Entre las novedades de Norma Editorial para el Salón del Manga de Barcelona se encontraba el 11º tomo de “Yona, princesa del amanecer”. El popular shojo de Mizuho Kusanagi que combina drama, romance, humor y acción. Y, como la autora prometía en el cierre del anterior volumen, la historia al fin se centra en el romance, sacando a la superficie a esa fangirl interior que llevaba tanto esperando su momento.

Si no conoces o no has leído este manga, puedes echarle un ojo a la reseña de los primeros tomos, donde te cuento sin spoilers de qué va la historia. Y si todavía no estás al día con ella, ten en cuenta que este artículo puede contener spoilers de anteriores volúmenes.

Sí. Finalmente ha llegado el momento. Por fin Kusanagi ha decidido darnos un poco de lo que estábamos anhelando: que la relación entre Hak y Yona avance. Y es que, debido a todo lo acontecido durante la búsqueda de los cuatro dragones y su posterior aventura en el Clan del Fuego, el elemento romántico había quedado en un segundo plano, con escasos momentos compartidos entre nuestro shippeo favorito del manga.

Pero tranquilos todos, que antes de entrar en materia, “Yona, princesa del amanecer” 11 arranca con un par de capítulos sobre el pasado de la princesa, Hak y So-Woon, en los que se ahonda en los lazos que los unían y el mutuo respeto entre ambos chicos, que la traición de Soo-Won rompió en mil pedazos.

Y es que entre los sentimientos que entrelazan a la princesa y su guardián, lo queramos o no, siempre se interpondrá la sombra de So-Woon (mal rayo lo parta).

Después de haber dejado el Clan del Fuego en manos de Tae-Jun, el grupo de Yona abandona el reino de Koka para adentrarse en el inestable imperio de Kai en busca de cultivos que crezcan en las tierras áridas que han dejado atrás.

Durante el viaje, la princesa empieza a practicar con la espada, lo que la obliga a pasar mucho tiempo a solas con Hak quien, por otra parte, no deja de hacerle la puñeta.

Su llegada a una aldea llena de mujeres que encuentran a los compañeros de Yona muy atractivos, coincide con la celebración del Festival del Fuego. Durante el mismo, el pasado, el presente y el futuro de la princesa se unen en una de las escenas más bellas de lo que llevamos de manga.

Mientras Jae-Ha sigue incordiando a Hak por no confesarle sus sentimientos a Yona, ella continúa sin percatarse de nada. Pero la Bestia del Trueno comienza a acortar distancias, lo que hace que la princesa empiece a reflexionar sobre lo que siente.

Así, veremos a la parejita en un puñado de momentos muy tiernos, y, entre ellos, un montón de pequeñas escenas humorísticas, protagonizadas sobre todo por los enfrentamientos entre Jae-Ha y Hak, además de por el pobre Ki-Ja, cuya inocencia y torpeza siempre le juegan malas pasadas.

Estamos, por lo tanto, ante un tomo ligero, que deja a los lectores reposar antes de meterse en la próxima gran aventura del grupo y, por fin, nos permite fangirlear a gusto.Como siempre, el dibujo de Mizuho Kusanagi es excelente, manteniéndose en la línea de shojo clásico centrado en los personajes más que en los fondos. La atención por el detalle de la mangaka hace que las escenas más trabajadas cobren vida ante nuestros ojos.

De esta forma continúa la historia de “Yona, princesa del amanecer”, avanzando al fin, aunque a pequeños pasos, en un romance que todos los lectores pedíamos a gritos.

Estoy deseando ver cómo continúa la historia y qué nuevas aventuras nos traen los próximos tomos.

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