Aunque ha entrado sin hacer mucho ruido, Railway Empire era un título muy esperado por los fans de los simuladores de gestión, ávidos de poder pasarse horas y horas dentro de las opciones disponibles que cualquiera de estos títulos nos ofrece, a cambio de tener un poco de paciencia y saber disfrutar de títulos que recompensan más en el largo plazo que en lo inmediato, como ocurre en la mayoría de los videojuegos actuales. Gaming Minds ha tenido en cuenta, además, que hay una serie de usuarios potenciales que a lo mejor no tiene demasiada experiencia en el género pero a los que, sin embargo, les encantan los trenes. Es por ello que una de sus características principales ha sido la de intentar ser lo más accesible posible sin perder la profundidad característica que podemos y debemos esperar de él.

Al contrario que en otras propuestas con un contexto más actual, Railway Empire nos lleva a la Norteamérica del siglo XIX, donde el ferrocarril empezaba a ser valorado por los magnates como una forma ideal de transportar mercancías entre diversas ciudades y puntos de la geografía, a la vez que se podía ganar dinero transportando, también, pasajeros. Hay que recordar que éste fue, efectivamente, un punto de inflexión dentro de la historia de Estados Unidos y más concretamente, de su economía, como acabó ocurriendo en muchos otros puntos del planeta en uno u otro momento de la historia relativamente reciente.

El contexto es, por lo tanto, importante dentro de la propuesta que tenemos delante, no tanto desde el punto de la jugabilidad sino desde la evolución de una tecnología aún en pañales y que, según van pasando los años, mejora de forma visible. Esto tiene su reflejo en el juego, por supuesto: De las cuarenta locomotoras disponibles, sólo podremos acceder a la más básica en un principio, pero no por falta de dinero o de prestigio, sino de tecnología. Por tanto, uno de los objetivos principales a acometer será la de desarrollar esa tecnología mientras, por otro lado, nos centramos en crear redes de vías y vagones que unan los diferentes puntos de interés de nuestro mapa.

La tarea es bastante sencilla, en realidad. Esos “puntos de interés” están claramente marcados en el mapa y un simple vistazo a sus estadísticas nos dan a entender qué puede ofrecer y qué necesita cada uno de ellos. Poblaciones, granjas y negocios varios necesitan de sus vecinos para poder prosperar y qué mejor forma que unirlos mediante un tren.

Obviamente, no va a ser tan fácil como colocar un par de estaciones, poner vías que las unan y luego una locomotora que las recorra. A lo largo de la campaña y luego por libre veremos que la complicación se encuentra en cuanto unimos varias vías en torno a las mismas ciudades. Ahí es cuando tenemos que parar un poco y maniobrar correctamente para que la circulación no acabe siendo un caos y podamos aprovechar todos los recursos disponibles sin que se formen embudos o problemas más serios. Por supuesto, también es ahí donde está la gracia de jugar a Railway Empire. Tenemos disponibles semáforos, sistemas de aprovisionamiento y diversas construcciones que nos permiten gestionar estos problemas correctamente.

Sin embargo, ya desde el principio vislumbramos ciertos problemas, como en los escuetos tutoriales que tiran un poco por tierra los intentos de la desarrolladora en acercar el género a noveles en la materia. No son suficientemente profundos y tienden a ser caóticos y poco explicativos, más parecidos a ser un cúmulo de órdenes sin mucha coherencia entre sí que al tutorial que merece.

Esto de por sí no sería demasiado grave si la interfaz fuese clara, pero tampoco es el caso. Es más complicado de lo debido moverse por unos menús no muy bien diseñados y algo confusos. Más aún si lo hacemos con el mando de la PS4. Para rematar la faena, algunos textos no están muy bien traducidos y nos pueden jugar malas pasadas en las misiones. Todo ello, en conjunto, supone un lastre importante durante las primeras horas de juego que pueden echar atrás precisamente a los menos experimentados.

Para quien supere estas barreras, sin embargo, nos encontramos ante un simulador con bastantes opciones y completo, dentro de las limitaciones evidentes de gestionar un único medio de transporte dentro de un contexto concreto. La creación de vías es semiautomática: sólo tenemos que seleccionar los puntos por donde queremos que pase y el programa se encarga de calcular una ruta por el territorio. Sin embargo, esta ruta no suele ser la más favorable y nos obligará a utilizar muchos puntos de control para modificar la trayectoria. Este paso es vital, ya que el coste no solo depende de la distancia, sino sobre todo, de los obstáculos que haya en el camino o de las pendientes del terreno. La diferencia es muy considerable, tanto que podemos gastar todas nuestras reservas por una mala decisión. Además, nos obliga a planificar movimientos futuros para evitar cruces o un excesivo número de trenes pasando por la misma estación. No es este un tema baladí, en partidas más largas es determinante empezar a construir de forma racional para poder seguir compitiendo cuando las cosas se compliquen.

Sin embargo, uno de los momentos más frustrantes de Railway Empire ocurre cuando debemos competir contra la IA. Cada uno tiene su red de trenes propia y hay que competir por los recursos y comprar acciones de las empresas de nuestros rivales hasta acabar la partida. Hasta aquí todo bien. El problema es que las limitaciones que nosotros tenemos para la construcción de nuestra red, ellos se las saltan a la torera, poniéndoles en ventaja en gran cantidad de situaciones. Estas ventajas iniciales puede hacer que la partida se decante para ellos de forma muy rápida y sin que nos de tiempo a adaptarnos.

Porque ésa es otra de las características del juego: es muy rápido, no hay apenas tiempos muertos ni apenas descanso entre una acción y otra. Cuanto más rápido vayas, más posibilidades de hacerlo bien, lo cual contrasta con la reflexión intrínseca a los juegos de gestión. Este no es una excepción: como ya contábamos, empezar a crear vías sin planificar por dónde podrían ir unas hipotéticas líneas futuras nos condena al desastre. Es por esto que recomendamos darse una vuelta por los menús de opciones, donde podremos cambiar las pausas del juego para, por ejemplo, detener el tiempo mientras construimos o en momentos determinados. Gracias a ello podemos respirar un poco más y empezar a comprender la profundidad del juego: Trescientas investigaciones nos esperan, compras de acciones e informes financieros sobre nuestros rivales, cuarenta locomotoras desbloqueables y treinta vagones, contrataciones de personal y mantenimiento de vías, entre otros.

La campaña principal del juego es bastante larga, con misiones que individualmente pueden durar en torno a una hora de juego, aunque depende de nuestro estilo y de si queremos conseguir también las misiones secundarias. Ya solo con este modo podemos estar mucho tiempo delante de la pantalla, pero queda aún el modo Libre, que como imaginaréis no depende de unos objetivos específicos y que es donde realmente meteremos toda la carne en el asador. Además, tenemos el modo Experimentar, un curioso sistema que utiliza nuestra red para ver en primera persona el recorrido de los trenes por los diferentes paisajes de los escenarios. Un modo que sirve para recompensarnos por nuestro trabajo y que, si bien no es tan completo ni tan espectacular como nos gustaría, justifica sus agradables gráficos y se suelta en este sentido, algo que no muchos simuladores de gestión hacen.

Hablando de cuestiones técnicas, Railway Empire, sin destacar en este sentido, sí que ofrece una experiencia visualmente agradable, sin grandes aspavientos ni nada que condicione el sistema de juego, pero permitiéndonos ver lo que ocurre en pantalla con claridad, ya sea con esquemas cuando vemos grandes porciones del escenario o con sencillos y coloridos gráficos 3D cuando nos acercamos. Hasta las ciudades tienen su ambiente. Los menús ya son más austeros y más centrados en la funcionalidad, aunque requerirían de opciones básicas que no están aún implementadas como un comparador de locomotoras o más claridad a la hora de ver los datos de las ciudades, por ejemplo. A veces es un batiburrillo de números e iconos que no están organizados de forma clara.

El doblaje al castellano es de gran calidad, lo cual agradecemos, aunque la traducción escrita presenta algunos fallos en las palabras más específicas del mundo del ferrocarril, lo que nos puede dar algunos problemas al entender las misiones en puntos concretos. Nada grave, no empaña una experiencia de juego agradable en términos generales que hubiera requerido de un poco más de cuidado en la primera fase de aprendizaje de un sistema de gestión que satisfará a veteranos y noveles por igual. No es perfecto, pero merece la pena echarle un vistazo.

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