Un pequeño gran libro, ilustrado por Miriam Sugranyes, para insuflar nueva vida a uno de los artículos más famosos de José Luis Sampedro en defensa de la economía humanista.

Los libros, en su inmensa mayoría, pueden ser clasificados en géneros literarios o adscritos a modas y corrientes editoriales. Pero también existe otro tipo de libro, rara avis que vuela en solitario y resiste los intentos de ser encasillado.

La editorial Debate acostumbra últimamente a publicar algunas de esas obras, que llaman la atención de cualquier lector curioso. Lo hizo, por ejemplo, con su reciente «La enciclopedia», y vuelve a hacerlo ahora con este «El reloj, el gato y Madagascar», para regocijo de quienes disfrutan siendo sorprendidos con propuestas originales llevadas a buen término.

El título, metafórico y deliberadamente intrigante (con resonancias a cuento infantil, libro de autoayuda o novela detectivesca) hace referencia a la tesis central del artículo: la economía es una ciencia social y -dado que una máquina difiere radicalmente de un animal, y ambos de una sociedad- como tal hay que estudiarla.

Por eso critica el error de muchos economistas que, ufanos de su preparación técnica, se entrenan en relojería para actuar sobre la sociedad en Madagascar. Dicho con otras palabras: estudian la realidad social y actúan sobre ella con instrumentos conceptuales que solo son válidos para analizar sistemas mecánicos y, solo en cierta medida, biológicos. Ignorando delberadamente que los métodos de estudio deben adaptarse a la naturaleza del objeto estudiado.

Una razonada defensa de la economía como ciencia social, que mantiene su vigencia treinta y cinco años después de haber sido escrita.

Lo que provoca el distanciamiento entre el modelo teórico convencional y los problemas reales es que emplea verdades solo parciales: la complejidad del conjunto de relaciones humanas en Madagascar simplificada y reducida a la de un reloj o, como mucho, un gato.

Si siempre es aconsejable leer el prólogo de un libro, en este caso resulta imprescindible. Claro, conciso y titulado “Galbraith, Friedman y Sampedro“, en él su autor, Enrique Jorge Sotelo, pone en antecedentes al lector acerca del contexto político, la situación económica y el debate académico que se daban en 1983.

Fue ese el año en el que el profesor José Luis Sampedro publicó «El reloj, el gato y Madagascar» en el primer número de la Revista de Estudios Andaluces. Lo hizo como una llamada de atención y una razonada defensa de la economía como ciencia social, contra el dogmatismo econométrico que se estaba imponiendo en el marco de la entonces incipiente globalización.

Aunque hayan pasado ya treinta y cinco años desde entonces, las palabras de Sampedro siguen vigentes. Esta obra las acerca al lector actual, que no necesita tener amplios conocimientos de economía para leerlo (se incluye un útil glosario al final)

Las ilustraciones brillan con creatividad y sensibilidad, conformando verdaderos poemas visuales inspirados por las palabras de Sampedro: arte capaz de condensar ideas complejas en sencillos trazos y manchas de color.

Se trata de un libro ilustrado, y las ilustraciones brillan en él -y decir eso no es poco- tanto como las palabras. Con gran creatividad, sencillez y sensibilidad conforman verdaderos poemas visuales inspirados por las palabras de Sampedro. Y, con notable inteligencia y capacidad de síntesis, Miriam Sugranyes emplea el arte como herramienta para condensar ideas complejas en sencillos trazos y manchas de color.

Quienes disfrutan del libro también en lo físico, papel y tinta, no se sentirán defraudados por esta edición de Debate. Pequeño en formato, pero grande en calidad y sensibilidad, este librito es el soporte ideal para el texto breve de Sampedro y la sencillez aparente de las ilustraciones de Sugranyes. En tapa dura y papel de mucho gramaje, cautiva de una manera austera, sin necesidad de recurrir a sobrecubiertas brillantes o tipografías llamativas.

 

José Luis Sampedro (1917-2013) nació en Barcelona. Pasó su infancia en Tánger y su adolescencia en Aranjuez, ciudades de gran influencia en su obra. Vivió, también, en Cihuela (Soria), Melilla, Santander, Madrid, Tenerife y Mijas. Fue catedrático de Estructura Económica, escritor, miembro de la Real Academia Española y Premio Nacional de las Letras, además de uno de los autores e intelectuales más queridos y respetados de este país por su actitud ética, su obra, su compromiso con la vida, con la sociedad en la que le tocó vivir y por su posición a favor de un mundo más igualitario.

Estos valores se reflejan tanto en sus ensayos de economía, «Conciencia del subdesarrollo», «Las fuerzas económicas de nuestro tiempo» o «Economía humanista», como en sus novelas, de las que cabe destacar «La sonrisa etrusca», «La vieja sirena», «Octubre, Octubre», «Real Sitio», «El amante lesbiano», «La senda del drago» y la novela de ideas «Cuarteto para un solista», escrito con Olga Lucas. También se demuestran en los ensayos divulgativos: «El mercado y la globalización» y «Los mongoles en Bagdad», o en sus obras a dos voces: «Escribir es vivir», con Olga Lucas, «La ciencia y la vida», con Valentí Fuster, «Sobre política, mercado y convivencia», con Carlos Taibo, así como en el prólogo a «¡Indignaos!» de Stéphane Hessel, en la fábula «La Balada del Agua» y en su obra póstuma «Sala de espera».

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