Un asunto privado

Algo bueno está pasando en Prime Video. O, por lo menos, eso es a lo que parecen apuntar los últimos estrenos de la plataforma dónde los errores estructurales de sus guiones, al tener mayoritariamente un arranque lento y una definición tardía de los personajes, parecen haber quedado atrás. Ahora tenemos todo lo contrario: arranques fulgurantes, personajes claros y fuertes y, sobre todo, muchas mujeres protagonistas.

A este nuevo perfil corresponde la serie española ‘Un asunto privado’ (Prime Video) -estrenada el pasado 16 de septiembre.

Una maravillosa Aura Garrido y un extraordinario Jean Reno forman un tándem en estado de gracia para traernos a Marina Quiroga y a Héctor, señora y ayudante de cámara, inmersos, por gracia de la pasión infantil de Marina, en la resolución de un emocionante caso criminal: la captura de un asesino en serie que campa a sus anchas por la Galicia de la década de 1940.

A ‘Un asunto privado’, precisamente por la honestidad en sus intenciones, la tenemos que juzgar más como una comedia familiar de aventuras que como una serie de misterio o criminal

Para hacer verosímil y dotar de intensidad a este contexto se crea la figura de un padre mítico -excomisario ya fallecido-, instigador de esta capacidad analítica en sus hijos; un hermano comisario heredero también de este instinto, pero infinitamente menos brillante que Marina (Arturo, interpretado por Pablo Molinero); un policía segundón pero sí verdaderamente adiestrado directamente por este padre mítico (Borja Otxoa); y una madre protectora que hará lo que sea porque Marina abandone sus enredos y “asiente la cabeza” (Ángela Molina, algo sobreactuada aquí aunque también estupenda).

Como secundario de oro, una mención aparte merece el ya legendario “Comisario” de Tele5, Tito Valverde, convertido aquí en un excompañero del padre mítico que, insistentemente, hará de todo porque la investigación criminal siga siendo coto de caza exclusivo de Arturo Quiroga y el resto de sus hombres.

Una serie con un tono a medio camino entre el videojuego y el cómic

Pero la verdadera trama, más allá del contexto claramente moderno y feminista a pesar de la temporalización y ambientación de la serie, está en el caso criminal y, especialmente, en las peripecias atípicas de Marina y Héctor.

El tono divertido de la serie, a medio camino entre el videojuego y el cómic, justifican narrativamente la extraordinaria carga de humor surrealista y fina ironía que caracterizan los diálogos del dúo protagonista. Con este conjunto encaja también a la perfección la imagen luminosa, el vestuario preciosista, los exteriores y el uso del CGI; todos estos recursos especialmente orientados a hacer de las peripecias de los dos protagonistas lo más entretenidas posibles.

Entretenimiento sin estridencias ni profundidad

Así que, si Marina se nos parece a Sherlock (esta vez sin su inseparable Watson) y Héctor se nos parece a Passepartout (esta vez sin su inseparable Phileas Fogg), en esta serie estos paralelismos casi dan igual. Porque todo está pensado para el entretenimiento sin estridencias ni grandes honduras, familiar, directo, simpático y agradable.

Quizás por esto se obvió la posibilidad de ir más allá en el contexto y materializar, realistamente, el espacio en que se enmarca: los personajes no hablan gallego (nadie lo hace, de hecho, aunque la opción está disponible en doblaje y subtítulos), el franquismo ni se menciona, la dictadura no existe, la policía es igual de inepta pero no tan política como entonces… y así podríamos seguir.

Aunque a ‘Un asunto privado’ (Prime Video), precisamente por esta honestidad en sus intenciones, la tenemos que juzgar más como una comedia familiar de aventuras que como una serie de misterio o criminal.

La química Garrido-Reno

Y, como comedia de aventuras, funciona a las mil maravillas. Sobre todo, la química Garrido-Reno funciona con tal potencia que, llegados a cierto punto, poco nos importa todo lo demás; solo queremos que la trama avance para seguir viendo más peripecias y teniendo esa sonrisa en la boca que solo las buenas series son capaces de conseguir.

A tal punto que ninguna de las exigencias realistas que otros ven son pertinentes aquí, llegando incluso a agradecer una mirada luminosa a una Galicia que también fue, por mucho que nos empeñemos en no verla.

Ocho capítulos de poco más de cuarenta minutos cada uno que pasan rapidísimo, que se disfrutan y que dejan ganas de más, gracias, sobre todo, a esos dos inmensos actores que tiran de la serie para hacerla merecedora, ojalá, de una continuación.

¿Habrá dado Prime Video, por fin, con la tecla? Crucemos los dedos.

Nota: 7/10

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Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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