Proyecto Hail Mary, de Andy Weir, refrenda a su autor como maestro de la CiFi

Una fantástica novela inmersiva que satisfará a los aficionados de la ciencia ficción de viajes espaciales y retos imposibles.

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Nova ha publicado Proyecto Hail Mary, tercer título del autor superventas Andy Weir que dejará buen sabor de boca en el lector habitual de ciencia ficción. La traducción ha corrido a cargo de Javier Guerrero y las galeradas han sido revisadas por Antonio Torrubia.

El autor consigue unir de manera idealista a la humanidad para encontrar una solución al problema que está afectando al sol. No contento con esto, imagina una colaboración entre especies distintas del universo. Todo esto lo consigue en un relato bien elaborado, no solo por su narrativa fluida, sino por la construcción sólida de los personajes, la recreación de los escenarios, la base científica de los acontecimientos y el hilvanado de la historia mediante la técnica de flashbacks. Una formidable aventura de un hombre enfrentado a la tremenda soledad del espacio y que hará las delicias de los amantes de la Hard Fiction.

El californiano vuelve a sorprendernos

Andy Weir trabajó más de veinte años como ingeniero informático hasta el éxito de El marciano. Además de poder dedicarse a escribir a tiempo completo, ha cultivado su afición por la física relativista, la mecánica orbital y la historia de los vuelos espaciales tripulados. Los derechos cinematográficos de Proyecto Hail Mary se adquirieron de inmediato. Está previsto su estreno para 2023 y sería protagonizada por Ryan Gosling, quien repetiría en un papel de astronauta en apuros.

 

 

Sin duda, mi mejor lectura de este verano y una de las que elegiré como seccionada cuando concluya el año

Permitidme que comparta una de las escenas que permanecerán en mi recuerdo tras visitar Fuerteventura este verano. El sol caía en el horizonte camino de su moribundo atardecer, el cielo no estaba grisáceamente nublado, ni era de un radiante colorado que tiñera un cielo azul; sino que era de un blanco perfecto producto de la calima procedente de África. Nos encontrábamos solos en una larga carretera rodeados de un paisaje de volcanes muertos y campos de lava resecos. Era inevitable ser trasladado a un paisaje marciano o, por qué no, a otro sistema solar. Seguro que habéis soñado cómo debe ser el descenso a Venus o a un lejano planeta que podría llamarse Adrian. Pues el billete a un viaje similar lo tendréis en la mano si cogéis Proyecto Hail Mary. El escritor que hoy nos ocupa ya nos ha transportado a Marte y a la Luna, pero en esta ocasión nos lleva más lejos, pero que mucho más lejos, más allá de nuestro sistema solar.

Empieza el viaje

El planeta de los simios (1968)

Se levanta el telón y encontramos un hombre en una nave espacial que no sabe quién es, dónde se encuentra y qué hace ahí. Sin embargo, un robot no para de preguntarle por su nombre. Obviamente, cuando el protagonista va recuperando la consciencia hace un ejercicio mental ímprobo por intentar saber dónde se encuentra y dar respuesta a todas estas preguntas. El espectador, en este caso el lector, asiste a todo este monólogo y situación tan misteriosa. La narración avanzará e iremos sabiendo más cosas, entre ellas que se que se encuentra acompañado de dos cadáveres, Yáo Li-Jie y Olesia Iliujina, los que eran sus compañeros al inicio del viaje. No he podido evitar recordar la escena de Charlton Heston al principio de El planeta de los simios (1968). Sus compañeros muertos estaban envejecidos, efecto de un viaje relativista en estado de hibernación. En Proyecto Hail Mary será un coma inducido que no puede soportar cualquier ser humano.

Mediante la técnica de flashbacks, acertadamente intercalados durante todo el libro, iremos descubriendo mucho de nuestro protagonista, Grace, un científico que acabó ejerciendo como un profesor de secundaria y que está especializado en formas de vida que no necesitan agua. Es aquí cuando entran en juego los astrófobos, unos pequeños seres vivos que rompen todas las leyes conocidas hasta ahora.

El sol está enfermo y una misteriosa línea Petrova es la única pista. Una mujer excepcional, Stratt, será la encargada de liderar a las mentes más brillantes de todas las potencias del mundo. Ellos han de intentar encontrar una solución contra lo que podría ser una situación catastrófica que acabaría con la raza humana.

Una novela inmersiva excepcional y un singular compañero de viaje

Tras asistir a las refriegas entre chinos, rusos y demás potencias, viajar en un portaaviones, ser conejillo de indias el propio protagonista e intentar entender qué son los astrófagos, la atención del lector se centrará en la aventura que vivirá Grace. Estos capítulos hasta el final de la novela serán el alma de Proyecto Hail Mary que os enganchará irremediablemente.

El grueso de los capítulos centrales se centran en torno a la relación que entablan el protagonista con su nuevo amigo, Rocky. Apoyado en una base científica, conoceremos todo, absolutamente todo de Rocky. Qué es, qué come, de dónde viene, cómo duerme, cómo se comunica,… un diario detallado que construye con fortaleza no solo su descripción, sino que añadirá aspectos fundamentales a la relación entre los dos personajes. Salvando las distancias, como es lógico, he recordado a ET y Elliot. Acaban siendo uno y nosotros con ellos. Rocky está llamado a figurar entre los personajes del Olimpo CiFi.

Conclusiones

Trama milimétricamente diseñada como los planos de una nave espacial. Sabe captar al lector, primero con misterio y una puesta en escena parca, para después destapar la titánica misión objeto del libro. A partir de ahí, el viaje crece de manera exponencial gracias a los retos y dificultades que salpican las páginas. Un hombre corriente frente al poder del universo. Pero, efectivamente, no estará solo.

La relación Grace-Rocky es soberbia. Crece y se desarrolla de manera minuciosa. Aprenden a conocerse y juntos llevarán a cabo lo inimaginable. Así, alcanzaremos las más de 500 páginas sin darnos cuenta y sonreiremos con el último párrafo.

Texto si no exigente, si más pensado para aficionados a la ciencia ficción con toques científicos y de viajes espaciales reales. La base científica a veces puede agotar, pero es necesaria e imprime personalidad al libro. De hecho, no cabe lugar para la fantasía (con permiso de algún giro muy forzado), sino para los experimentos de laboratorio. Una novela sobresaliente que consigue hacernos creer que incluso en los peores momentos siempre hay lugar para la esperanza.

Antes de marcharme…

… permitidme que os recuerde que podéis leer un fragmento del libro aquí o bien escuchar una muestra del audiolibro aquí.

Tras la lectura de Proyecto Hail Mary me es imposible no recomendaros 82 Eridano, de Luis Ruiz de Gopegui (Madrid, 1929-2019). Ciencia Ficción de la buena, como la que hoy nos ha ocupado, pero con firma española. Vaya desde aquí el homenaje a nuestro Carl Sagan patrio.

Deseo que disfrutéis de Proyecto Hail Mary tanto como yo y os espero en la emisión de La Nave de Lanark McKlaor que acompaña este artículo. Nos vemos camino de las estrellas…

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Economista con alma de escritor. Amante de los viajes, tanto de los que requieren maletas como imaginación. Siempre con ganas de aprender.

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