Cuando nos ponemos a mirar qué queremos jugar son varias las preguntas que nos vienen a la cabeza. Al valorar un título nos fijamos en su jugabilidad, su narrativa, su aspecto gráfico, artístico, sonoro, si tenemos alguna referencia de la saga, en caso de que sea parte de alguna, y también nos fijamos en lo que nos quiere contar, su historia, en caso de que la tenga.

En World to the west este último punto, la historia, se divide en cuatro. Las de los cuatro personajes que la protagonizan. Lumina es una chica que, junto a sus hermanos, trastean con un antiguo artilugio que la teletransporta a un lugar que no conoce. Knaus, el más joven, es un niño que trabaja en una mina donde le tienen engañado haciéndole creer que está en la luna, y al que expulsan por rebelde. Lord Conington es un hombre hipermusculado que llega a la sociedad en busca del reconocimiento de la nobleza a su valentía y portento físico. Por último está Teri, una aventurera a sueldo a la que contrata un noble para conseguir un raro artilugio. El noble que la contrata, Tychoon, es quien más adelante la traiciona y a quien tiene que encontrar. Ella y todos los demás, ya que, a algunos más y a otros menos, les hace una jugarreta a todos los personajes.

La historia se divide en capítulos, siendo los primeros de introducción a cada personaje y donde más énfasis se pone en la trama de cada uno de ellos. Se pasa por el pasado y el presente de los protagonistas contándonos que hacen en el mundo donde se desarrolla el juego y qué necesitan para cumplir sus objetivos. Al final, todos se juntan para llevar a cabo un objetivo común: encontrar y derrotar a Tychoon. Con esa premisa se nos abre el mundo para poder explorarlo.

El mundo es practicamente abierto, dejándonos desde el momento en que se juntan los protagonistas libertad para explorar las zonas que queramos. Los primeros capítulos, aparte de desarrollar las tramas de los personajes, nos servirán para poder experimentar cómo movernos por el mapa con ellos. Lord Conington, al ser un hombre musculoso, se caracteriza por su fuerza y habilidad en batalla, y con él podremos trepar cornisas, destruir grandes rocas o despejar fácilmente zonas repletas de enemigos. Teri, la exploradora, puede correr y usar su bufanda como gancho para alcanzar algunas zonas alejadas. Además, con esta misma, podrá poseer a algunos enemigos para resolver puzles, ya que cada uno de ellos tiene movimientos y habilidades propios. Lumina es de la ciudad de Teslagrad (que también es el nombre del anterior juego de los desarrolladores) y tiene poderes eléctricos. Puede lanzar bolas de energía, usar elevadores magnéticos o teletransportarse una pequeña distancia para alcanzar lugares que de otra manera sería imposible. Knaus, el niño, gracias a su tamaño y peso, podrá moverse entre agujeros que hacen la vez de túneles, cavar sus propios huecos para ir bajo tierra o crear, gracias a unos patines especiales, una pista de hielo para poder pasar sobre el agua que encontremos.

Todas estas mecánicas se complementan en un mundo que es bastantante grande y que ofrece varias alternativas desde el principio. Cómo lo exploremos dependerá de nosotros, ya que no hay un camino fijado. Combinando cada una de las habilidades de los personajes podremos explorar el total de los niveles y llegar a las zonas que nos propongamos. También hay un montón de secretos que conseguiremos llevando al límite nuestra imaginación para darle uso a los personajes de maneras menos convencionales.

Aunque hasta unas horas entrados en World to the west no será cuando tengamos todas las opciones disponibles, es precisamente cuando esto ocurre cuando el juego deja de brillar. El momento en el que se nos abre el mapa es cuando más repetitivo se convierte. Existen unos pilones entre los que podremos viajar con cada uno de los personajes para volver a zonas visitadas. La única limitación que estos ponen es que sólo podremos viajar con un personaje a un pilón que este mismo haya visitado, por lo que tendremos que ingeniárnoslas para llegar a zonas accesibles con determinado personajes, con otros que no pareciera posible hacerlo. Y en este proceso es cuando más tiempo se pierde.

En ocasiones (más de las necesarias) nos encontraremos con zonas que no sabremos superar. Y dando vueltas, devanándonos los sesos y perdiendo tiempo acabaremos por darnos cuenta de que esa zona no es accesible con el personaje que controlamos, y que será más adelante cuando podamos acceder desde otro nivel.

La exploración es gratificante al principio, pero cuando tenemos que explorar los amplios mapeados varias veces por no haber encontrado la ruta necesaria, y el plataformeo nos haga repetir una y otra vez los mismos caminos hasta conseguirlo, nos daremos cuenta de que no lo es tanto. Además, las pantallas de carga, al menos en Nintendo Switch (que es la versión que hemos jugado) son muy largas. Pero mucho. Hemos estado hasta un minuto y medio en pantalla de carga para pasar a una casa, hablar con un personaje, y salir. Casi tres minutos para una conversación de cinco segundos no es algo apetecible, sobre todo en un juego donde el mapa se divide en niveles que, aunque son más o menos amplios, tienen pantallas de carga entre uno y otro.

El control es preciso, pero hay algunos puzles tan milimétricos que llegan a frustrar. En general, este apartado, el de los puzles, es el más cuidado del juego. Una vez que asimilas las mecánicas de cada uno de los personajes te das cuenta del trabajo de Rain Games en el diseño de niveles. Casi todos están pulidos y, en general, son gratificantes al completarlos, pero un mínimo error puede hacer que tengamos que comenzar desde el principio, algo no muy agradable con la complejidad que tienen algunos de ellos.

Gráficamente no destaca, pero sí que lo hace artísticamente. Recuerda, casi al instante, a Teslagrad. Los mapas son muy coloridos y, los códigos de color y texturas que utiliza son muy claros para saber qué elementos del mapeado son interactuables y cuales no. Sonoramente no es ningún portento, pero sí que tiene determinados alardes con algunos personajes y sus temas que nos harán identificarlos claramente.

En general World to the best es una buena opción de compra si lo que buscas es un juego con horas, contenido y diversión. Su problema es que los apartados donde cojea, como la repetición o las pantallas de carga pueden cansar demasiado pronto si no los toleras bien. Pero gracias a su diseño de niveles, su historia (sobre todo en los primeros compases del juego), sus mecánicas jugables y puzles y su apartado técnico, lo suple bastante bien y lo hace bastante disfrutable. Una gran opción tanto si lo que quieres son sesiones largas de juego como en sesiones cortas, donde se disfruta más en una consola semi portátil como Nintendo Switch.

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