Mes a mes continúan llegándonos nuevos tomos de Yona, princesa del amanecer, el popular manga shojo de Mizuho Kusanagi que Norma Editorial comenzó a editar el pasado febrero. Y la historia en este punto no podría estar más interesante. Si todavía no la conoces o no estás al día con ella, puedes echarle un ojo a las reseñas de los primeros tomos, ya que en esta incluiré spoilers hasta este mismo volumen.

Un volumen que arranca con Yoon llevando provisiones a una de las aldeas del clan del fuego, cuyos habitantes viven en la extrema pobreza. El resto del grupo lo sigue, y, en una de las escenas más desternillantes en lo que llevamos de manga, terminan convirtiéndose en unos falsos bandidos cuando los alguaciles llegan para recaudar los impuestos.

Así, Yona decide viajar por las aldeas cercanas como bandida para ahuyentar a los recaudadores que oprimen a su gente.

Es en una de ellas donde por fin se desvelan los poderes de Shin-Ha, así como la fuerza del vínculo de los dragones con su ama.

Nos encontramos ante un tomo algo más ligero, con muchas escenas de humor que me han sacado más de una carcajada, y de cuyo capítulo más dramático es protagonista el dragón azul (mi favorito entre los dragones). Me ha encantado volver a “escuchar” su voz y conocer algo más sobre sus dudas respecto a sus propios poderes. Kuzanagi dota de esta forma a Shin-Ha, personaje de inmensa fortaleza, de una vulnerabilidad que lo hace más humano, más cercano al lector.

Por su parte, Yona sigue conquistando con su voluntad de fortalecerse para proteger el reino de su padre y a sus amigos. Su determinación es tan brillante como un fuego que hipnotiza y del que no puedes apartarte.

El resto del equipo, a su vez, nos demuestra que funciona tan bien a nivel cómico como lo hacía en batalla. Y la escena intensita entre Hak y Yona pone literalmente los pelos de punta.

Aunque la verdad ya comienzo a echar en falta un capítulo sobre Zeno. Hasta el momento aparece de forma tan secundaria que me cuesta empatizar con él al nivel del resto del grupo.

A nivel visual este tomo de Yona, princesa del amanecer me ha sorprendido mucho, sobre todo en el capítulo de Shin-Ha, donde Mizuho Kusanagi juega con el tamaño de las viñetas, las formas y los diálogos para transmitir potencia, miedo y desesperación, consiguiendo unas escenas visualmente muy impactantes.

La autora domina bien el movimiento y la expresividad de sus personajes, y su estilo elegante, clásico del shojo aunque un pelín más “sucio” en las escenas de lucha, funciona muy bien.

La calidad de la edición, como siempre que hablamos de Norma Editorial, es excelente, muy agradable al ojo y al tacto.

En definitiva, me ha encantado Yona, princesa del amanecer 9, el primer tomo que no ha sido adaptado al anime y en el que todo era una incógnita para mí. Ya estoy deseando que salga el próximo volumen para seguir disfrutando de esta historia que combina acción, aventura, romance y drama. Una historia de crecimiento y determinación sobre una princesa en cuyos ojos arde un fuego capaz de cambiar el destino de un reino.

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