Un asesino en escena, de Ngaio Marsh: un ameno whodunit que derrocha teatralidadEl mundo del teatro y los actores es bastante querido en la literatura policiaca, quizá por la relación que muchos de sus autores tuvieron con él como dramaturgos, directores e incluso actores. También porque en pocos lugares se crea un ambiente de trabajo en el que afloren con tanta intensidad las pasiones y debilidades humanas, y en el que el brillo de la ficción, la fama y el arte convivan tan a flor de piel con las realidades más prosaicas.

Algunos ejemplos de esa presencia de las tablas en la novela enigma son, por mencionar distintas procedencias: «Tragedia en tres actos», de Agatha Christie, con el actor sir Charles Cartwright como uno de los protagonistas; «El caso de la mosca dorada», de Edmund Crispin, donde la víctima es una actriz de una compañía teatral recién llegada a Oxford; «El invierno del comisario Ricciardi», de Maurizio de Giovanni, con el asesinato de un tenor en el Teatro San Carlo de Nápoles; «La lluvia en la mazmorra», de Juan Ramón Biedma, protagonizada nada menos que por el dramaturgo Enrique Jardiel Poncela.
 
«Un asesino en escena» (Siruela) de Ngaio Marsh, puede ocupar un lugar preeminente en esa familia de misterios, pues pocas novelas como ésta reúnen tantos elementos teatrales, comenzando por un asesinato cometido en plena representación, ante los ojos de los espectadores. También porque la escritora neozelandesa tenía experiencia como autora teatral, directora de escena y actriz. Y, por último, aunque no por ello menos importante, porque su estilo conciso y directo, parco en descripciones y basado en los diálogos, tiene también ecos muy teatrales.

Ngaio Marsh fue precisamente la autora elegida por Ediciones Siruela para inaugurar la Biblioteca de Clásicos Policiacos con su primera novela «Un hombre muerto».

«Un asesino en escena» es la segunda, y en ella aparecen dos de los principales personajes de la anterior, el joven periodista Nigel Bathgate y el inspector de Scotland Yard Roderick Alleyn, quien protagonizaría nada menos que treinta y dos novelas de Marsh.

Ambos personajes se encuentran aquí más definidos y el reparto de roles entre ellos es más claro, recordando a otras parejas célebres del género detetivesco. Un maduro y seguro Alleyn controlando la situación y un joven y subordinado Bathgate siempre por detrás de los acontecimientos y al que el inspector maneja a su antojo, tolerando o no su presencia durante el curso de la investigación.

Arthur Surbonadier, un actor secundario de pasado turbio y presente atormentado, sobrino del empresario teatral al frente del teatro “Unicorn”, cae abatido a balazos sobre el escenario cuando un revolver que se suponía cargado con balas simuladas resulta disparar munición real. Un asesinato cometido delante de toda la audiencia de la representación de esa noche.

Entre esa audiencia se encuentra el detective Roderick Alleyn, quien acompaña a su amigo el periodista Nigel Bathgate. Invitados ambos por el actor principal, Felix Gardiner, contemplan desde su butaca cómo su personaje dispara sobre el de Subordanier las mortíferas balas.

Un asesino en escena, de Ngaio Marsh: un ameno whodunit que derrocha teatralidadRivalidades amorosas, celos profesionales, agravios familiares, chantajes económicos… son muchas las razones por las que varios de los miembros de la compañía teatral podían querer ver muerto a Suborndanier. Alleyn, quien desde el primer momento asume la investigación del crimen, secundado por sus hombres de Scotland Yard, irá descartando unas para seguir la pista de otras.

No es esta una obra de grandes sutilezas ni reflexiones perspicaces en torno a la naturaleza de los personajes. Ngaio Marsh va al grano: presenta un caso y dirige la trama con mano firme hasta llegar a un final suficientemente verosímil y bien explicado, todo ello en poco más de doscientas páginas.

Y eso a pesar de que el inspector Alleyn es, en estas primeras novelas de la neozelandesa, un personaje difícil de clasificar y propenso a bruscos cambios de carácter. Sus relaciones con los demás –especialmente, en esta historia, las que mantiene con la primera actriz, Stephanie Vaughan– resultan a menudo un tanto toscas y hasta raras. Pareciera que Alleyn aún fuera, en gran medida, un extraño incluso para su creadora.

La traducción del inglés ha corrido a cargo de Alejandro Palomas. Como curiosidad, decir que el título original en inglés de la novela, «Enter a Murderer», algo así como “Entra (en escena) un asesino” hace referencia a una línea de la dirección de escena de «Macbeth».

De nuevo Gloria Gauger, responsable del diseño gráfico de la colección, ha sabido encontrar para la cubierta del libro una preciosa ilustración Art Déco alusiva a la trama.

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