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       Artículo de literatura

Pronto será de noche, de Jesús Cañadas: noche de miedo entre Madrid y Despeñaperros


 Terror / Suspense
Jorge Lara Gómez   15/09/2015
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     Autocalipsisnow: el futuro ha muerto. El «mañana» no llegará nunca. Debiste girar a la izquierda.
Portada Pronto será de nocheUn claustrofóbico atasco en una autopista de tres carriles y en la que la huída a pie queda descartada; una torre de iglesia que se divisa a lo lejos, que luce como aldaba un muñón y cuyo mensaje de bienvenida al pueblo es: “MARCHARSE". La certeza de que algo maligno, aberrante, funesto y definitivo se acerca lenta e inexorablemente. Y ellos, los pacientes conductores atrapados en un atasco de proporciones bíblicas, componen el cuadro del nuevo trabajo del gaditano lovecraftiano, Jesús Cañadas, publicado bajo el tenebroso y exclusivo sello Valdemar y conocido oficialmente como “Pronto será de noche” (Valdemar, colección Insomnia). Aunque otros, contados y muy afortunados, entre los que me incluyo, lo conocimos tiempo ha como “Anochece”.

Y dado que, como digo, yo lo conocí recién parido y que, por desgracia, no he tenido la oportunidad de leer su versión definitiva, la editada y comercializada, desconozco si ha cambiado mucho, poco o nada, el inicio, nudo y desenlace. Me dicen que no y me confirma el autor que, lo básico, es decir, la historia y desarrollo es el mismo. Que tan solo pinceladas más suaves en los diálogos y adjetivos. Un refuerzo de graves en el “factor hambre” y más protagonismo en el narrador omnisciente. Pero la trama sigue intacta: a caballo entre novela apocalíptica, thriller policial y “survival horror”. Comencemos, que pronto será de noche, y la noche alberga horrores aunque el día, en la novela de Cañadas, también.

«Pronto será de noche, pero no habrá diferencia. Será de noche, pero no estará oscuro. Caerán pájaros muertos del aire. Golpeando el suelo con un sonido de guantes empapado [...]». El cielo seguirá teniendo ese color incómodo, azul oscuro, casi negro, y los espectadores de tan grotesco espectáculo intentarán, en vano, huir, de lo que está pasando, pero ¿hacia dónde? ¿Cómo? y sobre todo ¿De qué?

El rollo es hacer que el narrador desaparezca, que el lector se encuentre realmente ahí atrapado con los personajes. Que sienta ese calor terrible, esa sed y esa desesperación por los asesinatos


Aquí aparece el primero de los géneros: la novela apocalíptica, en la forma de una huida. Poco saben los que huyen y poco sabemos los que leemos, tan solo que “lo que sea” está redecorando el planeta, raspando el gotelé en el que se ha convertido el ser humano. Aquí, Cañadas, juega con los instintos más primarios, con la emoción más antigua: el miedo y la supervivencia. Teme lo que ves, pero teme aún más lo que no puedes ver, y para su desdicha, los conductores solo son capaces de ver tres cosas mientras avanzan 10km al día durante tres horas: un cielo de un color incómodo, un Madrid en llamas -y esta vez no ha sido Nerón- y fogatas en los arcenenes. Inmensas, de vivos colores y de aroma a carne humana: da igual que seas padre, hermano, primo o desconocido. Puedes arder, ergo, alimentaras al Dios del fuego y la llama. Tus cenizas heredarán la tierra, o lo que quede de ella.

¿Cómo luchar contra un “cielo incómodo”? No se puede. Solo se puede huir pero ¿hacia dónde? El futuro ha muerto, como la prisa, que tampoco existe. Tener prisa en la cárcel no tiene sentido, porque así es como se encuentran: encerrados en una cárcel de alquitrán, cuyos barrotes están compuestos, a partes iguales, de quitamiedos y coches.

Coches convertidos en ataúdes de metal y plástico por obra y gracia de un asesino sin género determinado. Un escapista sin igual que es capaz de salir de un coche dejándolo cerrado por dentro y con las llaves en el contacto. Entra en escena el thriller policial: dentro de un coche amarillo hay un cadáver, un tipo, médico de profesión, ha sido estrangulado: rápido y brutal. El coche está cerrado. Los cierres están echados. La llave en el encendido, girada. No hay manera de entrar. No hay manera de salir. Pero alguien lo ha hecho y ya se ha cobrado una pieza. ¿Habrá sido el taxista macarra? ¿El periodista cocainómano? ¿La maestra de religión quizás? Esperemos que ésta última no. Ante casos del Fin del Mundo viene mejor tener línea directa con el Altísimo.

atasco Pronto será de noche

Dura labor le ha caído al “madero”, Samuel, porque lo que aún desconoce, es que la temporada de caza ha quedado inaugurada, y que el caso del coche amarillo, es tan solo el primero de los crímenes que se darán cita entre Madrid y Despeñaperros. El que se duerma, no despertará jamás. Un asesino anda suelto. Los problemas crecen y en ésta, no sale Kirk Cameron.

Pero ya lo dice Murphy o quizás un primo suyo: no importa lo jodido que estés, siempre puede empeorar. Y dad por hecho que Jesús Cañadas, ese sádico autor gaditano, no está dispuesto a administrar muertes rápidas a sus desdichados títeres. Algo peor algo que un apocalipsis en ciernes, algo peor que los asesinatos selectivos… el “survival horror” llega para quedarse.

«Era vieja y estaba gorda. Colgajos de carne arrugada asoman por los huecos que el camisón no llega a tapar. Está chorreando y lleva un cuchillo. No está sola». Los corredores nocturnos entran en escena y como animales de carroña, se alimentarán de los pocos que aún quedan en pie en esta carretera al infierno, de los que duerman, de los que chillen, de los que callen, de los que se escondan... de todos aquellos que aún respiren. Más te vale que no te encuentren con vida.

Jesús Cañadas

Jesús Cañadas no es un autor conformista. Nada conformista, más bien lo contrario: le echa un par de “eso” que le cuelga al toro de la portada. Lo hizo en “El baile de los secretos”, su novela, a mi entender, más personal, de la que ya os hablé y en la que agoté albricias y alabanzas. Y ahora lo vuelve a hacer, años después y desde una posición mucho más asentada, gracias a “Los nombres muertos”, con “Pronto será de noche”, una novela de apenas 250 páginas en la que predomina, desde su misma portada con el toro crucificado, el miedo: a lo desconocido, a lo conocido, a lo sobrenatural y a lo mundano. Novela que mejora notablemente con una segunda lectura y cuya parte más floja, con independencia de ciertos personajes que no me convencen, o si no más floja, menos “creíble” o embarullada es sin duda la de los corredores nocturnos, aunque quizás este punto esté resuelto en la edición definitiva, recordad que yo hablo desde la perspectiva de un primer borrador.

En “Pronto será de noche”, hay muchas cosas que nos suenan pero que juntas forman un libro singular. No es nada fácil publicar en Valdemar y ésta, como las princesas más bellas, se dejó cortejar.  Nada en esta novela  es trivial o anecdótico, desde el móvil que no deja de con sonar, hasta el líquido que chorrea de un maletero. Nada pasa de refilón, nada te roza, todo te da collejas y esconde la mano mientras el autor, se descojona en tu cara y con un pincho, te arrastra a una de esas hogueras de carne humana y te pregunta: ¿y tú, lector, qué harías en su lugar? Ninguna respuesta es obvia.

Como actores, y con permiso del cielo de color incómodo, una serie de personajes a cada cual más mundano: desde el yonqui hasta el anciano, desde la embarazada al madero cagón. Unos mejor desarrollados que otros, otros más carismáticos que unos, pero TODOS intentando sobrevivir a la espera y a lo que desespera, mientras bailan junto a su esqueleto de armario particular ¿ah que no lo he dicho? Pues sí, cada cual en su maletero guarda algo más que una rueda de repuesto y una garrafa de agua.

Grge_dixit: Acojona, y mucho, aunque no es su mejor novela.

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