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       Artículo de literatura

Sangre fría, de Claudio Cerdán: ni la muerte me detendrá. Ni la muerte.


 Terror / Suspense
Jorge Lara Gómez   24/09/2015
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     Lo que surge de mezclar hard boiled sin sexo explícito, un apocalipsis zombi y una apuesta a doble o muerte: «Perrolobo», el más cabrón de los cabrones.
Portada Sangre FríaDesconozco si una novela de género “zombilesco” escrita a cuatro manos entre Terry Pratchett (D.E.P) y Chuck Palahniuk se hubiera parecería mucho a “Sangre Fría” (Dolmen, línea Z), tal y como se asegura en la contraportada. Lo que sí puedo asegurar, es que de haber existido, yo no la hubiera leído. Y no por Pratchett ¡Dios y Kras y me libren!, si no por Palahniuk, el cual me quitó cualquier ganas de repetir tras “Condenada”.

Pero como el que firmaba un poco más abajo era “el Yeclano” Cerdán y algo había oído de «transformar lo viejo en lo nuevo», no me lo pensé dos veces. Tocaba pasarle examen en el más que explotado género zombi, una vez demostrada -a base de premios, nominaciones y alabanzas varias-, su pericia en el género negro (“El país de los ciegos”, “Un mundo peor” y “Cien años de perdón”), y su peculiar estilo para entremezclar, en el género fantástico, lo típico con lo absurdo (véase su trilogía inacabada “El Dios de los mutilados”).

Héroes atípicos: un guerrero manco, un arquero bizco, un bárbaro suicida y una hechicera de moral más que “distraída”. Macarras, perdedores, asesinos escudados en banderas, todos en busca de redención: el “Tuerto Durán”, Roberto Cusac, “Mierda de Perro Ramos”, o el capitán Aleksandr Strahov... y ahora que pase la quintaesencia del tipo duro: Juande, el “Perrolobo”.

Cuando uno piensa que poco o nada puede sorprenderle en el género “caminante”, que ya está todo inventado y pasado por plancha una y mil veces, aparece Claudio Cerdán con "Perrolobo", el gallo gitano más chulo del corral, engranaje habitual del sistema penitenciario, y monta la de Dios es Cristo -porque “Perrolobo” es, por sí solo, una apocalipsis andante- dentro de un universo Z.

Quiero que pienses «otra de zombis, que coñazo» y lo cierres al grito de «vaya viaje me acaba de meter el autor» Puede que suene pretencioso, pero está ocurriendo.


La vida de Juande, no ha sido fácil. Fue programada y concertada según las tradiciones gitanas, sufrió un colapso en forma de tragedia familiar, y el resultado fue un hijo al que criar y alejar de la “mala vida”. Y eso no es fácil si te dedicas al noble arte de los negocios turbios junto con tu banda: el Matraca, la Chunga, el Mosca, el Cani, y el Señorito. Con ellos ha dado muchos golpes de baja o media estofa, pero uno ha salido mal, por culpa del clan de los hermanos Ronco, y Juande va a pasar una temporada a la sombra jamaicana.

Varios meses antes de lo previsto, como antesala de la pandemia Z que está por llegar, sale de la cárcel, con un as en la manga, el colmillo afilado y dispuesto a impartir justicia. Dicen que si el mundo está en tu contra, debes ponerte de parte del mundo, salvo que seas "Perrolobo", la leyenda que fuma bisonte sin filtro, que hace cagarse en los pantalones a los “malotes” del barrio, y que se cree capaz de cambiar el sentido de orientación de la Tierra.  Con lo que no contaba tan “ilustre” representante de la raza gitana, es que de la tarta sorpresa de bienvenida emergiera en lugar de una stripper, el Canciller, il Capo dei Capi, para recordarle que tiene una deuda que saldar antes de que el carruaje se convierta en calabaza. Ahora la fiesta, sí puede dar comienzo y los zombis serán la traca final.

Venganza Sangre Fria

¿Y sobre los “Zs”?, ¡sin novedad mi alférez!. Claudio no se corta ni un pelo del bigote: “survival horror” en vena con premeditación y alevosía. Lo típico: los zombis. Unos rápidos, otros lentos, y otros, aberraciones de la naturaleza. Lo tópico: los pobres desgraciados que huyen de ellos. Y entre ambos bandos, una gincana de obstáculos en la que el premio gordo es la supervivencia en una sádica versión del juego del “ratón y el gato”, mientras flota en el aire la eterna pregunta: ¿es un virus? ¿Un experimento? ¿Una maldición gitana? ¿Un “flashmob” que se nos ha ido de las manos? Sea lo que sea, lo que queda claro, es que a Cerdán no le gustan los zombis.  Como el mismo confiesa: «Este libro es una queja hacia todo lo que no me gusta de las novelas Z, tan cargadas de tópicos y lugares comunes. Ha habido una sobreexplotación del zombi hasta convertirlo en una mala copia de Walking Dead».

Señoras y señores, que el género Z necesita un cambio de timón es algo que saben hasta los chinos y eso es decir mucho, puesto que son más 1.300 millones, y eso es "tela" de gente. Que ya se indigesta el vigésimo refrito del “más de lo mismo” pero le meto aquí unas patatas o algo de lechuga para que pase mejor, y que los Zombis por más que les cambies el nombre, siguen siendo el mismo bicho, es algo que ya no toleran ni los más acérrimos frikis de los no-muertos.

Así que llegados a este punto, una serie de autores recogen el guante, se disfrazan de Barnabus “Barney” Stinson y entonan su mítico «desafío aceptado» y se ponen manos a la obra con notables y en algunos casos, sobresaliente resultados. Nombrarlos sería centrar el foco donde no toca, pero baste decir que Claudio Cerdán se ha convertido, quizás sin pretenderlo, en uno de ellos. Y lo hace con una novela en la que entremezcla novela negra acerca de una venganza, con la más típica de las novelas del género zombi. Le mete ese toque suyo de humor negro, violencia desenfrenada, sangre y vísceras, lenguaje callejero, y un grupo de personajes que poco menos fueron arrojados a la calle para buscarse la vida, tras salir de las trompas de Falopio de sus madres.  Como resultado: “Sangre fría”, una novela única en su espeZie.

Imagen Clauido Cerdan

Lo que nos propone Claudio, a través de este singular título de la línea Z de Dolmen, es una especie de un western moderno con 797s de seiscientas toneladas por caballos, y tres vaqueros para los que el pueblo se ha quedado pequeño: el "Perrolobo", Abelardo el Ronco, y el "Pollatriste". Todos cruzando balas, todos clamando venganza, mientras se desata y desarrolla una pandemia de putrefactos redivivos. También es en sí, «como una de esas películas que rinde culto a los clásicos, en la que la Bella Durmiente da paso a Blancanieves y ésta le da la mano al Lobo para que salte al ring y se zampe a caperucita… cambie usted a los enanitos por zombis y ya lo tiene, es decir, nos hace sentirnos cómodos, en un lugar y con una gente de sobre conocidos...

... porque ante nosotros empiezan a desfilar homenajes de todo tipo y forma, ya sea a clásicos literarios Z de nuestra tierra o a producciones televisivas trending topic que ya forman parte de nuestra cultura.   Desde lo evidente, como el bar de Paco el "Piojoso" (copyright de Joe Álamo) o algunos nombres de personajes, a lo más sutil y desternillante, como cierta escena de un reciente estreno "Zinematográfico" o un representante del clero con nombre de gato naranja. Los buscadores de guiños, huevos de pascua y similares, estáis de enhorabuena: es como bucear dentro de un pecio lleno de tesoros. Especial atención al capítulo 29.

¿Consigue Claudio transformar lo viejo en nuevo? Rotundamente SÍ. Lo hace enriqueciendo la fórmula con una trama paralela a la invasión zombi y cuyo peso específico es mayor y de mejor calidad. Lo hace con un inicio que, además de ser toda una declaración de intenciones, supone un cambio en las reglas de estilo literarias (ya lo entenderéis); y con una estructura de capítulos totalmente desordenados, que tienen su razón de ser y que no desorientan al lector (“el caos genera orden”).  Y lo hace añadiendo personajes tan extremos como desquiciados, entre mis preferidos, el viejo Pericles; escenas gore propias de una producción de la Troma; un poco de ininteligible idioma caló, cierta crítica social, diálogos tan bestias como soeces y que harían sonrojar de vergüenza a un grupo de presos desesperados por un bis a bis y mucho, mucho humor negro marca de casa. «En Sangre fría uso ideas que ya están en desuso por su constante explotación, les meto un par de hostias, le lavo la cara y lo transformo en algo nuevo». Dicho y sobre todo… hecho.


Grge-dixit: Sin duda estamos ante una de las mejores novelas que Dolmen ha editado bajo su línea Z. Única y singular. Claudio Cerdán me sigue sorprendiendo.

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