de la pérdida de su padre y la marcha de su hijo mayor al ejército, cuando el gobierno decide probar un nuevo formato alternativo a la televisión (que hasta aquel momento sólo contaba con un aparato en el pueblo), Aire. Con Aire se pretende una comunicación instantánea y total, en todo momento y lugar, sin otro elemento además del cerebro y la voluntad de cada uno.
Un año antes de su instalación en todo el país, el gobierno decide realizar una prueba, de a penas unos minutos, para comprobar y demostrar su correcto funcionamiento. Durante esta prueba algo sale mal, en todo Karzistán se suceden los muertos y los heridos, en Kizuldah, como caso extraordinario, la honorable señora Tung fallece introduciéndose, a través de Aire, dentro del cuerpo y la mente de Mae, hablando con ella y, por momentos, controlando su voluntad.
Este es el punto de arranque a partir del cual Mae va a tener que lidiar con lo que supone ese extraordinario caso suyo, y con la reveladora consciencia que le supone el saber, e ir conociendo, los inminentes cambios a los que esta tecnología someterá a su pueblo. La vida de Mae empieza a cambiar a ritmo vertiginoso, sus relaciones interpersonales se resienten, su red de conocidos se ensancha, y sus problemas se multiplican en cantidad y calidad.
Podemos decir, incluso, que Mae posee los trazos típicos del ‘heroe total’: pues no sólo se enfrenta a los cambios que un hecho inesperado provoca sobre su propia vida, sino que, además, lidera su sociedad en cuanto a la consciencia de los cambios que le sobrevienen. Mae introducirá las nuevas tecnologías, intentará enseñarlas y formar a una ciudadanía reticente en su uso, les mostrará sus posibilidades, y aplicará, efectivamente, su productividad al terreno económico-práctico. Una importancia general que provoca, y justifica, la posición epicéntrica del personaje.
Aire, una novela de gran ambición
Aire es una novela aparentemente sencilla que atesora, en su interior, una estructura de gran complejidad, un muy variado catálogo de técnicas narrativas, un amplio y rico abanico de personajes, y un con junto de temas suficientemente actuales como para que el lector, después acabar el libro, haya conseguido, además de divertirse y pasar un buen rato, reflexionar sobre su futuro y el de su propia sociedad.
Es esta ambición su punto más fuerte, en cuanto es muy complicado encontrar una riqueza en contenidos y matices, métodos y técnicas narrativas, tan bien trazadas como las que se contienen en Aire. Sin embargo, esta ambición es también su mayor punto débil.
En mi modesta opinión, el querer ir ‘demasiado’ más allá en el uso de técnicas y recursos literarios provoca aquí, entre otros estropicios, que alguno de los personajes con más posibilidades queden frustrados en su descripción (el conocedor tecnológico Hikmet Tunch, por ejemplo); que temas de gran interés como la ética científica, la denuncia de represión cultural por parte del gobierno chino de otros pueblos (el supuesto pueblo Eloi, trasunto del pueblo tibetano), o el pluralismo religioso de la sociedad (cristiano, musulmán y budista), sólo se anoten o se introduzcan de forma poco comprensible, disminuyendo la calidad de las fuentes que enriquecen la historia; o que el uso poco claro de los conocimientos técnico-científicos que rodean a Aire –y que ya mencionamos al inicio de nuestra crítica-, puedan llegar a suponer una barrera para la comprensión y la credibilidad de la historia; entre otros.
No obstante esto, insisto, Aire es una novela de extraordinario valor por su complejidad interna, por su calidad literaria, y por lo rico y variado de las reflexiones que acerca. Tanto es así que, aun una crítica larga como ésta (advertí que tenía tendencia a enrollarme) no es suficiente para abarcar ni el argumento, ni los personajes, ni la profundidad de la novela. Aquí sólo pudimos escribir una breve y modesta guía que se deberá completar con la lectura del libro.
El acierto y la extraordinaria calidad con la que Geoff Ryman remata cada uno de los múltiples detalles de Aire hace de esta su mejor obra hasta la fecha. Motivo suficiente como para saber que tardará mucho en ser superada por su autor, y que será referencia para los escritores de ciencia ficción que están por venir o en construcción. Algo que, esperemos, ayude a incorporar a nuestro mercado la mayor parte de obras de Ryman que, inéditas todavía, esperan a ser descubiertas por un público ávido de buena literatura.
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