“¿De que lóbregos avernos de terror propios del diabólico Aqueronte, de que insondables abismos de conciencia extracósmica, de que sombría y secularmente latente estirpe infrahumana procedían aquellos…?”

Mister Lovecraft era muy recargado y barroco a la hora de describir el horror cósmico pero hay otros autores que han sido más directos cuando les ha picado el gusanillo de los Antiguos y otros horrores del Abismo. Valga de ejemplo Pedro Moscatel, autor español del que acaba de aparecer “Te prohíbo volver a dormir” (2018),  pequeño libro de bolsillo publicado por la editorial Cazador de Ratas.

Pedro Moscatel es un escritor español que lleva muchos años dedicado a la escritura del género de terror. Publicó su primera novela poco antes de cumplir los 20 años, “El rebaño del Lobo” (2011, Setelee). Esta novela es todo un hito en su camino como escritor ya que no es solo su primer gran trabajo publicado sino que también  ha dado nombre a su blog en la red. En ese rebaño digital aparecen todos sus trabajos ya aparecidos entre los cuales hay tanto libros propios (como “Ciencia y Revolución” (2014, Libralia) y “Quién tiene miedo a morir” (2016, Saco de huesos)) como numerosos relatos creados para libros de colaboración como el escrito para Calabazas en el Trastero, “Aparecidos”, de atmósfera enrarecida y agobiante donde las haya.

Su nueva novela recuerda, por su longitud, a las “novellas” inglesas, esas que tienen menos de cuarenta mil palabras… y ahí acaba el parentesco británico porque puede que en el relato aparezcan psicópatas asesinos, eugenesia (eso de la mejora de la raza versus fascismos varios), ciudades malditas, científicos locos, líderes de sectas, herederos de los nazis, demonios interdimensionales y mucho más pero, desde luego, británicos no. Aunque seguro que si los hubiese metido también hubieran maridado bien en este cóctel gamberro e imposible pero muy bien resuelto.

Al parecer la novela es la enésima revisión de una obra creada de forma acelerada para un certamen que el autor no ganó. Moscatel confiesa en su blog que escribir el libro le ha servido para descubrir muchas cosas sobre el oficio de escritor… y también que se siente bastante orgulloso del resultado

El principio del relato nos presenta al protagonista, el asesino Carlos, hablando con su hermano muerto. Conduce su furgoneta huyendo de su última fechoría y, de forma inesperada, va a encontrarse en las calles de Torrenova, una ciudad que encierra muchos y aterradores secretos, creada de la nada por un multimillonario de origen alemán muy, pero que muy sospechoso. Nada más entrar en la población Carlos va a sufrir un accidente. A partir de ese instante todo se irá desarrollando como en una pesadilla alucinada y enloquecida. En las vacías calles de la ciudad campan horrores creados por la mano del hombre pero hay horrores más terribles que acechan en oscuridades mucho más profundas.

“Te prohíbo volver a dormir” es un cruce de muchas cosas y con muchas influencias. Las literarias son evidentes y las cinematográficas también, con ese aire de terror de serie B. Personalmente la película que me ha saltado a las retinas en cuanto he leído el relato es “En la boca del miedo” (en realidad, “En la boca de la locura”), la genial película de John Carpenter de 1994. Allí el irlandés Sam Neill (si, el de “Parque Jurásico”), en uno de sus mejores papeles, parte a la búsqueda de un escritor de terror. Sin saber muy bien como, él y su compañera se encontrarán en la ciudad que aparece en los relatos del escritor, una ciudad maldita en la que las visiones de horror cósmico de Lovecraft se pasean con toda tranquilidad. El personaje de Neill, John Trent, tiene un punto de ironía y de humor negro que también me recuerda el Carlos de Moscatel. El retorno de Neill a la realidad supone la desaparición de la humanidad y el hundimiento del mundo en la maldad y la locura pero, bueno, esa es otra historia. El caso es que el cruce entre el autor de Providence y Stephen King que se encuentra en la historia del norteamericano es también el que se puede apreciar en Moscatel así como ese uso de los tópicos del género: ese carro de engendros horrendos, los tipos enloquecidos, las sectas, etc. Los bichos horrorosos de Moscatel tienen dos versiones, la chorreante y gelatinosa y la que tiene dientes y bocas succionadoras. No es por casualidad que en la portada y en la última página del libro del español aparezca esa boca de lamprea gigante que produce pesadillas solo con verla.

En fin, “Te prohíbo volver a dormir” es una novela corta con una trama dentro de otra trama, donde continuamente suceden cosas, cuya primera parte es ágil hasta el desconcierto y los ecos de Lovecraft y King son tan claros y diáfanos que en ningún momento se puede hablar de copia sino de un aprendizaje bien adquirido y bien digerido. El horror presente en el relato es tanto físico como psíquico y cada uno de ellos define a las dos grandes tramas que se cruzan de forma continua en el relato. El lenguaje es sencillo, directo, a veces hasta agresivo, pero casi siempre está muy bien dosificado y es eficaz, conduciendo al lector a los parajes horrendos en los que Moscatel se desenvuelve con soltura. El hilo argumental está perfectamente ejecutado y los misterios y sorpresas van dando forma al relato de forma precisa y ajustada. Lástima las explicaciones…

Porque, hay que reconocerlo, Moscatel falla a la hora de querer desentrañar para el lector los motivos y hechos que subyacen bajo el hilo de la ciudad y sus habitantes. Cuando llega el momento de desentrañar las grandes preguntas del desenlace, parece que al escritor le faltan páginas para dar coherencia al asunto y en la segunda mitad de la novela se lía a dar explicaciones atropelladas, sacándose de la manga conejos sin cuento (¿¿¿la CIA??? ¿De verdad?). Aún así, todavía es capaz de proporcionarnos una escena final increíble que deja los pelos de punta. En resumen, una buena novela de terror, rápida y fácil de leer aunque con ciertos detalles por pulir.

 

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Recuerdo que escribí mi primera poesía recién operada de apendicitis. Desde entonces odio los hospitales y adoro la escritura. Hasta hoy han pasado dos carreras (historia del arte y náutica, ahí es nada), estudios varios, música coral, trabajos mileuristas, cuentos publicados y postales acumuladas (si, eso colecciono) y he regresado hace poco a esta página donde comencé a escribir críticas literarias. Cosas malas, buenas y superiores. La vida misma.

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