Ousman Umar

Hoy día vivimos en una burbuja, pero hubo una época en que los españoles conocían bien las sombras que el mundo puede arrojarte encima como si de una avalancha se tratara. El hambre, el trabajo esclavo, la extenuación, la miseria y la violencia. Hubo un tiempo en que nadie tenía que explicarnos qué significaba todo aquello, no había manera de volver la cabeza hacia otro lado e ignorarlo, y aún hay abuelos que lo recuerdan y transmiten, que nos advierten y previenen de lo importante que es tratar a otros con empatía, de no mirar tanto el bolsillo a la hora de juzgar cuánto “vale” una persona. Pero hoy día, a la gran mayoría hay que recordarle esas sombras que se extienden por el mundo y que amenazan con devorarlo todo y a todos. “Viaje al país de los blancos” (Plaza&Janés) es un buen ejemplo de esto, y al mismo tiempo un canto a lo maravilloso que puede ser el mundo cuando logramos conectar de verdad con otros y nuestro entorno.

Ousman Umar firma esta historia autobiográfica del viaje de su vida, desde una aldea de la sabana de Ghana, donde no pasaba hambre, pero sí tenía muy pocas perspectivas vitales, hasta Barcelona, ciudad que le acogió y le permitió desarrollarse personal y profesionalmente. Con trece años de edad, inició un viaje de 5.000 kilómetros sin apenas dinero, agua y comida, transitando por algunos de los lugares más peligrosos del planeta, donde las mafias y los cuerpos de policía corruptos campan a sus anchas, y en los que cada día son asesinados sin contemplaciones seres humanos simplemente por unas monedas.

“Viaje al país de los blancos” rebosa franqueza, sencillez, llama a las lágrimas pero también a la esperanza, y sobre todo nos despierta a una realidad que no podemos obviar, menos en tiempos tan inciertos como estos

En “Viaje al país de los blancos”, encontraremos una odisea contada por un hombre ya asentado en España en todos los sentidos, pero protagonizada por un adolescente analfabeto repleto de inocencia y deseo al principio, que a medida que recibe golpes va descubriendo lo despiadado que es el mundo. El deseo por aprender lleva a Ousman a iniciar su camino; hijo de un chamán, un día, mientras jugaba, vio un avión que surcaba el aire, y pensó que era cosa de magia. Le dijeron que el ingenio era cosa de los blancos, que eran todos ricos y capaces de obrar maravillas. Y él quiso ser blanco, quiso aprender lo que ellos saben, quiso obrar sus maravillas, quiso ser ingeniero, piloto o médico, “todo menos negro”, algo que él identificaba con su experiencia personal.

Así que, a los doce años, dejó su feliz aldea, Fiaso, en el distrito de Techiman, donde fabricaba sus propios juguetes y dependía de la naturaleza para saciar su hambre, y empezó a trabajar como aprendiz de soldador en un pueblo cercano, y siguió moviéndose donde el trabajo se hallara, hasta llegar al puerto de Accra, la capital ghanesa, donde trabajó a cambio de un bol de arroz al día. Y un día oyó hablar de Libia, donde ofrecían mejores trabajos y sueldos, una perspectiva de futuro. Y allí empezó su odisea.

Nos habla de lo despiadados que pueden ser algunos seres humanos, pero también de la generosidad que brota en los lugares más insospechados

Portada de Viaje al País de los BlancosCuatro años tardó en completar su viaje, repleto de hambre, sed y abusos, en los que miró a la cara de la muerte en repetidas ocasiones. Pero su consigna era clara: el Paraíso o la muerte. Un Paraíso para nada metafórico, sino físico, real (o eso creía él), muy alejado del infierno que empezó a padecer en cuanto salió de Fiaso. Un lugar en el que sería tratado de otra manera, un lugar en el que contaría, en el que podría formarse y tener una vida distinta. Cuatro años en los que se sintió caer muchas veces, pero en los que nunca se rindió.

Ousman nos transmite una historia llena de tinieblas que ayuda a poner en perspectiva el lugar de nuestra sociedad en el contexto mundial, y también a comprender las necesidades que llevan a algunos africanos a buscar caminos hacia Europa. Nos habla de lo despiadados que pueden ser algunos seres humanos, pero también de la generosidad que brota en los lugares más insospechados. Del poder de la empatía y del deseo.

Su experiencia en España: «Barça«

Nuestro protagonista también transmite en “Viaje al país de los blancos” su experiencia con las autoridades españolas y las ONG. Su paso por el CIE de Málaga y su último destino, que le permitieron elegir. Sólo sabía una palabra en español o catalán, “Barça”, y fue la que pronunció cuando le preguntaron a dónde quería ir. Allí conoció a sus padres adoptivos, que lo acogieron en Barcelona con 17 años y que lo trataron como a cualquiera de sus otros hijos. Cuando durmió por primera vez en una cama de su casa, a un desconcertado Ousman le abandonó toda la tensión del cuerpo, de esos años de padecimientos, y rompió por fin a llorar, inició el largo trámite de procesar lo ocurrido, de relajarse por primera vez, de comprender que estaba en otro mundo, con distintas necesidades y afanes.

Ousman ha podido estudiar en nuestro país y ha montado una ONG, NASCO Feeding Minds, que ayuda a niños de Ghana a alimentar sus mentes, para poder crear un mejor futuro en su propio país, y que no tengan que exponerse a los peligros de la travesía hasta Europa. Sus aulas informáticas en entornos rurales permiten a miles de pequeños ghaneses acceder a otra mentalidad, otras destrezas y otro futuro. Ousman es hoy un hombre concienciado que no ha perdido un ápice de empuje, y que mantiene ese deseo por aprender y mejorar, y transmitir a otros sus experiencias.

Es necesario despertar mentes, aquí y allí

Ousman nos permite vislumbrar una parte de su pasado infierno, que salgamos de nuestra zona de confort, que incluso sepamos ver más allá de lo que aquí llamamos “miseria”, y aprendamos que el mundo es un lugar que hay que mejorar por completo, aunque sea simplemente para que el infierno no llegue a nuestras mismas puertas y las derribe, no en forma de inmigración, sino de miseria absoluta. Que quizá, más que cerrar puertas a cal y canto, es necesario despertar mentes tanto aquí como allí, vislumbrar otras realidades, y aprender que el Paraíso puede estar en nosotros, no tanto en nuestras carteras, sino en nuestras cabezas.

“Viaje al país de los blancos” rebosa franqueza, sencillez, llama a las lágrimas pero también a la esperanza, y sobre todo nos despierta a una realidad que no podemos obviar, menos en tiempos tan inciertos como estos. Un libro que se lee en un suspiro, una experiencia que se queda dentro.

«¿Qué había hecho mal?«

«Crucé el Sáhara a pie, el mar en patera y vi morir a mis amigos. Cuatro años más tarde llegué a España… ¿Por qué había sufrido tanto? ¿Por qué tanta lucha? ¿Qué había hecho mal? Entendí que la pregunta no era “por qué” sino “para qué”…»

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Cofundador de Fantasymundo, director de las secciones de Libros y Ciencia. Lector incansable de ficción y ensayo, escribo con afán divulgador sobre temáticas relacionadas con el entretenimiento y la cultura cercanas a mis intereses.

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