Ilustración de portada de
Ilustración de portada de "La chica de las mariposas" de Javier Martínez diseñada por Marina Speer. | Fuente: Roomie Ediciones.

La chica de las mariposas es una historia íntima, dolorosa y necesaria escrita de la mano de Javier Martínez y publicada por Roomie Ediciones.

Vic, quien ha perdido el rumbo de su brújula interna y no sabe cómo leer su mapa emocional, acaba en Madrid a la expectativa de que la gran ciudad le dé las respuestas que está buscando. Sin embargo, no encuentra ninguna, más bien se enfrenta a un sinfín de preguntas y la gran mayoría rodean a la desconocida y enigmática Ara.

Antes de entrar en materia, hay un aspecto muy importante a comentar. Al igual que con mucha inteligencia emocional advierte la editorial, la novela toca cuestiones muy sensibles a las que el lector tiene que estar preparado antes de lanzarse a leerla. Mucho cuidado con esto.

El pilar fundamental de la novela está en construir una historia delicada en base a unos personajes llenos de grises. La chica de las mariposas no va de héroes y villanos, de buenos y malos. Trata sobre la frustración, la superación, la pérdida, el dolor, el futuro, el presente y el pasado. Al llegar al final, la única conclusión a la que se puede llegar es que has conocido una fracción de sus vidas, que has tenido la posibilidad de tocar algunos instantes de sus memorias con el paso de las páginas. No importa si te han caído bien o mal, si justificas sus actos o no. Lo importante está en comprender sus vidas y tratar de empatizar con vivencias muy crudas, rotas y desoladoras.

Bajo la particularidad de tomar retazos de la narrativa epistolar, Martínez acrecenta la sensación de que, más que encontrarte en una novela, el propio Vic te está contando la historia palabra por palabra. Martínez cuenta con un estilo muy cuidado, podría definirse como poético y con notas agridulces de drama. Tiene un ritmo muy desigual. Existen momentos muy dulces, no siempre alegres, pero mantienen una inocencia muy particular. En medio de esa nube, Martínez es capaz de cambiar fácilmente el ritmo y que todo caiga en un pozo muy profundo. De esta forma, la historia se convierte en una búsqueda constante de la luz en medio de la oscuridad.

Las palabras de Vic son como un caleidoscopio de algo que se cae a pedazos. Obtenemos retazos y los momentos felices están llenos de luz, de colores, de magia; pero aquellos envueltos en sombras nos ofrecen confusión y dolor.

Por último, la edición en papel cuenta con una maquetación preciosa, con una portada diseñada por Marina Speer, y una división interna de los capítulos que es una gozada narrativa y visualmente. Además cuenta con una playlist en Spotify para potenciar el efecto que la música tiene en la historia, teniendo un papel destacado.

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