Hace unos meses llegaba a librerías Todos los pájaros del cielo, de Charlie Jane Anders, de mano de la joven aunque ambiciosa editorial Insólita. Una novela debut que llamó la atención de crítica y público y consiguió en 2017 los premios Locus, Nebula y Crawford.

Si ya resultaba interesante solo por eso, el hecho de que las opiniones que iban llegando sobre ella fueran tan dispares y que nunca estuviesen en el término medio disparó mi curiosidad. Una historia que mezcla magia y tecnología futurista. Una historia sobre el cambio climático y sobre la responsabilidad humana en la destrucción del planeta. Una historia sobre dos personas que, representando lados opuestos de la moneda, se enamoran y demuestran que pueden luchar juntos a pesar de sus diferencias.

Esto es lo que pensaba que encontraría en Todos los pájaros del cielo tras leer su sinopsis. Y me encontré con todo ello, sí, pero de una forma muy diferente a la que me esperaba.

La novela comienza introduciéndonos a Patricia, una niña incomprendida por su familia que se encuentra un pájaro herido y descubre que puede hablar con él, que es una bruja. El animalillo la lleva hasta el Árbol del Parlamento, donde todos los pájaros allí reunidos le plantearán la Pregunta Infinita.

Por otra parte, Laurence es un pequeño genio científico que consigue construir una máquina del tiempo de dos segundos, lo que lo lleva a conocer a Isobel, en un encuentro que le cambiará la vida, pues esta ingeniera aeroespacial resulta estar trabajando en el cohete que el niño soñaba con ver.

Tras conocer a los protagonistas en los dos primeros capítulos, la novela da un salto hasta su época de instituto. Ambos han pasado de no encajar a convertirse en los bichos raros de los que todo el mundo se burla. La magia parece haber abandonado a Patricia, y ni todos los inventos de Laurence han conseguido librarlo del abuso del resto de los alumnos. Es en este momento donde se conocen y comienzan una amistad en la que, por una vez, no necesitan ocultar quienes son. Pero el bullying al que los someten sus compañeros de clase, unido a la inacción de sus profesores y padres y alentado por Theodolphus, el extraño nuevo orientador del instituto, los lleva al borde del abismo y pone a prueba su amistad.

Entrando en la tercera parte volvemos a dar un salto temporal al futuro. Bien entrados ya en la veintena, Laurence se ha convertido en un famoso científico que trabaja con su equipo en el Proyecto Diez por Ciento, un experimento que podrá cambiar el destino del mundo. Lo que no sabe cómo llevar a buen puerto es su relación con Serafina. Es en este punto cuando se produce el reencuentro con Patricia, que, tras graduarse en una escuela de magia, se ha convertido en una bruja poderosa que se dedica a solucionar los males que asolan el planeta, desde alejar desastres naturales hasta detener intentos de asesinato, pasando por la cura de enfermedades.

Mientras se enfrentan como pueden a los problemas de su trabajo, sus relaciones y sus propias inseguridades —dudando si recuperar o no su amistad y tratando de entenderse— el mundo se aproxima lentamente a su fin.

Como puede deducirse de esta extensa sinopsis, Todos los pájaros del cielo está dividido en tres partes muy bien diferenciadas. Tan bien diferenciadas que rompen la unidad de la novela, y ni siquiera tienen un tema común. A los primeros capítulos de introducción de personajes le sigue la adolescencia de los chicos, que desarrolla de una forma muy empática la crueldad devastadora del bullying y las formas que hay de enfrentarse a él. En este segundo libro Anders consigue que sufras con sus personajes, que te preocupes por cómo saldrán de ahí, que admires la fortaleza de Patricia y que te compadezcas de la inseguridad egoísta de Laurence.Pero la tercera parte, que es también la más extensa (aproximadamente un cuarto de la novela) es una narración de cómo son ahora las vidas de Patricia y Laurence, de sus encuentros, desencuentros y debates. Pero estamos ante unos personajes que han cambiado mucho, casi desconocidos para el lector y con los que en lo personal no conseguí conectar hasta casi el final. Es como si nos presentasen unos nuevos protagonistas con los que tuviésemos que volver a identificarnos desde cero.

Mientras, del fin del mundo que nos prometieron solo se oyen rumores de fondo, y no es hasta el mismo clímax que las cosas se ponen por fin interesantes. Pero plantear el conflicto gordo de la trama dentro de las cien últimas páginas hace que el resto de la novela parezca errática, inconexa, sin una meta concreta.

Como la vida. Como la vida de Laurence y Patricia. Porque Todos los pájaros del cielo no se centra en el apocalipsis, ni en la guerra entre brujos y científicos, ni en cómo unos y otros tratan de solucionarlo. Todos los pájaros del cielo es Laurence y Patricia, cómo cada pequeña cosa que les ha ocurrido en la vida los ha hecho tomar decisiones, evolucionar y convertirse en quienes son ahora. Es cómo cada uno de ellos reacciona al fin del mundo, más que lo que hacen para salvarse.

Charlie Jane Anders presenta así una forma muy novedosa de enfocar una novela, tanto en la estructura (con sus tres partes tan distintas entre sí) como en el contenido (centrado en cómo los personajes han llegado a ser y estar en el momento en el que se desata lo que debería ser el centro de la trama). Si esto resulta efectivo o no, queda a gusto personal del lector. En mi caso, disfruté mucho de las dos primeras partes, pero la tercera me pareció aburrida hasta el final, teniendo que “sacrificar” la mayor parte del libro —en la que por otra parte no ocurre casi nada— para poder reconectar con los protagonistas. Además, el último cuarto me pareció muy precipitado, como si la autora tuviese que meter atropelladamente todo lo que debió suceder a lo largo de la novela.

Una novela que trata algunos temas recurrentes de la literatura de género, como la responsabilidad humana en la destrucción de la Tierra, el eterno conflicto entre magia y ciencia (si estamos al servicio de la naturaleza o si, por el contrario, es ella la que nos sirve a nosotros) o el desarrollo de inteligencias artificiales, dándole una vuelta para sugerir la importancia de la unidad, la colaboración y el entendimiento.

En cuanto al estilo, Anders sorprende con una narración tan diferenciada como las tres etapas del libro: los capítulos de la infancia son como cuentos de hadas mágicos y llenos de ternura. En la segunda parte, Todos los pájaros del cielo se convierte en una novela juvenil sobre la aceptación y la lealtad, mientras que la última parte adquiere un cariz más oscuro, descarado y adulto, con un lenguaje más duro.

Pero cada párrafo de la autora está imbuido de una fina ironía y de cierto surrealismo que aproxima el libro hacia el weird en ciertos momentos. Sarcástico y contundente, se nota que cada palabra está pensada hasta la saciedad. Una intencionalidad que Natalia Cervera, la traductora, ha sabido mantener con mucha corrección.

En definitiva, estamos ante un libro distinto, que ha querido innovar en la forma de contar una historia, a nivel trama, estructura y narrativa, con un resultado bastante experimental. Y que se vuelve una lectura interesante solo por eso.

Pero Todos los pájaros del cielo no es un libro para todo el mundo, de ahí sus críticas tan dispares. En lo personal me ha parecido una obra con bastantes altibajos, que no ha sabido mantener mi atención del todo. Aunque tiene elementos muy destacables, me ha faltado algo. Pero quizá tú si encuentres ese algo entre sus páginas. Si eres de libros experimentales y transgresores, dale una oportunidad. Te aseguro que yo no he leído nada parecido en mucho tiempo.

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