Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos

Buscar las diferencias entre ‘Viuda negra’ y ‘Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos’ (Marvel, 2021) puede ser más entretenido que ver la película porque, en esencia, ambas son lo mismo: un drama familiar absurdamente desarrollado sirve como excusa cutre para introducir cameos sin contexto que deberían darle sentido más adelante (veremos) a las futuras películas por venir. Lo malo es que, por tres o cuatro minutos que duran estos cameos en total, tenemos que tragarnos más de dos horas de una aburridísima estupidez.

Es aburrida por dos motivos. Uno: más de la mitad de la película la hemos visto ya, con distintos personajes, en ‘Viuda negra’ (Marvel, 2021) y entregas anteriores.

Un padre con ‘poderes’ llevado por su ego se distancia de su familia hasta el punto en que su prole también acaba alejándose de él, emocional y físicamente. Durante años, padre y prole siguen caminos separados hasta que, por un motivo ‘X+1’, ambos se reencuentran y, a partir de aquí, el drama familiar se desarrolla sin sentido hasta que, en otro momento ‘X+n’, todos se reencuentran en un instante (supuestamente) crucial para el desarrollo futuro de esta fase del Universo Marvel.

El guion de ‘Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos’ está repleto de hechos sin explicación, justificación o sentido alguno

Como vemos, la trama es una copia descarada que, con su debida separación temporal, aún podría colar. Pero la voracidad Disney por hacer dinero semeja tan grande que le da ya igual las semanas que pasen entre películas o que tengamos la sensación de haber visto esto ya demasiadas veces (Gamora o Star-Lord provienen también de tramas similares). Y, a base de abusar, ha llegado ya el momento en que, por cansancio y hartazgo supino, este autoplagio evidente y vergonzante ha dejado de funcionar.

El segundo motivo es que la película está fatalmente escrita y rodada.

Por un lado, los efectos especiales parecen ser cada vez más cutres. Más que nunca los cromas son evidentes, los efectos digitales se perciben con claridad y el abuso de los primeros planos para evitar que todo esto se note, aumentan el desconcierto y el sinsentido de unas escenas a las que se les roba contexto y acción (o sea, que aburren). Además de fallos escénicos que, seguramente, la persona espectadora que vaya a ver la peli acabe notando perfectamente (uno de ellos es el que yo llamo ‘Efecto Alerta máxima’: pocos personajes iniciales en un escenario cerrado que, misteriosamente, van creciendo en número con el paso de los minutos).

Personajes muy desaprovechados y planos

Por otro lado, el guion está repleto de hechos sin explicación, justificación o sentido alguno. Nuevamente, vuelven a ser las relaciones paternofiliales las peor paradas: con traumas psicológicos profundísimos y dolorosísimos que se resuelven en un suspiro; personajes planos como la superficie de un plato; comportamientos y acciones que contravienen el sentido común… Los despropósitos son también aquí numerosos, sonrojantes e indignantes.

Tanto es así que un actor tan solvente y un personaje tan aparentemente interesante como el del padre de Shang-Chi, interpretado por el siempre maravilloso Tony Leung, es aberrantemente desaprovechado; de hecho, el potencial narrativo de su extraordinaria longevidad (lleva vividos ya más de mil años) se ventila de un plumazo. Tampoco se da contexto dentro de la película a los anillos, a su poder y a la naturaleza de éste; aparecen de la nada. Y así podríamos seguir largo y tendido.

El no estrenar la película simultáneamente en Disney + hará que la recaudación de taquilla suba el primer fin de semana, pero dudamos mucho de que la película pueda mantener el resuello siquiera en las semanas siguientes. El motivo es que, en esencia, este es un filme vacío y totalmente carente de interés. Intranscendente para esta fase del Universo Marvel pues, nuevamente, son los cameos de los personajes ya conocidos lo más interesante y divertido.

Hasta tal punto es así que, si no viésemos ‘Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos’, tampoco nos perderíamos nada. Algo que es, en sí mismo, un drama de proporciones colosales y motivo más que suficiente para ahorrarse los eurazos de la entrada.

Nota: 4/10

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Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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