Imagínate que estás en una sala llena de personas, todas ellas con palomitas y preparadas para ver una película de la que no saben nada, salvo que alguien la ha recomendado y os ha reunido para verla. Y entonces una estrella cruza el cielo nocturno, tres reyes magos entran en un hogar a adorar y entregar presentes a un recién nacido, donde les recibe de no muy buenas maneras un hombre muy feo vestido de mujer. Hasta que se dan cuenta del error y deciden recuperar los presentes por medio de la fuerza para entregárselos al verdadero y todopoderoso Jesucristo nuestro señor.

La película es “La vida de Brian” de los Monty Phyton, la situación, aunque sin palomitas, es una clase de filosofía de cuarto de E.S.O., y yo el único gilipollas junto a la profesora que se descojonó durante toda la película.

No fue mi primer contacto con los Monty, esa misma película ya la había visto varios años antes, pero si fue la primera vez que la disfruté con una mente y un sentido del humor más formado (gracias Terry), permitiéndome apreciar coñas y mongoladas que para un más inocente yo pasaron desapercibidas. También fue la primera vez en que pude darme cuenta que estaba rodeado de sosos de mierda, y que el sentido del humor que había desarrollado con los años no era apto para todo el mundo. Técnicamente también que tenía un pequeño crush con mi profesora hippie de filosofía, pero esa es otra historia.

Una espada que pide sangre

El juego que me ocupa, The Procession to Calvary ha sido creado por Joe Richardson, un hombre con el mismo sentido del humor de los Python, aunque sin (de momento) tanta genialidad como el grupo cómico, ya voy avisando. Pero sin duda si disfrutas de aquellas películas, disfrutarás esta aventura. Sátira, absurdidad y diálogos bien escritos siempre combinan bien, y Calvary no es una excepción por mucho que pierda fuelle en su tramo final.

Nos cuenta la historia de una sanguinaria guerrera a quien el fin de la Guerra Santa le supone un problema ¿a quién matará ahora?, ¿nadie ha pensado en los pobres soldados?, busquen una nueva guerra rápido.

Poco tardará hablando con el nuevo y justo gobernante en autoasignarse una última misión, arrebatar la vida del líder enemigo “Heavenly Peter”. Pero primero hay que encontrarle y llegar hasta él, ese será el viaje que viviremos.

El point & click nunca muere

Y este trayecto lo realizaremos en forma de la segunda carta de amor de Joe, las aventuras gráficas clásicas de point & click. Un género casi extinto hasta que Daedalic y el boom de los pequeños desarrolladores los trajeron de vuelta. Ese tipo de juegos que puedes pasarte prácticamente con un solo botón del ratón, cuya simpleza en mecánicas jugables lo suplen las buenas historias, la calma que transmiten y la satisfacción que te supone resolver sus puzles.

Aquí las mecánicas estarán simplificadas al máximo, con el clic izquierdo nos movemos, interactuamos con el escenario y escogemos entre las tres opciones posibles, observar, hablar y coger. Disponemos de un inventario donde guardar objetos y en alguna rarísima ocasión, combinar objetos. Y para rematar con el clic derecho desenfundaremos la espada, el elemento más importarte del juego.

Si actuamos como un ser humano decente apenas la usaremos un par de veces para cortar aquí o allá, si por el contrario decidimos ignorar las leyes y ordenes de nuestro gobernante y actuar como un psicópata amoral, tuya es la libertad de cercenar la cabeza a cualquier persona que te suponga un obstáculo en el camino, siempre que aceptes las consecuencias.

En cualquier caso, la simpleza de la mayoría de los puzles no debería tentarte de usar el arma salvo como curiosidad. Es un título sencillo y cortito, sin muchos escenarios y objetos que interactuar. Hasta disponemos de un botón para resaltar objetos en caso de que no nos quede visualmente claro con qué interactuar al entrar a cada uno de los cuadros que componen los escenarios.

Los cuadros cobran vida

He dejado para el final el apartado artístico del juego, lo más llamativo y original del título. Absolutamente todo lo que ves está sacado directamente de pinturas del renacimiento. Cuadros que han sido recortados, mezclados y animados para dar forma a los paisajes y personajes de la historia, dando una impresión visual muy llamativa y única (en el mundo de los videojuegos). Pecan de ser demasiado estáticos y con pocas opciones a la hora de animar cuerpos debido a la técnica usada, pero es un esfuerzo loable por el autor del juego, y más que resultón para la duración del título. Además, no hay nada que no mejore una buena banda sonora.

Aquí Joe vuelve a tirar de lo clásico. Piezas de Vivaldi, Bach o Beethoven nos acompañan en cada una de las pantallas con la gracia de estar justificados de forma diegética. Uno o varios músicos estarán dispersos por el escenario, podremos consultarles la pieza que tocan, venirnos arriba tarareando y hasta aplaudirles por su gran trabajo. Una tontería demasiado graciosa.

Ojalá en un próximo título el presupuesto necesario para pagar un doblaje que le sentaría de maravilla a los diálogos para rematar su apartado sonoro.

En definitiva, si sabes inglés, disfrutas una buena aventura point & click, te llama la atención el estilo artístico y te gustan los Monty Python, píllatelo, y ya puestos haz como yo y mírate su precuela Four Last Things.

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