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       Artículo de literatura
Venganza (Warhammer - Trilogía de Von Carstein 3), de Steven Savile
 Terror / Suspense
David Moñino   19/07/2008
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     La necesidad de sangre para el vampiro no es más que un mono difícil de pasar. El símil es claro y de gran viveza. Es algo que, como lector, no he podido pasar por alto.
Portada de Venganza (Warhammer, trilogía de Von Carstein 3), de Steven SavileEl último de los condes vampiro viene con fuerza renovada y más poder que los anteriores. Es trabajo de nuevos héroes, y algunos conocidos de los anteriores volúmenes, darle caza y extirpar de una vez por todas la plaga de los no muertos.

No voy a entrar en lo que es la atracción vampírica en la literatura, en la que hasta hace pocos años el vampiro era un monstruo sin alma y el antagonista indiscutible. Mannfred no es de esos, pero tampoco le favorece el cambio radical de una especie a otra. Se espera de él una transición que nos acerque, como lectores, la dualidad del personaje.

Steven Savile es capaz de dibujar el vampiro más refinado y, al mismo tiempo, el más salvaje y animal, pues es consciente de que ambas criaturas coexisten en el mismo cuerpo físico. De ahí, supongo, las continuas transformaciones en lobo, un animal también salvaje por naturaleza, y de muy difícil doma, por así decirlo.

El autor es brutal en sus descripciones. Esto es algo muy acertado, ya que hace que el lector no pueda escapar de estas escenas tan cruelmente gráficas. Sabe aprovechar el propio morbo humano.

Las imágenes creadas por el autor son prístinas, algo a lo que nos tiene muy mal acostumbrados. Nunca Warhammer había cobrado tanta vida en una novela sobre no muertos

La afición a los monstruos va por épocas y modas. A pesar de todo, tengo la terrible sensación de que el vampirismo lírico parece encontrarse en una época de declive. Es posible que se haya explotado demasiado la imagen, la figura, el personaje..., el propio monstruo. En alguna ocasión he oído que es culpa de Anne Rice, con sus Crónicas Vampíricas, pero creo que simplemente se trata de el vampiro vuelve a necesitar un nuevo cambio de imagen. Algo original, a lo que los lectores no estemos acostumbrados.

Asimismo, es fascinante la evolución literaria que han sufrido algunos personajes a lo largo de la trilogía; como el propio Skellan, el primer protagonista de la obra, convertido en antagonista por obra y gracia del autor, y reconvertido de nuevo en una especie de héroe y mártir al final. Es sin duda un trabajo encomiable, virtuoso y espectacular, porque nos desconcierta de una forma que nos ata a la lectura irremediablemente.

La escena del duelo es apasionante. Nunca había leído uno con tanta carga psicológica como el que nos presenta Savile en esta obra. El autor ha puesto en el fragmento toda la pólvora que contiene su pluma, nunca mejor dicho, por pretencioso que suene. Es un duelo poético, apasionante, descriptivo de la personalidad y el carácter de cada personaje.

Se podría pensar, por otra parte, que la introducción que precede al nudo, en este caso, es innecesaria, y me refiero en exclusiva a este tercer volumen. Sin embargo, en “Venganza” (Timun Mas) se convierte en un preparativo premeditado del acorde final de la trilogía. Quizás sea este tercer libro el que más tintes decimonónicos tiene, aún sucediendo todo en un mundo que, en realidad, nada tiene que ver con el nuestro.

Las imágenes creadas por el autor son prístinas, algo a lo que nos tiene muy mal acostumbrados. Nunca Warhammer había cobrado tanta vida en una novela sobre muertos, o sobre no muertos en este caso.

Portada de Herencia (Warhammer, trilogía de Von Carstein 1), de Steven SavileLos vampiros, a pesar de ser criaturas de la noche, por su naturaleza clásica, convierten su presencia en una reivindicación del eterno equilibrio entre el bien el mal, como no podía ser de otra manera, y sin querer utilizar los clichés de siempre, en el que constantemente están basadas la práctica totalidad de las novelas de fantasía, más que la lucha constante entre tan abstractas entidades o conceptos. Y es así como nos lo trata de presentar el autor, sin caer en el disimulo en absoluto, o en el tratar de enmascararlo. Como digo, no podría ser de otra manera en una novela basada en un juego de estrategia y enfrentamientos. Eso también se encarga Savile de dejarlo bien patente.

También, siempre ha habido cierta connotación sexual en el mundo vampírico. El autor toca el tema muy de pasada, a un nivel más psicológico, con lo que sabe jugar bien, pues es más su terreno, y adentrándose de forma breve en la asexualidad de estas criaturas, pues no se trata exactamente de bisexualidad, sino más bien de la búsqueda de la belleza y la perfección, así como ellos la entienden. El vampiro es narcisista en su sentido más estricto, y estas son el tipo de cosas que lo ponen de manifiesto.

Así como en los dos volúmenes anteriores, de nuevo en este último trasluce el universo de Warhammer con sus batallas y combates épicos como excusa. No en vano Savile parece tener una morbosa obsesión con detalles como las espaldas partidas, y el horror que supone no poder moverse, ni poder hacer absolutamente nada, ante una muerte que al propio personaje le resulta inminente e inexorable. Otra vez esos toques de psicología, esa búsqueda de un terror más racional.

Aún hay mucho que decir sobre el carácter bélico de la novela, y no quiero resultar repetitivo ni pesado. Pero quisiera hacer hincapié en algo al respecto, y es que la guerra, y las propias batallas en sí, tienen muchas caras. El autor ha sabido no sólo mostrarlas, sino sacarle un provecho en el transcurso de los acontecimientos, y de paso hacernos partícipes de ellos. Sobre los personajes, el recuperarlos del pasado de la trilogía es algo que autor disfruta haciendo. Lo mejor es que le da sentido histórico a su aparición, y crea remembranza en el lector. Los personajes comodín le facilitan el cubrir los puntos muertos, que también los hay.

Portada de Dominio (Warhammer, trilogía de Von Carstein 2), de Steven SavileY no sólo esto, sino que ha demostrado saber trabajar con varias razas diferentes, y se ve que tiene cierta predilección por los enanos. Conoce muy bien su carácter, y nos lo transmite con maestría y familiaridad. Durante la lectura también me di cuenta de que hace historia de los capítulos y volúmenes anteriores, restándole la suficiente información como para hacerlo creíble al lector, y confiriéndole un sentido de antigüedad, apergaminando el relato.

De los vampiros, apostillar que Savile compara al vampiro con el drogadicto. La necesidad de sangre para el vampiro no es más que un “mono” difícil de pasar. El símil es claro y de gran viveza. Es algo que, como lector, no he podido pasar por alto. Y, ¿qué decir de las peleas? He leído muchas entre dos miembros de un sinfín de razas fantásticas, pero la que se produce entre dos vampiros, relatada por Savile, se lleva la palma. Es algo que jamás ningún otro personaje conocerá, y no por ello pierde ni un sólo tono de todos sus tintes épicos.

En definitiva, hay pocas cosas que no me hayan gustado de este volumen. Quizá la más importante sea que el autor se desplaza hacia el final como dando traspiés, montando las piezas de un puzzle en el que el final de su resolución está cerca, pero el cual no somos capaces de divisar. Resulta una sensación agobiante el no saber qué ocurrirá con todos esos personajes que parecen creados al paso, sólo para justificar un final que, como digo, no parece llegar nunca. Para terminar sólo diré una cosa: sé que es una trilogía, pero la aparición de los Eldar deja una historia abierta que podría dar, al menos, para algunos volúmenes más. Espero que el autor sepa ver esto y nos lo presente en breve.

Un libro, no, una trilogía, absolutamente recomendable.

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