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       Artículo de literatura

El hombre marcado, de Peter V. Brett


Eidián   17/09/2009
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     Gentes que sólo esperan que alguien les guíe en la batalla y les haga pensar que ya no sentirán miedo nunca más. Gentes como nosotros, sin más.
Portada de El Hombre marcado, de Peter V. Brett¿Tienen miedo a los monstruos? Bien. Lean entonces.

Una persona corre desesperada bajo el creciente crepúsculo. El terror está en cada una de sus apresuradas zancadas. Con el último rayo de luz extrañas formas empiezan a formarse, surgiendo del suelo. La persona cae horrorizada mientras frente a ella se materializan seres salidos de las peores pesadillas, demonios que se lanzan a desgarrarlo y despedazarlo. Pero para esos seres este bocado es suficiente. Los monstruos se alzan y corren hacia las casas donde los hombres se esconden, aterrados, tras débiles defensas. Las defensas son deficientes, los demonios son demasiados. Demonios que llevan miles de años recorriendo esta tierra, devorando hombres, aniquilando a la raza humana. ¿Puede alguien detenerlos?

Estamos ante un buen libro de fantasía que nos abre las puertas a un mundo nuevo que merece la pena investigar y conocer.

Imagínenselo…o, tal vez mucho mejor, recurran a la novela de Peter V. Brett, “El hombre marcado” (Minotauro, 2009, disponible en FantasyTienda) para componer mentalmente la tierra de Thesa donde los diablos son tan reales como los hombres que intentan sobrevivir bajo su dominio. Este libro forma parte de una serie que en inglés se ha publicado bajo el lema “Demon Trilogy” pero, a tenor de lo que el propio Brett ha confesado a Alejandro Serrano en Fantasymundo y en Scyla.com (por cierto, ambas entrevistas, entrevistador incluido, han sido citadas con entusiasmo por Brett en su página personal), la serie puede alargarse hasta cinco o seis libros, según la cantidad de historias que el autor prevea contar.

Peter V. BrettSi el escritor se guiase sólo por la aceptación de esta primera novela, no cabe duda que se vería obligado a extenderse hasta la docena de libros como poco pues, aunque en España aún no se haya llegado a esos extremos debido a la reciente publicación del escrito (apareció en mayo de este año), en el resto del mundo, sobre todo el anglófono, se ha convertido en un auténtico fenómeno literario. A los entusiastas les recomiendo visitar la página de Brett al respecto y ver las diversas ediciones de su libro: no perderse la edición japonesa, en tres volúmenes, tamaño manga, con unas ilustraciones de portada a-lu-ci-nan-tes. Esto explica que ya se hayan comprado los derechos del libro para la gran pantalla por el director Paul W.S. Anderson que ha declarado que la saga le parece comparable en importancia con “El Señor de los Anillos”, lo cual, teniendo en cuenta que sólo ha aparecido un libro de la misma, me parece una presunción cuanto menos precipitada. Anderson es responsable de la saga “Resident Evil”…lo cual me da un poco de miedo, todo sea dicho de paso, porque la saga del videojuego es bastante irregular, por decirlo finamente, y la obra de Brett se merece una buena película porque es amena, bien estructurada, bien resuelta y original...aunque las bases sobre las cuales se asienta no lo sean.

Todos aquellos que se dedican a leer relatos de fantasía sabrán reconocer componentes habituales de la misma en esta novela: monstruos sangrientos, héroes que no quieren serlo, guerras que afectan a todo un mundo o escenarios que toman lo suficiente de la realidad que nos rodea como para que nos suenen aunque no podamos ubicarlos concretamente en ningún lugar. Añadamos mitologías humanas varias repartidas generosamente entre un norte húmedo que recuerda a la Europa medieval-aria-germánica y un sur arenoso formado a partes iguales por leyendas y rituales orientales (digamos japoneses) y árabes (digamos…árabes). Salpiquemos un poco de historia antigua: Alejandría, Esparta, el mundo mediterráneo, etc.

Cojamos por último influencias de escritores varios como Terry Brooks más que J.R.R. Tolkien (ambos autores admirados por Brett), más James Clavell (el autor de “Shogun”, cuya serie televisiva aún guardan mis pupilas desde los días de mi más tierna infancia) que de…en fin, por poner un buen autor de bet-sellers, Ken Follet, y más David Eddings que R. A. Salvatore, y tendremos bastantes referencias para abordar esta obra de Brett. Porque, justo es decirlo, aunque su mundo está maravillosamente trazado y la historia es ágil y creible, Brett adolece de una narrativa rica de matices (esos paisajes de Krasia, la antigua Sol de Anoch o la vida de Miln, por poner algunos ejemplos, merecían unas descripciones más cuidadas, poéticas y profundas) y sus personajes carecen bastante de la riqueza de matices de un Martin o un Sapkoswky aunque, por otra parte, la evolución de los protagonistas es coherente y detallada al igual que el mundo en el que transitan.

No debemos preocuparnos, sin embargo, por los defectos de la obra puesto que el propio Brett, en un alarde de honestidad que le honra, declara que aún está aprendiendo y espera mejorar el estilo de la serie. Si lo consigue puede que sí, que la obra llegue a cimas verdaderamente únicas porque, desde luego, cuenta con buen material para ello: unos protagonistas atractivos (Arlen, Leesha y Rojer), tanto por su pasado como por el futuro vislumbrado; personajes originales como los enviados (mitad comerciantes mitad mensajeros), las herboristas que guardan la ciencia perdida, los juglares, única distracción en un mundo acosado; un mundo con unas ciudades estado que evocan a las ciudades feudales medievales; unas costumbres dictadas por la necesidad que recuerdan la supervivencia más estricta de los pueblos primitivos y una magia omnipresente pero disimulada que se centra en lo material más que en lo espiritual a través de esos signos mágicos ahuyentadores de diablos cuyo origen y significado yace enterrado bajo el polvo de los siglos.

Todo está ahí, todo lo necesario para hacer de los libros de Brett una gran saga…pero falta la profundidad que podría hacer de ellos una obra maestra. Llegados a este punto debemos recordarnos a nosotros mismos que este es un primer libro, que aunque Brett no profundice en los hechos que llevaron a Thesa a ser lo que es, aunque se nos escamotee la verdadera esencia e historia de los signos, las descripciones pormenorizadas de ciudades y lugares, las leyendas que alientan la esperanza de estos hombres perseguidos e incluso el conocimiento de la ciencia antes del Retorno, todo puede ser detallado en libros posteriores. Tiempo al tiempo.

Pero, si a pesar de todo, Brett se limitase a darnos “más de lo mismo”, no podríamos quejarnos: la importancia que da el autor a los personajes y sus peripecias, sobreponiéndolos a los detalles del espacio por el que se mueven, enriquece la agilidad de la trama y la hace enormemente cercana. El miedo que se palpa en la historia, que anega todas las relaciones humanas, nos atraviesa a través de las páginas y nos hace real un sufrimiento impensable, plagado de demonios. Los demonios, seres que pertenecen a ese mundo tanto como los hombres de los que se alimentan (con una fisicidad tan realista que, a veces, me descubro pensando en la serie Expediente X), son otro gran hallazgo de la obra, pues son malvados a los que se puede detestar sin lastres morales…o eso parece de momento aunque no llego a creer, como dice algún crítico, que este motivo la haga apta sólo para los que gustan de “grandes masacres” y “matanzas de orcos a la antigua usanza”. Es una definición de la novela de Brett demasiado simplista.

Esos demonios, que pese a su continua aparición no dejan de atemorizarnos y repelernos a partes iguales, nos persiguen por todo el relato. Los rechazamos y los odiamos desde el primer momento tal y como les sucede a los protagonistas. Crecemos con esos muchachos al ritmo que ellos lo hacen, perseguidos siempre por esos monstruos imposibles pero reales. Comprendemos el miedo de esos jóvenes, su lucha por sobrevivir y les acompañamos en su destino; luchamos junto a ellos, trazamos signos y levantamos lanzas a su lado mientras el horror a lo impensable nos atenaza. Forjamos alianzas impensables para enfrentarnos a la Noche. Nos rebelamos contra un futuro plagado de muerte y pánico a la oscuridad. Deseamos vencer y destruirlos…En este sentido, la obra de Brett es ya magnífica y nos arrastra con ímpetu a través de las páginas hasta el final conclusivo de la novela.

Este final demuestra hasta que punto Brett sigue los esquemas clásicos de la fantasía reciente porque, sin duda, en la novela podemos hablar de una búsqueda, un aprendizaje y una conclusión brillante cargada de violencia y afirmación personal. Sólo un “pero” a este respecto, aunque es un “pero” matizado por mis propios gustos: la introducción a este mundo de demonios físicos hubiese sido mucho más contundente, creo yo, si se hubiese abierto con la aparición de Rojer. En unas pocas páginas se nos habría revelado con una fuerza devastadora la realidad del mundo en el que penetrábamos para luego hacernos retroceder hacia posiciones más reposadas desde donde retomar la historia. Pero yo no soy el escritor y cada cual tiene sus razones para hacer lo que hace.

En cuanto a la edición de Minotauro señalar algunos errores que no restan brillantez a la novela pero confunden: primero una pregunta, ¿por qué se elige varias veces una palabra como “retrucar”, que no encaja demasiado con el tono general de la novela, frente a una más conocida y sencilla como “replicar”? Segundo: un arco de violín, a no ser que se toque una miniatura, jamás va a medir siete centímetros como se dice en el libro. Podrían preguntárselo al mismo Rojer, el juglar: con siete centímetros de largo da para poco más que para cogerlo con la mano y sacarse la porquería de las unas porque otra cosa…Sin duda los traductores se han liado: creo yo que donde dice “siete” debiera decir “setenta” o “setenta y siete” (los violines actuales tienen arcos de unos 77 centímetros). Podría agregar algún otro pequeño error pero son aún menos significantes que estos así pues lo dejo aquí. Quiero destacar también un detalle muy positivo de la traducción: el propio título. Sustituir “El hombre pintado” por “El hombre marcado” da no sólo más fuerza a la frase sino que también implica un doble sentido que casa muy bien con la historia que vamos a leer.

En resumen, estamos ante un buen libro de fantasía que nos abre las puertas a un mundo nuevo que merece la pena investigar y conocer. Con seguridad los libros que Brett nos reserva para el futuro (el autor había prometido acabar con la redacción de su segundo libro, “The Desert Spear” ("La lanza del desierto"), este pasado mes de agosto) no harán más que ampliar nuestros conocimientos sobre estas tierras y sobre los seres humanos que los habitan, seres que luchan contra sus miedos, sus dudas… contra los demonios que salen de la tierra cada noche para devorarlos. Gentes que sólo esperan que alguien les guíe en la batalla y les haga pensar que ya no sentirán miedo nunca más.

Gentes como nosotros, sin más.

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