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Hildegard von Bingen nos transporta a la Europa medieval de los siglos XI y XII, a una estructura social en la que la décima hija de una familia noble podía, por su número, ser entregada a la vida monástica. |
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Ya avisamos: Siruela, en su colección ‘El árbol del paraíso’, viene cargada con interesantísimas novedades. Muestra de ello fue nuestro comentario de la obra de Alois M. Haas, "Viento de lo absoluto", e igualmente ilustrativa es la obra que nos trae hoy de vuelta a esta colección: "Vida y visiones de Hildegard von Bingen", disponible en FantasyTienda; en una edición de la profesora Victoria Cirlot. Dos obras muy relacionadas entre sí, en cuanto ambas reivindican la presencia de lo místico en el fenómeno religioso. Haas, a través de su reivindicación de la idea de lo inefable y lo absoluto durante el proceso de construcción de una ortodoxia que, hoy en día, la ha relegado al olvido. Cirlot, echando luz sobre una de las figuras más relevante del cristianismo místico y proyectando su importancia sobre el fenómeno del visionarismo religioso.
Hildegard fue una mujer que, apartada de joven del seno familiar, alcanzó una transcendencia moral, ética y humanística en su época sólo al alcance de unos pocos nombres más.
En esta edición (corregida y aumentada respecto aquellas de 1997 y 2001) llama inmediatamente la atención el amplio conjunto de documentos y perspectivas de los que Cirlot echa mano. Junto a la Vida que sobre ella, al poco de su muerte, elaboró Theoderich von Echternach; y que sigue siendo el texto central y núcleo fundamental para la comprensión de su figura. Y a los relatos en primera persona que narran sus episodios visionarios, y las preciosistas y coloridas miniaturas que las ilustran. El lector podrá encontrar un conjunto de textos líricos que ilustran su recepción, junto con un nuevo epílogo en el que Victoria Cirlot reflexiona, de entre las poliédricas dimensiones de su personalidad, sobre la dimensión mística de Hildegard von Bingen.
La mayor virtud de esta edición, y lo que más nos ha gustado al trabajar con ella, reside en la riqueza de un trabajo multidimensional, capaz de ajustarse a enfoques de lectura diversos que pueden conventir este libro en un estudio histórico, moral-religioso, o filosófico-místico; incluso todos ellos a un tiempo.
Hildegard von Bingen nos transporta a la Europa medieval de los siglos XI y XII, a una estructura social en la que la décima hija de una familia noble podía, por su número, ser entregada a la vida monástica y socializada en la vocación religiosa a la que se dedicaría de forma abnegada durante el resto de su vida. Un período en que la Edad Media, el conservadurismo estático que cristalizaría en Europa, todavía estaba en construcción.
En cuanto a su experiencia visionaria, ha permanecido claramente distanciada, por la consciencia de su desarrollo y la precisión de su detalle, de otras experiencias como las de Santa Teresa de Jesús o los pastores de Fátima. Las miniaturas que acompañan a los textos, que en esta edición siguen conservando su expresividad y exhaustividad originales, de hecho, son reflejo de esas particularidades. Las cartas donde narra sus episodios nos muestran a un Dios que, a través de una voz y en episodio de consciencia, muestra figuraciones cuya significación explica y que, con una visión contemporánea, encuentra todavía conexión con un sentido actual de la Realidad y lo Real.
Estas cartas y estas visiones fueron también una fuente de teología en vida de la propia Hildegard von Bingen. La parte de estos textos denominados “Scivias” (Conoce los caminos) fue sometido a estudio, en vida de Hildegard, por una comisión de teólogos elegida por el Papa Eugenio III, aceptadas e incorporadas a la doctrina en acto solemne –como fue la lectura de los fragmentos incorporados a la Iglesia durante un sínodo celebrado en la también localidad germánica de Tréveris. Unas lecturas que, por supuesto, le concedieron a Hildegard una autoritas extraordinaria dentro de la Iglesia de su época, siendo una de las pocas mujeres que en la historia ha tenido semejante influencia, y un extraordinario ejercicio de potestas entre su entorno social inmediato.
Hildegard von Bingen permanece todavía como una figura oculta en catolicismo popular, a pesar de su extraordinaria importancia. Una mujer que, apartada de joven del seno familiar, alcanzó una transcendencia moral, ética y humanística en su época sólo al alcance de unos pocos nombres más. En vida no sólo destacó por sus visiones, también fue abadesa, promotora principal de abadías y monasterios, pensadora del cristianismo, y compositora de varias piezas musicales de tono litúrgico.
El excelente trabajo de Victoria Cirlot y la extraordinaria edición de Siruela sirven, por lo menos, como modesto pero justo acto de resarcimiento para una figura imprescindible en la comprensión del visionarismo religioso.
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