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El mapa del tiempo, de Félix J. Palma |
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Félix J. Palma es un prestidigitador de las letras, que esconde su as en la manga mientras confunde a su oponente y le desarma. |
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La editorial Algaida nos envió hace unas semanas un ejemplar de la novela ganadora del XL Premio Ateneo de Sevilla, un voluminoso libro firmado por Félix J. Palma, autor normalmente dedicado al relato y con varios premios a sus espaldas, que colabora en la prensa como articulista e imparte talleres literarios. De entrada, la sinopsis suscita interés, y la portada no hace sino redondear su atractivo; lógicamente, su volumen asusta un poco al inicio, pero esa sensación se disipa enseguida al comenzar su lectura.
Sin duda, uno de los libros más recomendables del año que ya agoniza, un homenaje a la literatura y a su influencia en la vida de los lectores que nadie debe perderse.
“El mapa del tiempo” no es una novela más. Quizá sea ese el mayor parabien que pueda dedicarse a un libro, la mejor recomendación que pueda hacerse sin describir nada de su contenido, pero no vamos a quedarnos ahí, de ese modo no podríamos hacer justicia, ya que Félix J. Palma es un prestidigitador de las letras, que esconde su as en la manga mientras confunde a su oponente y le desarma. Y éste, comunmente llamado “lector”, cae en la trampa una y otra vez, porque, sencillamente, no puede hacer otra cosa. “El mapa del tiempo” es una novela adictiva, inteligente y precisa, que tiende sus redes sobre quien la lee, mostrándole un camino pero obligándole a recorrer otro, para volver al mismo punto de partida.
La obra del gaditano Félix J. Palma comienza como podría hacerlo cualquier otra, con una historia de amor imposible en un escenario que precisamente no facilita su realización, el Londres de finales del siglo XIX. Con los asesinatos de Jack el Destripador como telón de fondo, Andrew Harrington, hijo despreocupado de un acaudalado magnate de los negocios, se enamora de la mujer pintada en un retrato y se propone encontrarla. Descubirá, horrorizado, que su amor platónico es Mary Kelly, una prostituta de Whitechapel, el más degradado barrio de un Londres de miseria. Andrew deberá luchar contra sus prejuicios y los del resto del mundo en pos de la persecución de su felicidad.
Este arranque tan sólo es el impulso inicial que toma una novela laberíntica, de personajes muy bien dibujados, y en la que se entremezclan personalidades inventadas con otras correspondientes a personajes famosos de la historia o la literatura. Y no podría ser de otro modo, ya que en el fondo, “El mapa del tiempo” es un libro homenaje a la figura de un escritor que se alzó por encima de muchos otros gracias a su fértil imaginación: Herbert George Wells. Su novela “La máquina del tiempo” marcó a Félix de tal forma que la ha convertido en el eje central por el que pasa toda la trama de esta maravilla ganadora del premio Ateneo de Sevilla. El sentido del tiempo, cuya percepción varía según las circunstancias precisas del momento en que lo atravesamos, es quizá el tema primordial de la novela, y nos permite descubrir como el tiempo pasa de forma lenta o rápida, según nuestro momento anímico. Félix nos convierte a todos en viajeros del tiempo, mostrándonos hasta que punto la vida carece de linealidad, y no es sino una sucesión de saltos temporales.
La novela es larga, pero aún así Félix nos obliga a leerla casi del tirón, o al menos a pretenderlo. Él mismo hace de narrador omniscente, que viste sus palabras de tragedia o comedia según requiera el momento. La enorme variedad de registros del autor de “El mapa del tiempo” no deja de sorprender y en ocasiones de abrumar, tiene una enorme facilidad para ponerse en la piel de sus personajes y exprimir cada aspecto de su personalidad de forma efectiva y en ocasiones cruel y descarnada. Contrariamente a lo que pudiera parecer en un principio, y a lo que pudiera estilarse en el siglo XIX, Félix también nos ofrece la visión de la mujer sobre ese mundo, y su relación con el hombre y la red de convenciones sociales que éste teje para protegerse de un contacto más directo con las féminas, fruto de prejuicios consolidados a lo largo de la historia. El mismo Wells realiza un viaje iniciático en ese sentido que resulta sorprendente y revelador.
En este libro pueden distinguirse varios homenajes, no sólo a Wells y a sus “romances científicos”, precursores de la moderna ciencia ficción, sino también a Verne, los hermanos Lumière, Bram Stoker y su “Drácula”, e incluso el famoso “hombre elefante”, y otros personajes accesorios a la trama principal pero que ayudan a dotarla de materia creíble. Estos numerosos homenajes, que confluyen en uno especial hacia la literatura en general y que por un lado benefician al corpus de la novela, tienen también su aspecto negativo en “El mapa del tiempo”. La narración es tan sólida y creíble, tan bien urdida, y seduce tan convincentemente, que al encontrarte una relación completa de la vida y otra de un escritor real o personaje histórico durante varias páginas, como sacada directamente de la Wikipedia, el ritmo se rompe y cuesta volver a recuperarlo. Por un momento la magia se suspende en lo que me parece casi un crimen, aunque más adelante se retoma de nuevo. Supongo que para un lector no habituado a estos personajes y a su vida, estas introducciones de manual son necesarias y hasta cierto punto pueden formar parte de la narración sin los problemas que planteo, pero a mi me ocurrió precisamente lo contrario. Eso sí, una vez pasada la introducción, que siempre me parece artificiosa –no puedo evitarlo- el personaje en cuestión es descrito siempre en otra forma, más novelada y humanizada, y en ningún momento se interrumpe la magia. Es casi el único pero que puede ponerse a esta novela, y no estoy seguro de que pueda compartirlo el grueso de lectores.
La trama general tiene tres partes diferenciadas pero interconectadas entre sí por el tema central de la novela, el tiempo y su percepción. La ambientación del Londres victoriano es magnífica, y resulta sencillo sumergirse en ella, comprender la motivación de los personajes, entender sus reacciones y la forma en que está confeccionado este mundo. La relación entre los personajes y la ciencia, muy distinta a que nosotros tenemos actualmente, monopolizará cada una de las reacciones de éstos, muy lógicas según las convenciones de la sociedad victoriana.
Félix dota de credibilidad su visión de la sociedad británica del agonizante siglo XIX, y esto es precisamente lo que distingue a esta novela de otros intentos, ya que la verosimilitud se suma de forma brillante al entretenimiento puro y duro que nos proporciona, algo que consiguen pocos libros. Su complejidad, sobre todo en el último tercio, es perfectamente compatible con el divertimento que origina, y aunque algunos pasajes no son fácilmente comprensibles por las revueltas que Félix da al argumento, esto no lastra una lectura fluida, apremiante y lúcida de “El mapa del tiempo”. En esta reseña intento no ser demasiado explícito, ya que esta novela ha de disfrutarse con poco o nulo conocimiento previo de la trama de la misma, sólo así se consigue una experiencia cercana a la que describo. Sin duda, uno de los libros más recomendables del año que ya agoniza, un homenaje a la literatura y a su influencia en la vida de los lectores que nadie debe perderse.
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